Ricardo de la Cierva: Incluso la razón histórica está a favor de la renovación     
 
 Informaciones.    27/12/1975.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 21. 

Ricardo de la Cierva: "Incluso la razón histórica está a favor de la renovación"

«LOS OBSTÁCULOS PARA LA DEMOCRATIZACIÓN NO VAN A SURGIR EN NINGÚN CASO EN EL SENO DEL GOBIERNO, SINO EN LOS SUBURBIOS DEL MISMO»

«FRANCO NO. QUISO DAR EL PASO HACIA LA DEMOCRATIZACIÓN, PERO SABIA QUE IBA A VENIR Y NO SE OPUSO A ELLA»

POLÉMICAMENTE presentada por Serrano Súñer la semana pasada, esta primera parle de la «Historia del franquismo» (1), de Ricardo de la Cierva, parece destinada a constituir un nuevo «best-seller» en la carrera del historiador y un nuevo hito entre los libros que intentan arrojar uña nueva luz sobre una época de la que tanto se ha escrito. Ricardo de la Cierva no parte, contra las afirmaciones que en este sentido hiciera Serrano Súñer, del prisma del historiador oficial. Es difícil saber si este libro hubiera gustado a Franco, pero sí se sabe positivamente que hubo varios puntos de su biografía escrita- por Ricardo de la Cierva que no le agradaron.

«Hasta el año 45, podemos y debemos hablar con toda claridad», dice el historiador. Es posible que, tras esa fecha, nos encontremos aún con recelos personales difíciles de superar todavía. En cualquier caso, el primer volumen aparecido de la «Historia del franquismo» abarca exactamente desde el año 39 (con una introducción que se remonta -hasta la Restauración) hasta, el 45. La segunda parte aún está siendo elaborada.

Seria al menos apresurado intentar todavía una aproximación crítica a un libro de las características de esta «Historia del franquismo». Es, sin duda, uno de los libros políticos más importantes-aparecidos en los últimos meses, contiene grandes aportaciones de datos y su simple reseña requeriría un previo y cuidadoso análisis. Por eso, para dejar constancia de la aparición de la obra, hemos preferido en esta ocasión mantener una conversación con el autor. Desdé el pasado, desde ese franquismo que Ricardo de la Cierva considera una etapa «necesaria», pero sobré el presente. Porque al historiador se le supone una posición privilegiada para analizar un presente de las características del nuestro. Y más si el historiador está emplazado donde Ricardo de Ja Cierva, a quien, recientemente» según se ha llegado a publicar en algún medio informativo, se llegó a pensar en ofrecer un Ministerio de Cultura. Rumor que, naturalmente, él no confirma.

—No vamos a preguntar ya st el franquismo ha quedado superado. Lo que quisiéramos saber e* si han quedado superados determinados grupos, tradlcionalmente dominantes en la época del franquismo.

t-iía primera formulación de que era i n v i a b 1 e un franquismo sin Franco la hice yo en el año 60 o 70, y se publicó en «La. España de los años 70», libro colectivo dirigido por Fraga, Velarde y Salustiano del Campo. Fue en un artículo titulado «Franco y el franquismo», en que; ante Upas opiniones de Fernández de la Mora, afirmando que era posible ufl franquismo sin Franco, yo defendí entonces la teste contraria,

Pienso que la aceleración histórica es tan fuerte que en este mamento¡ aunque se siga discutiendo st algunas cosas están superadas o no, es una discusión evidentemente- bizantina, muy a la retaguardia de la Historia. En cuanto a los grupos del franquismo, se resisten, naturalmente, a ser desmontados El hostigamiento personal contra esos grupos lo considero un error. Son estructuras Que se están desmoronando solas, grupos de intereses a los que falta en estos momentos lo qtie era su gran fuerza durante el franquismo: la posibilidad de cortacircuitos Al faltarles esta posibilidad, su cohesión interna se irá debilitando y únicamente podrían convertirse en un obstáculo grave ante un hostigamiento generalizado o ante algunos graves acontecimientos por parte de. le extrema izquierda, lo cual no creo que sea previsible. Es decir, si ahora está la moderación en el Poder, no veo posibilidad de que tales grupos- tengan una función trascendente en el íuturo. Lo cual no quiere decir que no se puedan reagrupar de otra manera; pero, al menos en su presente forma, tan. descarnada y poco convincente, creo que no tienen nada que hacer

—¿El Gobierno actual es un principio de superación de estos grupos tradicionales, aunque pudiera darse la circunstancia de que en él participasen determinados representantes de estos grupos?

