Autor: García Lahiguera, Fernando. 
   Los seudodemócratas: detrás de una buena capa...     
 
 Informaciones.    05/06/1975.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Los seudodemócratas:

Detrás de una "buena" capa...

Por F. GARCÍA LA HIGUERA

HAY gentes en este país, como el mismo Perogrullo advertiría, que no son demócratas. Hay también quienes militan, activa y agresivamente, en el repudio de la democracia. Están, por último, los seudodemócratas. Es a éstos a los que hoy quisiera referirme.

Se trata de una especie que prolifera con particular frecuencia en ciertos estamentos en los que suelen primar valores subvertidos: seguridad sobre libertad, autoridad sobre participación, caridad sobre justicia, privilegio sobre igualdad de oportunidad, elitismo sobre populismo. Es decir, toda una larga serie de prejuicios interesados en mantener estructuras que «el nivel de los tiempos», como diría Ridruejo, tolera cada día con mayor dificultad que el precedente. Instalado en este cuadro de intereses primarios, el seudodemócrata tiende a encubrir su irreductible fascismo —cuando ya esto del «fascismo-» deja de ser socialmente presentable—con actitudes que yo llamaria «democrátlco-adversativos».

Por supuesto, estos demócratas de vocación tardía, aunque no asumida, reclaman inicialmente la etiqueta al uso con sospechosa insistencia, como deseosos de que nadie les niegue el documento acreditativo. Pero a poco que se profundice en sus planteamientos, .comenzarán a aflorar —generalmente con escaso sentido de la sutileza— todos los «sí, pero...» que efectivamente les separan de la pura y simple concepción democrática. Los reparos esgrimidos —no ya a la praxis, sino a la misma teoría— demostrarán claramente que el pretendido demócrata ni siquiera «pretende» serlo en serio: a lo único que de verdad aspira, como todos los «seudos», es a camuflarse bajo un pabellón que, llegado el momento, le permita adscribirse —sí tiene el talante que requiere la beligerancia solapada— a la conspiración que pueda llevarle al restablecimiento de la situación perdida. Por eso en los falsos demócratas siempre late el oscuro deseo de volver a su añorado «anden régimen

Estos verbalistas especializados en el género apócrifo, a lo máximo que son capaces de llegar, en el mejor de los casos, aunque no lo reconozcan explícitamente, es a una suerte de democracia censitaria, reducida al ámbito de la propia clase, cuyas decisiones —¡no faltaría más!— vincularían a todas las fuerzas sociales, previamente desprovistas de instrumentos de participación Seria una democracia para elegidos, en la que carecería de sentido esa cosa tan de mal gusto Que es lo del voto «igual, directo y secreta».

¡Deliciosa discriminación! ¡Como si en 1848 no hubiera sucedido nada «* el acontecer político del mundo! Porque es aquí —en esta primera piedra de toque: el sufragio universal— por donde más fácilmente se reconoce si hay o no hay verdadera actitud democrática en el candidato de turno. Sometidos a esta prueba elemental, en seguida se verá quiénes prefieren la concentración en la plaza pública de la masa de incondicionales —potenciada su delirante adhesión por la «cálida condición humana»— al humilde recuento de las voluntades personales vertidas en las urnas

En el mismo cuadrante seudodemocrático debe incluirse a cuantos recurren a las consabidas falacias dilatorias: «cuando el país esté culturalmente preparado...», «cuando se aleante el adecuado nivel de renta "per coaita"...», «cuando se sepa distinguir entre libertad y libertinaje...», es decir, a esos que siempre intercalan un «cuando» condicionante que se pierde en las brumas de un futuro nunca tasado. Es claro que estos personajes, tan ponderados y sensatos, lo que de ningún modo desean es vivir en un régimen propiamente democrático.

Ya se sabe que en un clima pendiente de clarificación, los supuestos demócratas remueven deliberadamente las aguas de la confusión. Es «su» táctica. Pero llega el momento en que las aguas han de pasar por los filtros depuradores, y entonces lo espurio queda claramente separado de lo auténtico. Y en ese trance de nada servira guarecerse en las capas encubridoras, por buenas que sean, pues será insoslayable mostrar qué es lo que realmente se esconde tras ellas.

 

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