Autor: Prades, Joaquina. 
 Los firmantes del documento Eurocomunismo y renovación píden el cambio de la dirección. 
 Carrillo, con los "duros" del PCE frente a los renovadores     
 
 El País.    03/06/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Los firmantes del documento "Eurocomunismo y renovación" piden el cambio de la dirección

Carrillo, con los "duros" del PCE frente a los "renovadores"

JOAQUINA PRADES

El secretario general del Partido Comunista de España (PCE), Santiago Carrillo, se ha colocado a la

cabeza de la línea dura de su partido, para hacer frente a la tendencia de los eurocomunistas renovadores,

colectivo que integra al 25% del Comité Central, y que se caracteriza por el desarrollo de las tesis

eurocomunistas y por la renovación del actual equipo dirigente.

Esta tendencia, de reciente aparición pública, considera que en el PCE ha llegado el momento «de elegir,

en el próximo congreso, una nueva dirección capaz de impulsar las nuevas tareas políticas, y superar el

riesgo de anquilosamiento del eurocomunismo». Así lo afirman en un documento avalado por 250 firmas

recogidas en Madrid.

El tono empleado por Carrillo para referirse a esta tendencia, «sois tan débiles», les dijo, según un

concejal comunista, en una reunión que celebró con algunos de ellos el pasado lunes, «que no me

importaría que vuestro documento se publicara en Mundo Obrero», podría dar a entender que los

eurocomunistas renovadores son una minoría sin peso en el partido. Sin embargo, pese a su escaso

número, sí ha preocupado a Carrillo la calidad política y preparación profesional de la mayoría de sus

integrantes, ya que entre ellos se cuenta prácticamente la totalidad de los diputados más jóvenes, casi

todos los concejales del Ayuntamiento de Madrid, los secretarios generales de Galicia y Euskadi y un

buen número de militantes de base, así como los intelectuales.

La mejor prueba de la preocupación de Carrillo la constituyen, además de su negativa rotunda a hacer

declaraciones sobre este colectivo a la Prensa, las numerosas e intensas reuniones convocadas en Madrid

desde que se supo de la existencia del documento, entregado por sus autores a Simón Sánchez Montero

para su publicación en Mundo Obrero, hace ahora dos semanas. De entonces acá, se han producido las

siguientes reacciones internas: una primera reunión del comité ejecutivo, en la que, por mayoría absoluta,

se acordó difundir un extraño comunicado a la Prensa alertando sobre una «actividad fraccional» en el

PCE, sin especificar a qué actividad se refería. Aquel comunicado del ejecutivo resultaba tanto más

insólito por cuanto se desmentía una información jamás aparecida en ningún medio informativo.

Tres días después, el tema fue abordado en el comité provincial. Trece de sus miembros eran firmantes

del documento y, por tanto, rechazaron la propuesta de su prohibición; otros veintidós votaron a favor de

emitir un comunicado más suave que el del ejecutivo y abogaron por su publicación en Mundo Obrero. El

documento fue, pues, remitido a la comisión que selecciona las tribunas del órgano de Prensa comunista.

Su director, José María González Jerez, y el secretario de organización, Jaime Ballesteros, se

pronunciaron en contra, mientras que Nicolás Sartorius y Manuel Azcárate eran partidarios de su

publicación.

Al producirse el empate, el secretariado del Comité Central, tras ocho horas de intenso debate, lanzó

duras acusaciones en contra de los firmantes del documento, a los que imputaron de «hacer el juego a los

golpistas» y de ser «fraccionarios» y «socialdemócratas». Tan sólo Pilar Brabo y Carlos Alonso Zaldívar,

dirigentes encuadrados entre los eurocomunistas renovadores, defendieron el documento. Fue tal el grado

de enfrentamiento, especialmente con Romero Marín, que se decidió esperar la llegada de Santiago

Carrillo de Rumania. Ya con Carrillo en Madrid, el viernes pasado volvió a repetirse la discusión, con el

importante dato de la alianza incondicional de Carrillo con los duros, y el desencanto de los renovadores.

El pasado lunes, Carrillo se reunió con un grupo de los firmantes, a quienes recriminó su actitud, les

alertó de que podrían dar juego a los prosoviéticos y les prohibió publicar nada en Mundo Obrero. Sus

interlocutores se negaron a acatar las órdenes de su secretario general y nadie retiró la firma del

documento.

 

< Volver