—Evidentemente, los grupos tradicionales tienen representantes en el Gobierno. Pero pienso que es a título personal y nostálgico. Yo diría que incluso los representantes de esos grupos tradicionales van a cumplir otras misiones de mucha mayor importancia. Porque s°n personas inteligentes y saben que no pueden apostar su presente y su futuro político a un mantenimiento ciego de situaciones anteriores.

—¿ Quedan residuos personales que pudieran comprometer una andadura democrática de este Gobierno?

—Sí, creo que esos residuos existen, aunque no dentro del Gobierno, por las razones que acabo de decir.

Las personas que representan a esos grupos dentro del Gobierno han sido portavoces de la apertura en épocas anteriores, aunque hoy esa apertura nos parezca mínima e insuficiente, y es verdad; pero en el año 69 no parecía tan mínima ni tan insuficiente. Los obstáculos para la democratización no van a surgir en ningún caso en el seno del Gobierno, sino en los suburbios del mismo. El obstáculo se va a plantear siempre mediante un intento de volver a montar un sistema que haga posibles los cortacircuitos. Puede ser que esos grupos que se ven ahora marginados por la propia realidad, más que por el Gobierno, intenten renovar sus conexiones, ver si pueden de alguna manera Intentar otra vez ese sistema de cortacircuitos con las personáis que han permanecido en el Gobierno o que ellos crean que pueden ser más propicias dentro del Gobierno, y por supuesto dentro de las Cortes. Yo esto lo veo muy difícil, porque la Historia ya no va por ahí.

—Dentro de este contexto, ¿existe alguna figura política prominente que le haga recordas-alguna figura histórica?

—Este es un contexto tan nuevo, tan inédito en la historia de España, que no hay ninguna figura que me haga recordar a un personaje histórico. Se ha comparado a uno de los prohombres de eeta situación con Antonio Maura. Esta comparación pienso que resulta históricamente inviable; Maura venía de una democracia liberal radical hacia un talante mucho más conservador. La persona con quien a veces se pretende comparar ahora a don Antonio Maura ha sufrido la evolución exactamente contraria: desde posiciones más autoritarias a posiciones liberales. No cabe una divergencia mayor en cuanto a trayectoria, y no estoy, ni mucho menos, valorando a las personas. Es muy posible que el personaje actual de la comparación pueda ejercer una labor mucho menos frustrada que la de Maura. Más que ver analogía entre personas, trato de columbrar analogías entre vacíos. Yo echo mucho de menos ahora a dos personajes:

Sagasta y Canalejas. Sobre todo a Canalejas. No un Canalejas personal, sino tal vez el espíritu de Canalejas. Porque en el otro lado, digamos el liberal conservador, tenemos bastantes nombres. Hay, si, una analogía que me preocupa- yo siempre he dicho que la analogía entre . el Gobierno anterior de Arias y el Gobierno Berenguer, analogía que defendió Fernández de la Mora, me parecía carente de sentido. Sin embargo, creo que el espíritu de Berenguer puede estar ahora flotando un poco en la nueva singladura nacional. Hay cierta analogía entre el berenguerismo económico de 1930 y algunas derivaciones que puedan Intuirse cerca del presidente- del Gobierno. Y conste que siempre he defendido que Berenguer fue más acierto que un error.

f.—¿Qué tanto por ciento debe tomarse del pasado, próximo y qué tanto por ciento de innovación, d« originalidad española, deben constituir los próximos pasos «me dé el Gobierno?

