Autor: Monerris, Alejandro G.. 
   Fallera mayor     
 
 ABC.     Páginas: 2. Párrafos: 13. 

FOTO: FALLERA MAYOR DE 1958

LAS "fallas" son una gran Tiesta qu« ha conseguido llamar la atención turística de todo el orbe, psro tambien un ciclo d´e esfuerzo continuo, un círculo que se cierra y «2 abre en. «i momento mismo de la "crema". Concluida la danza dte fuego, apagados los últimos rascoldos. renace la ilusión y la incesante actividad en torno :ce tos espectáculos dsl año futuro, de las comisiones de barrio, de los temas satíricos, da los artistas, de las cortes femeninas... La actualidad fallera, vencidos los últimos rigores invernales, se acelera al máximo como ¡presintiendo el olor de pólvora y el tropel multicolor de las imágenes. Y con la elección de la fallera mayor se inicia verdaderamente el período oficial y público día ´las fiestas joesfinas, a dos pasos de marzo y como un anticipo á2 la noche sacramenta.! de la "crema", cuando Valencia quema lo que ha adorado.

La proclamación de la fallera mayor se adelantó es;e -año al horario .previsto. Siempre se hacía en febrero. Este año, a las puercas del mismo enero. Los miembros de la Junta Central Fallera, como es tradicional, 53 reunieron en una especie d´í "cónclave secreto" para designar, d« -una lista de señoritas previamente seleccionada, el nombre de la doncella favorecida. Li elección, unánime, fue sometida a la superior aprobación del alcalde y minutos después, en el severo salón de sesiones asi (Ayuntamiento, ´totalmente abarrotado «te público ~^en el queseóme siempre, la presencia de bellas damas convierte en un especiécuCo de rostros bonitos, cosa nada extraña en un mundo de mujeres hermosas—, el señor Rincón de Arellano hizo público el nombramiento: "Señorita María del Carmen Colomer Casanova fallera mayor para 1959,,." Las ovaciones y el «patato sonoro de los timbales y clarines lanzando al aire las vibrantes notas de la Marcha de la ciudad rubricaron la solemne proclamación. Valencia, tenia ya a su "Reina del Fuego" y España, desde aquel momento, concertada una cita con la primavera valenciana.

Bn los años anteriores al Movimiento Nacional, la selección de la falliera mayor era algo parecido a un concurso de Long Beach, como un concurso sofisticado de "mías" belleza o "mise" maniquí. Elección a base de votaciones, con el mito de ia democratizacion por .delante, mientras las

jóvenes candida tas desfilaban entre el griterío de baílateos y festejos tumulúiosos, en los Vivaros o en los sótanos dal Mercado Central. El traje de labradora valenciana—.labradora con aspecto óíe reina— cayó en la trampa d-a verbenismo arrabalero. Muchachas vestidas «Es oro y seda, con eu afiligranado .peinado át moños, teja y panetas—que tanto recuerda ´al yg la ibérica y lamosa "Dama de Elche"—y con sus "arracadas" y aderezos colgando, eran .puestas en línea como si fuesen bellezas profesionales de hoy que, en cualquier hotel b playa de moda, exhibiesen sus "bikinis" y sus melindres.

Las "fallas", com» toda fiesta popular, que siempre es, en ´principio, minoritaria y ¿e honda raíz religiosa, quiso ¡hacerse pasar también por el aro del sufragio universal. Y lo popular, al saltar de la calle, de la urbe, a los ambientes cerrados de teatros, salas y bailes, degenera casi siempre en populachero. Los términos se invirtieron, los medios destronaron a los fines, y al título regio de "fallara" se le antepuso el cinematográfico de "belleza" y las jóvenes vencedoras, elevadas .por unos días a un "estrellato´´ efímero, daban luego el salto en el vacío que sigue, indefectiblemente, a tos subidas con «Sentí. Incluso un año, eEJ te, Republica, fueron ´dos las "bellezas falleras" ´en ¡pugna, fueren das la? aspirantes que reclamaron para sí la exclusividad de un .título, que los aprendices de Jueces no supieron discernir.

¡Con «1 .término de nuestra guerra civil las "fallas" entraron definitivamente en su mayoría, de edad, en su máximo esplendor artístico y en la categoría de fiestas áe rango intenacional En. sustitución del antiguo Comité Centrad Fallero, se crsó un organismo oficial qus entendiera de las mi) complejidades de su-organizaclón: la Junta Central Fallera, dependiente dsl Ayuntamiento, hasta el punto que el concejal de Ferias y Fiestas es, por derecho propio, presidiente nato as la Junta. Valencia ha hecho de sus "fallas", con sus ganas c´e divertirse, con «u ingenio y con su arte, una de las fiestas mas completas, originales y atractivas del mundo. Da modesto y humilde origen artesano son, hoy *por hoy, una Imperiosa y vital manifestación de] espíritu "valentino" >no "levantino" que, como decía Martín Domínguez en estas mismas .páginas, más parece una invención de la Renfe), el espectáculo más luminoso y ´Popular de todo el Mediterráneo español y también, en. frase de Sánchez Mazas, "como una gran fiesta de Ja mejor y más antigua filosofia de Occidente",

Desde la Liberación han ocupado el trono de reina de las "fallas" veinte señoritas. Veinte doncellas que, además de aportar su Juvenil ingrediente de fresquisima alegria y belleza, representan asimismo las virtudes más caras y sagndas de uno de los cotos más limpios de la vida española: El .hogar y Ja familia.

