Autor: Silva Muñoz, Federico (JUAN DE ESPAÑA). 
   La estabilidad de la democracia     
 
 ABC.    07/03/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

SERRANO, 61 - MADRID

FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA

LA ESTABILIDAD DE LA DEMOCRACIA

EN vísperas del debate constitucional he creído necesario hacer unas sencillas y serenas

reflexiones sobre la estabilidad de la Democracia en España. Más allá del proceso

constituyente late una realidad política que, de no actuar correctamente, amenaza todo el

proceso generador de la Ley Fundamental. Muchos nos preguntamos: ¿para qué va a servir el

texto legal si el panorama político se degrada? Carezco de fe en la taumaturgia de las leyes,

aunque sean constitucionales.

Por eso un día me planteé el tema de los límites del posibilismo, de la transigencia, del

pacto; y otro, el de una derecha unida como elemento estabilizador de la democracia; ahora,

dentro del mismo cuadro de consideraciones, deseo explicar mi punto de vista sobre la

estabilidad democrática que, a mi juicio, pasa por dos coordenadas; el abandono del marxismo

por parte de los socialistas, puesto que su agrupación la doy por hecha, y la unidad en el

campo de la derecha.

Como simple observador de la calle entiendo que si el socialismo español no es capaz de

abandonar los planteamientos marxistas, para integrar una social democracia a la europea,

ni habrá estabilidad democrática, ni convivencia, ni siquiera el juego de las alternativas

de Poder, hoy puestas de moda por la dialéctica del partido, porque el juego democrático es

incompatible con la existencia real de un partido marxista que persigue la sustitución del

actual modelo de sociedad por otra de carácter monolítico; en que la pérdida de la libertad

del individuo es sustituida por la supuesta adquisición de la libertad del grupo; en que se

impone la lucha de clases como medio de alcanzar la utopía de la sociedad sin clases; y en

que no se renuncia a la dictadura del proletariado como período transitorio para alcanzar

el nuevo modelo de sociedad socialista. Creo, por el contrario, que si el socialismo español

fuera capaz de aceptar la opción socialdemócrata, renunciando a todo lo que el marxismo

comporta, considerándolo como reliquia del pasado, al que podría respetar pero no tratar de

implantar, habría contribuido decisivamente a la estabilidad democrática de España.

Sin embargo, pienso que esta opción les va a resultar a muchos especialmente peligrosa porque

las raíces marxistas del socialismo español no son imaginarias, sino tangibles. Entonces no

resulta aventurado pensar que, por desgracia, la adopción de la forma social democrática

europea andaría muy próxima a la escisión del sector socialista, lo que les haría pensar

fundadamente que se esfumaba la esperanza en la alternativa de Poder que hoy les llena de

triunfalismo. Su opción, para mí, es clara: o socialdemocracia con estabilidad democrática

y aplazamiento de la alternativa de Poder, o lucha abierta por la conquista inmediata del

Poder a costa de la estabilidad de la democracia. En política hay leyes de distinta naturaleza

que las físicas, pero muchas veces tan ineluctables como ellas.

El meridiano de la derecha para la estabilidad democrática mantengo que pasa por su unidad.

Unidad no quiere decir, aunque sea tópico, uniformidad; y estar unidos no quiere decir estar

juntos. Para mí la unidad supone la aceptación de unos pocos principios comunes, estrategia

electoral única y acción parlamentaria común.

En este sentido me pronuncié en el II Congreso Nacional de Alianza Popular, como lo hiciera

anteriormente en estas mismas columnas. Mi llamamiento estaba lleno tanto de convicción como

de modestia, porque consideraba imprescindible esa unidad, pero también era consciente de las

dificultades que su construcción encierra y de mis propias limitaciones; mas como fruto de la

expresada convicción se convertía en una cuestión de conciencia. Mi llamamiento iba dirigido a

todos los grupos, a todos los partidos y a todos los líderes no marxistas de carácter democrático,

porque no quería que mis palabras fueran motivo de exclusión, sino de unión. Sin embargo, en

atención a que la Unión de Centro Democrático es el partido protagonista de este momento histórico,

mayoritario en las Cortes y responsable del Gobierno, me tenía que dirigir a él en primer

término permitiéndome hacer la reflexión de que a la otra derecha, de la que formábamos parte,

no nos arrinconarían desfigurados en el extremismo para aparecer ellos como un centro equilibrado

y equilibrador; mas, en el supuesto de que lo consiguieran, su victoria sería pírrica porque nos

habríamos hundido todos juntos.

Mis palabras no han tenido siempre una interpretación correcta. Por eso quisiera hacer ahora

algunas puntualizaciones: unos han confundido este llamamiento hacía la unidad con un motivo

para hacer de la crónica política de estos días algo así como una revista del corazón; cualquier

entrevista, reunión o almuerzo de los líderes políticos es, transformada en motivo de comentario

y expectación. La unidad de la derecha, al menos como yo la concibo, no está pendiente de

reuniones o conciliábulos sino que será fruto de la sensatez solidaria del país, que está por

encima de cualquier intento frivolo de trivialización.

Otros han pensado que ese llamamiento suponía que en un plazo de dos meses —hasta en eso se han

desfigurado mis palabras— todos los supuestos o reales líderes de la derecha iban a hacer una

gran comparecencia pública poco menos que cogidos de la mano. Esto es una simplicidad y las

simplificaciones siempre son malas en política. Propugnamos un acuerdo de coordinación de

fuerzas que permita ofrecer en la primera y definitiva consulta electoral candidaturas únicas

en cada circunscripción territorial. Porque una cosa es el pluralismo y otra es la atomización;

que, en definitiva, es la pulverización del pluralismo.

Se ha confundido en mi llamamiento lo que era una invitación, a todos los grupos y partidos

políticos nacidos de la derecha sociológica, con la fusión de todas esas fuerzas. Una estructura

unitaria de la derecha se podría haber conseguido hace un año o año y medio y de eso, ciertamente,

yo no soy culpable; pero hallándose por medio el 15 de junio, y cuanto ha sucedido antes y después

de las elecciones, esta solución me parece utópica. Sin embargo, son tantas las cosas que nos unen

que yo me pregunto: si en Alemania existen dos fuerzas políticas fundamentales en la derecha, cuya

unidad básica se cifra en la comunidad de principios humanísticos de inspiración cristiana y en la

coordinación electoral y parlamentaria, que como se sabe son la Unión Cristiana Demócrata (C. D. U.)

y la Unión Cristiana Social (C. S. U.) capaces de contender con la social democracia, dando

estabilidad al sistema político, ¿por qué entre nosotros no va a ser posible arbitrar un sistema,

ciertamente no igual pero sí parecido, para estabilizar nuestra democracia?

Y, finalmente, quiero significar que en este tema de la unidad de la derecha no hay que magnificar

los personalismos. Estoy seguro de que juegan muchísimo menos de lo que se piensa. Lo que sucede es

que, en el rompecabezas que suele ser un problema político, o falta espacio o sobran piezas. La

dificultad estriba en hacer posible lo que parece a primera vista imposible, dando la impresión

equivocada de que son los protagonistas los que no se ponen de acuerdo.

Federico SILVA MUÑOZ 

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