—Más o menos, \o& mismos porcentajes que tomó Cánovas en 1874 para la restauración, pero en sentido contrario. Precisamente, porque la restauración en definitiva venía del desmoronamiento de un régimen revolucionario y esta segunda restauración surge del desmoronamiento de un régimen autoritario Cánovas tomó de la situación anterior los postulados, los ideales y hasta los hombres mas aprovechables. No desdeñó a ninguno. Fueron rrndienr do pleitesía al nuevo régimen un Cabrera, un Serrano y un Sagasta, que habla sido el Jefe del Gobierno depuesto por Cánovas, y que tras breves interregnos, sucedió al propio Cánovas al frente del Gobierno. Algo así cabría idear ahora.

Yo tomarla muy poca cosa dei régimen que ha terminado en cuanto a porcentajes estructurales; de resultados iníraestructurales de ese mismo régimen yo lo tomarla todo. Porque yo siempre he dicho que una de las grandes contribuciones históricas de la era de Franco ha sido no crear una democracia, pero si crear la infraestructura necesaria y posible para una democracia.

—Asi, ¿cree que las instituciones pueden ser Qn lastre para la andadura democrática?

—Evidentemente. Son un lastre Más que desmontar esas instituciones, yo las renovarla profundamente, de acuerdo con k> que el pueblo español quiere y sin salir ni un ápice de la legislación fundamental vigente, porque hay posibilidades de hacerlo. Lo que hace falte es una voluntad de renovación. Esa voluntad existe en el pueblo, y pienso que en el Gobierno también; estoy completamente seguro de la sinceridad del Gobierno. ¿Dónde están, pues, los lastres? ¿En los formalismos? La letra de la ley nunca ha podido ser obstáculo contra el propio, espíritu de la ley. Incluso la razón histórica está a favor de la renovación: el general Franco cor nocía íntimamente al Rey. Nadie ha conocido mejor al Rey que el general Franco. Conocía perfectamente cuál era el balante del Rey y lo que el Rey iba a inspirar (no digamos a hacer, porque creo que hay que dejarle muy al margen de nuestras opiniones y de nuestras luchas). Desde el año 69, Franco lo ha mantenido ahí, sabiendo y anticipando lo que iba a pasar. ES decir, 5! alguien piensa que lo que está sucediendo ahora hubiera sido una sorpresa para el general Franco, es que no conoce en absoluto al general Franco. Este se contentó con dejar la infraestructura hecha, no quiso dar el paso hacia la democratización, pero sabía que iba a venir y no se opuso a ella.

—¿Se han superado los rencores?

—Es difícil decirlo. Creo que hemos perdido bastante el miedo- a una guerra civil. El problema de España, eso lo vio ya Azaña, no es el rencor: es el miedo. ¿Hemos perdido el.miedo? Hay veces en que parece que no. En los primeros días de los asesinatos de las fuerzas del orden público y de las ejecuciones, el fantasma de la guerra civil, ño en cuanto que ésta fuese posible, sino en cuanto Imaginable, creo que volvió a aparecer en España. SI hace tan pocas semanas la guerra civil ha vuelto a ser imaginable, eso quiere decir que no hemos perdido el miedo. El odio es engendro del miedo. El miedo de unos españoles contra otros es lo Que realmente provoca nuestra proclividad a las guerras civiles. Por otra parte, hay indicios de reconciliación muy claros, como también hay indicios de,que permanecen los Irreconciliables, ahora tal vez agazapados, puesto que ser irreconciliable no es rentable politicamente y es muy ridículo. Pero éste es un pueblo que ha estado fundado sobre el miedo de medio país contra otro desde ha´ce dos siglos y eso no se elimina con una declaración del Gobierno ni con un cambio de régimen.

—El historiador es una de las personas mejor situadas para hablar del futuro, ¿cuál es su diagnóstico de futuro?

—El nuevo ministro Garrigues lo va a dar por mí, cuando afirma que la democracia es necesaria, luego es posible. Estoy completamente seguro de que la democracia es necesaria y que además una mayoría decisiva del pueblo español la quiere: tiene que ser posible Ahora, además de necesaria y posible, pienso que va a ser tremendamente difícil Pero estoy convencido de Que vamos a llegar a ella en un plazo razonable, por encima de cualquier dificultad.

(1) Ricardo de la Cierva: «Historia del franquismo». Orígenes y configuración. Ed. Planeta. Barcelona, 1975.

6 INFORMACIONES POLÍTICAS

27 de diciembre de 1975

 

< Volver