Excepcionalmente. el nombramiento de fallera muyor ha reciaído algunos años en ´muchachas d; origen no valenciano. En estos casos Valencia, con sus caracteristicas virtudes úe gratitud, amor y espíritu español por excelencia, rendía el homenaje debido a los nobles merecimientos 4e sus apellidos.

Las "íallas" de la Liberación, -las primeras "fallas" dsspues del triunfo del Airamiento, en 1940, tuvieron por fallera mayor a Carmencita Franco Polo, hoy señora de Martínez Bordíu, marquesa dj Villaverde. El Ayuntamiento le regaló el ´traje d" labradora, pero imposíbilidada de asistir a las fiestas, estuvo, representada por la hija >íel general Aranda, liberador d« Valencia. Las comisiones falleras acordaron, por aclamación, que María Luisa Aran da fuese, por derecho ´propio, la fallera mayor de 1941.

Al siguiente año fue elegida María Luisa Prut Dupoy de Lome, hija del conde de Berbedel, y Elvira Gómez Trenor, hija del condé dte Trenor, ex alcalde de la ciudad, nombrada en 1943. La elección recayó, en 1944, en Miaría del Carmen Asensio Ballester. hija del general Asensio Cabanillas. Siguen después, desde 1945 a 1950, sais muchachas del más rancio abolengo valenciano: María Desamparados Garrigues Santonja, hija. del vizconde de Valdesoto, y María Desamparados Ibáñez Valero de Palma; Amparo Casanova Casanova y María Julia Martínez de Vallejo Manglano; Margarita Casanova Civera y Marte. Victoria Noguera y Jiménez de Cisneros.

En 1951, ¿as "fallas" fueron declaradas tíe interés nacional, por el entonces ministro de Educación Nacional, don José Ibáñez Martín. Significaba la culminación de las fiestas Josefinas, el espaldanazo oficial de esa faceta, la mas acusada, de las costumbres y forma de vivir d« este rincón hispano, >jus lleva en ai su pasión y su. drama, la anécdota y la aventura, ¡a risa y !a alegría. Y el Ayuntamiento valenciano consideró que ningún prejuicio humano y legal debía ser obstáculo para corresponder debida, mente: proclamando fallera .mayor a María Pilar Ibañez Martín-Callado.

La relación se enriquece luego, en 1952, con el nombre de Miaría Rosario Violante Ferrandis Luna y Alvarez de Toledo, hija del gran valenciano y publicista de mérito excepcional, don Salvador Ferrandis Luna. Un año mas y otro Ilustre apellido viene a sumarse a la lista: María Consuelo Cánovas* Cobo del Prado, hija del entonces director general de Agricultura y hoy ministro del ramo, don Cirilo Cánovas O a reía. A continuación, desde 1954 a 1957. ocuparon el pedestal de reinas (falleras cuatro muchachas cuyos apellidos tienen una relevante significación en •la vida social, económica y cultural de Valencia: María Miguela Carpi Cañellas, Paquita Iborra Martínez, Amparo Taulet Casanova y Bagrario Fernandez de Córdoba y Planells.

SE3 año ¡pasado, cuando todavía parecía respirarse en el aire el acre perfume de unas .tierras removidas por la hecatombe, las "fallas de la riada", surgidas del barro, nos depararon una fallera mayor—Encarnación Amores Lluch—que asomó la gracia de su rostro juvenil de entre el dolor y el recuerdo de aquellos inolvidables días. Y. por último, para este año de 1959. María Carmen Colomer Casanova. quizá una de las falleras más bonitas y gentiles. Una muchacha —¡veintidós años, señor!— de arrolladora simpatía y espléndida belleza, esbelta y Juvenil, a quien el honor de su elección—máxima aspiración de las jóvenes valencianás—no te lia modificado la sencillez y la ingenua luz de la ilusión. La •tez morena, la voz suave y aterciopelada; tos ojos —expresivos ojos verdes—, muy vivos e inteligentes; tos labios finos y las manos de expresividad impresionante, añadida a sales y gracias mediterráneas.

®n el año 1940 se "plantaron" treinta monumentos de madera y cartón. En 1959 arderán ciento cincuenta y una "fallas", enrojeciendo con su resplandor la cúpula valenciana. Y cada comisión tiene su (propia fallera mayor, y es* ta su respectiva corte de honor, integrada por un número de muchachas que oscila de doce a veinte. Aparte, naturalmente, las incontables y graciosas falleras infantiles. tx> que quiere decir, haciendo un pequeño cálculo, que miles y rallas de muchachas, luciendo el traje regional valenciano, desfilando a todas horas entre tos sones de más de un centenar de tandas de música, entre el estallido de las tracas y el bullicio incesante de ana multítud Invasora. ofrecen el maravilloso?) despliegue, rítmico e ínmim-arable, que can a la ciudad un aspéate de romance antiguo

Sobre el asfalto de las calles c!t> Valencia, que esconde como rico tesoro la tierra fértil, rojiza y parda, jugosa, huertana, cea algarabía de regatillos y olorosa brisa marinera, estas muchachas, vestidas de falleras - -atavio el más barroco y femenino que cabe Imaginar—, estas doncellas, repito, con el revuelo de sus faldas brocadas ondulándose como los trigos dorados, tienen todo el aire de ser un insuperable hallazgo. Estas cinco mil doncellas, gracia, hermosura y primavera, se le cuelgan a Valencia como un penacho, como múltiples capullos brotados de un inmenso rosal, que ofreciese, en el tiempo y en el espacio, una pura y permanente sonrisa.

Sonrisa de fallera mayor.

A. O. M.

 

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