Autor: Dávila, Carlos. 
 Seguirá la fuga de militantes. 
 Caza de brujas en el Partido Comunista     
 
 ABC.    07/06/1981.  Página: 13. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

DOMINGO 7681

NACIONAL

ABC/13

Seguirá la fuga de militantes

Caza de brujas en el Partido Comunista

Por Corles DAVILA

Diecinueve «gentes de todas las leches» le han proporcionado un susto espeluznante al autor de tan

injusta denominación: Santiago Carrillo. Son diecinueve firmantes del documento: «Por un

eurocomunisrno renovador», que tienen sus días contados en el partido integrista e inmovilista que

controlan Carrillo y sus fieles escuderos Hornero. Sánchez Montero, López Raimundo... La guerra ha

comenzado y nadie sabe, a estas alturas, cuál será la próxima refriega, aunque sí se conoce el vencedor; el

sempiterno secretario general, resignado a no cumplir con la ilusión de su vida: escribir, y a tener, en

consecuencia, que rendir un sacrificio más: volver a ser reelegido secretario general.

Porque lo va a ser. A pesar de que Cristina Almeida, Jaime Sartorius, Luis Larroque, Carlos París y Malo

de Molina piensen, entre otros, «que sólo la renovación puede salvarnos» y que «es necesario modificar la

manera de dirigir el partido». Lo más probable es que todos estos profesionales de prestigio, asediados

ahora por la persecución de la ortodoxia, sigan la dirección de la flecha que conduce a la calle.

Pero antes ofrecerán algún escándalo más. Por lo pronto, no va a resultar nada fácil al «aparato»

comunista el laminar a los nuevos disidentes. Solo hace unos días, los enviados especiales de Carrillo en

el Comité de Madrid no pudieron hacer prosperar una moción contra los rebeldes, a pesar de las

maniobras que intentaron con peor suerte de la prevista. Una de ellas consistía, ni más ni menos, que en

difundir una especie de seguros —ellos creían— resultados: el documento crítico, era el inicio de una

campaña de recogida de firmas contra los históricos; «quieren —decían— destruir a nuestros viejos

camaradas».

«ALGUNOS SE TENDRÁN QUE MARCHAR»

Como, por otra parte, el texto en cuestión era fiel reflejo de lo dicho en un editorial reciente de «Nuestra

Bandera», la dirección del partido llamó a rebato. Los fieles no pestañearon y empezaron la campaña de

acoso y derribo de los elitistas profesionales «que nunca aparecen por el partido» y «quieren decirnos

cómo tenemos que actúan». Ya digo que el combate es desigual y perderán los rebeldes, alguno de los

cuales, como Martín Palacín (el ingenioso hidalgo que ha inventado la nefasta ORA madrileña), tendrá

que abandonar el Ayuntamiento, como lo hizo Tamames y como tendrá que hacerlo Cristina Almeida,

que ha dicho: «Vamos a por todas». Pero no hay demasiadas canas que jugar. El partido ya ha hecho

saber sus condiciones en forma de unas tesis que se oponen frontalmente a los grandes argumentos

esgrimidos por los disidentes. En un cuadernillo gráficamente horrendo, editado por el PCE, se recogen el

proyecto de tesis y Estatutos que serán discutidos en el Congreso de julio. Por sólo fijarme en dos puntos

de evidente confrontación, señalaré que los oficialistas no plantean ni una sola crítica a la dirección

saliente (la misma presumiblemente que la entrante), y en un lenguaje de congregación mariana

preconciliar convienen en afirmar «que toda renovación debe hacerse en función de una política,

promoviendo a los cuadros más identificados con ella en función de su capacidad y experiencia... y

huyendo de la improvisación». En definitiva, son los lacayos de Carrillo quienes escriben las tesis y

quienes, naturalmente, aseguran el cumplimiento de la estrategia que fijan de antemano. En estas

condiciones, poco les resta por hacer a los opositores. Si acaso, irse, porque como dice Santiago Carrillo,

«algunos se tendrán que marchar...»

FRACASO DE LA DlRECCION

La clave del movimiento disidente para desbancar a la dirección eterna es su crítica al no reconocimiento

de las corrientes de opinión dentro del partido. La coartada, bien construida y con clara tradición de ardid

posibilista, coincide con la que los críticos centristas utilizaron antes de Palma de Mallorca para conseguir

su verdadero objetivo: destronar a Adolfo Suárez. Sin embargo, Carrillo es más fuerte en su partido y está

moviendo sutilmente tos hilos, sogas poderosas, que le mantienen asido al poder. Su contraataque es un

modelo de inteligencia política: la exacerbación de la lucha personal no sólo está en la boca de las bases

del partido, sino que es culpable de la propia ineficacia que ha sido patente en estos años en una dirección

equivocada; se trata, pues, de volver la oración por pasiva. Carrillo, además, piensa que los hombres más

discutidos, entre ellos el militar soviético Romero Marín, no pueden ser sustituidos: si valieron para la

dictadura, valen para la democracia. Esta es su decisión inapelable.

El secretario general del partido es un claro propagandista de la fe, que no tiene la menor intención de

variar sus planes. El es el inventor del eurocomunisrno —esto nadie puede sensatamente discutírselo—, y

por ello no acepta clases de pedagogía ideológica; las clases que flotan en todas las unes del documento

de los resistentes eurocomunistas, que no sólo critican el actual modelo, sino que se atreven —ya esto no

van a perdonárselo— a afirmar sin ambages «el fracaso histórico de la dirección». No son los firmantes

del documento, unos enamorados del testimonialismo. a pesar de que dentro del partido sean acusados ya

de teóricos irrealistas; son más bien intelectuales con ínfulas doctrinarias que tampoco a la hora de juzgar

la conveniencia de un proyecto común de unidad izquierdista están de acuerdo con la política oficial.

Carrillo, ya se sabe, ha lanzado a los «hermanos separados» del socialismo un tejo de solidaridad que ha

producido en el otro bando, recelos sin tasa. Los eurocomunisías del texto en cuestión critican al PSOE —

en momentos en que el PCE no quiere hacerlo— su escasa tendencia a las movilizaciones, tendencia que,

según ellos, es inherente a cualquier organización comunista. En este punto, la moderación es.

paradójicamente, atributo del «aparato», una gerontocracia caduca que ha sustituido su compromiso con

las movilizaciones sociales por un radicalismo verbal que. por decir verdad, ha supuesto un factor de

estabilización en el proceso democrático español.

CAZA DE BRUJAS En el PCE hay caza de brujas. Las menos ocultas están siendo desmontadas,

poco a poco, de sus puestos de mando. ¿Cómo puede consentirse la institucionalización de corrientes de

opinión de un partido dominado aún por la vieja falacia del centralismo democrático? No se van a tolerar,

y en paz. Como tampoco se permitirán las capillas de intelectuales, profesionales y artistas apartadas de la

vida orgánica (y por ello controlada) del partido. La dirección que triunfe en el X Congreso suavizará, eso

sí, su campana errática contra la territorialización, un concepto confuso bajo el cual se escondía hace años

la oposición de las clasos de élite del partido a encuadrarse en células dominadas por ei aburrimiento y la

falla de iniciativas. Esta fue la causa de la fuga de Mohedano, de Triana, de Tamames y lo será, muy

probablemente, de los diecinueve disidentes que han denunciado la transformación del proyecto

eurocomunista que un día patrocinó Santiago Carrillo en otro «euroestalinista», que es en suma, el que

parece definir mejor la política de anquilosamiento senil que pratica el comunismo oficial de España.

 

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