Autor: Zaldívar, Carlos Alonso. 
   Fidelidades     
 
 Diario 16.    19/11/1981.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Diario 16/1 7noviembre81

OPINION

CARLOS ALONSO ZALDIVAR

Ex miembro del comité central del PCE

Fidelidades

«La fidelidad a una persona es un valor humano y político. Durante siglos, y todavía hoy, estas

fidelidades han sido referencias sociales decisivas. Negar esto, guste o no guste, es desconocer la

historia», según el autor de este artículo. «No obstante —puntualiza Alonso Zaldívar—, no comprender

que la fidelidad a unas ideas representa un valor y una referencia política, social y humana superior, es

negar el futuro.»

De hecho, en muchos casos, los hombres y mujeres que han logrado concitar amplias y sólidas fidelidades

han sido los que, para mantener una idea o abrir paso a otra nueva, tuvieron que romper fidelidades

personales anteriores. Cuando esto ocurre, la opción puede ser desgarradora.

En una escala modesta, algo así es lo que está ocurriendo en el PCE. Ser fiel al eurocomunismo conduce a

chocar con uno de sus indudables creadores. Yo no negaré ni desfiguraré nunca este mérito de Santiago

Carrillo. Pero tampoco aceptaré que él desfigure otras posiciones diciendo que son «euroácratas,

europopulistas, euronuevaizquierda, pero no eurocomunistas».

El choque se produce precisamente porque Santiago Carrillo dice estas cosas y las tra´duce en hechos.

Tras el X Congreso del PCE, Santiago Carrillo consideró que las diferencias que algunos habíamos

mantenido con él en un tema —la concepción del partido— pesaban más que las coincidencias que se

habían producido en todos los demás. Santiago Carrillo consideró que la confianza que nos había

otorgado el congseso con sus votos a los discrepantes —equiparable a la que él mismo obtuvo— valia

menos que la desconfianza que él personalmente nos tenía. Y actuó en consecuencia: nos desplazó a los

discrepantes de todos los puestos que pudo. Con ello creó una contradicción entre «carrillismo y

eurocomunismo» que hubiera sido impensable hasta entonces.

En esos momentos, y a primera vista, era más fácil creer que podría sostenerse Carrillo perdiendo a

algunos eurocomunistas que pensar en el mantenimiento del eurocomunismo sin Carrillo. Hoy también

habrá quien piense así, aunque creo que serán menos. En todo caso, ya no se puede juzgar a primera vista

porque el tema está tocando fondo.

Eurocomunismo

El eurocornunismo del PCE no es una operación publicitaria de Santiago Carrillo, como dice Sergio Vilar

—ese señor que parece saber todo antes que todos, que considera que los demás no saben nada y que al

mismo tiempo es incapaz de lograr que alguien le haga caso—. Es una raíz ideológica, social y política,

que el PCE echó en la sociedad española durante las luchas de los años sesenta y setenta.

Unas luchas que fundieron socialismo y democracia en un mismo anhelo; que forjaron un partido

democrático cuando la sociedad todavía no lo era; que acercaron a este partido no a quien buscaba puesto,

sino a quien defendía ideales. Una raíz que no sólo se extendió entre medios profesionales e intelectuales,

sino también, y más, entre obreros y trabajadores. Una experiencia en la que se hicieron comunistas

muchos jóvenes y rehicieron su comunismo no menos veteranos. Una experiencia que unió a obreros con

estudiantes y profesionales. Una experiencia de la que se siente orgulloso todo el que la tiene.

La raíz

En la fidelidad a esta lucha, a esta raíz, a esta experiencia está el funda mentó profundo del

eurocomunismo del PCE. Mucho más sólido que las páginas de un libro o un cambio de definición en

los estatutos.

Por eso, cuando Santiago Carrillo habla hoy de que no es posible la integración ni la síntesis, cuando se

intenta enfrentar a obreros y profesionales, cuando el partido se siente menos democrático que la

sociedad, cuando se reemplaza con etiquetas el debate ideológico, cuando se sustituye la discusión

política abierta por la aplicación cerrada de los estatutos, esa raíz, esa generación, esa experiencia, esa

base del partido, se agita. Incluso el que había dejado la militancia la recupera. Porque ese partido era y es

militante.

Y con esto es con lo que está chocando hoy la dirección del PCE. Quizá algunos no se han dado cuenta

todavía que las actitudes que juzgan «intolerables» son expresión de esa realidad profunda del partido.

Quizá sigan pensando que el problema somos unas docenas de revoltosos. Bien, si así fuera, en dos días

tendrán el problema resuelto. Pero si no lo resuelven tan fácil, que vayan pensando otras cosas.

 

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