Autor: Casariego y Fernández-Noriega, Jesús Evaristo. 
 Un mundo sin bandera. 
 Democracia y comunismo en la América Hispánica     
 
 ABC.     Páginas: 2. Párrafos: 10. 

UN MUNDO SIN BANDERA DEMOCRACIA Y COMUNISMO EN LA AMERICA HISPÁNICA

Por J. E. CASARIEGO

IBEROAMÉRICA—200 millones de habitantes en rapidísimo crecimiento sobre 20 millones de kilómetros cuadrados—es el continente de lo porvenir. Es un continente intermedio entre el mundo antiguo y clásico, blanco, cristiano, típicamente occidental, y el confuso ámbito afro-asiático oceánico, negro, mogol, prácticamente sin tradiciones clásicas y cristianas. Iberoamérica es también, racíalmente, un continente mestizo, encrucijada de gentes, donde se está forjando lo que un clarividente mexicano—´don José Vasconcelos—llamó "la raza cósmica". En el orden económico sus riquezas son variadísimas e inmensas, aunque, en gran parte, en estado potencial todavía, pero llamadas a convertirse en almacén y reserva del género humano. Y en el estratégico, con sus dos caras al Atlántico y Pacífico, sirve cié clave al arco de las fundamentales comunicaciones marítimas y aéreas de la tierra. Iberoamérica es, pues, un mundo providencialmente preñado de .futuro.

A pesar de ello, Iberoamérica es muy poco conocida, peor aún, mal conocida, de la que comunmente sólo se quieren ver aspectos pintorescos y externos. Ni occidentales ni orientales—capitalistas y comunistas han penetrado seriamente en sus problemas, ni parecen darse cabal cuenta de la dramática palpitación de sus entrañas, de algo que está bullendo allí y empieza a manifestarse como temblor de un gran parto que será decisivo en el futuro no lejano de la Humanidad. Por todo ello la América indo-hispano portuguesa constituye uno de los temas más apasionantes y decisivos d« esta hora agitada y crucial de nuestro tiempo.

El conocimiento de esa actualidad insoslayable de Iberoamérica exije, previamente, un i «parcial y cuidadoso examen de su formación y evolución históricas, desde el Descubrimiento a nuestros días, de la misma manera que para el estudio de un proceso biológico es imprescindible su historia clínica. Pero como eso no cabe en un artículo de ´periódico, anotaré tan sólo que el crecimiento de Iberoamérica ha sido desmesurado, sobre todo desde los comienzos del siglo XIX. La independencia—inflamada retórica del romanticismo liberal y nacionalista—creó allí unas superestructuras, en parte artificíales, tanto en lo geográfico como en lo político-económico. Así surgió el1 continente de la Desunión—>los Estados Desunidos da la América del Sur— con casi veinte Estados diferentes y, a veces, rivales. Y la consecuente inestabilidad política, se manifestó con un rosario interminable de guerras civiles y revoluciones sin sentido social, que malgastaron muchas energías y sirvieron de freno a una auténtica evolución .progresiva. Pero no he de insistir ahora en unas valoraciones del pasado que son, además, materia delicadísima y quebradiza, en la que caben mil "peros" y "distingos". Al presente, pues, hemos de atenernos. ¿Y qué panorama nos ofrecen ahora, iniciada la segunda mitad del siglo XX, las tierras y las «entes iberoamericanas?

Dos características esenciales pueden distinguirse en la Iberoamérica de hoy: una física y espiritual la otra. La física es el crecimiento acelerado y vital de su población y economía; la espiritual, una incertidumbre, casi angustiosa, en cuanto al camino a seguir y a las foranas político sociales que adoptar, Iberoamérica, en espacio de lustros, dobla, triplica, sus ´habitantes, multiplica sus fuentes de riqueza, siente nuevas apetencias, manifiesta su disconformidad con el presente, busca nuevos caminos.

Se desarrolla mental y corporalmente. Y se encuentra con que los viejos trajes de muchas de sus instituciones, ya no sirven, le estallan sobre los músculos y le resultan anticuados e impropios. Las instituciones para una Iberoamérica de cacique semifeudales, da peones míseros, de farsas electoreras, de tópicos decimonónicos de an demoliberalismo verbalista e hipócrita, no son aptas para un mundo de masas y técnica, que en otros continentes vio el socialismo y el fascismo y el comunismo y las grandes evoluciones trastocadoras Sel siglo XX.

Aplastado el fascismo por las armas de la Conjunción demo roja en la guerra del 39 al 45 y desacreditado por una propaganda total y formidable, a Iberoamérica, donde el fascismo no había llegado, parece que no le quedan, dentro de las corrientes universales imperantes, más que dos caminos: la democracia liberal capitalista, en su versión anglosajona, y el comunismo marxista a traves de su interpretación lenIstalinísta, exportada por rusos y chinos. Pero como Iberoamérica es un vasto conjunto de realidades y circunstancias, de sentimientos y esperanzas muy distintas de las de los anglosajones del norte o de los comunistas de oriente, resulta que la democracia capitalista y el comunismo marxista se convierten allí en "otra cosa", en "otra cosa" aún no definida, aún vaga e imprecisa, pero que se traduce en una serie de movimientos, tanteos y desequilibrios de los que pueden salir soluciones buenas o malas, remediadoras o catastróficas. Con imagen rápida, ,-podría decirse que los ingredientes que harán el futuro de Iberoamérica constituyen un material que aún se encuentra en estado de fusión, del que puede resultar una estatua proporcionada y bella o una masa amorfa y monstruosa.

Eso dependerá, en primer lugar, de Iberoamérica, pero no sólo de ella. Depende también del grado de atención, comprensión y habilidad que se le preste desde fuera. El Occidente, el capitalismo, el "mundo libre" o como quiera llamársele, por un lado, y el alto mando de Moscú y Pekín por otro, pueden influir decisivamente, están influyendo ya, en esa forja de inquietudes iberoamericanas. ¿Para bien? ¿Para mal? Casi todos los síntomas Inclinan a pensar lo segundo. Pues si por un lado «1 capitalismo se empecina en la contradicción absurda de mantener, más o menos disfrazado, su régimen de privilegio y dominio económico, emparejándolo con la teoria de una democracia bobalicona- y pasada de tiempo, los ruso-chinos aprovechan esa contradicción para llevar las aguas a su molino, exaltar rencores, engañar bobos, mover pasiones, contra la inconsciencia suicida de la democracia alegre y confiada que los creó.

Manifestaciones materiales de esa, en tantos casos, lnicialmente noble y legitima inquietud iberoamericana, fueron o son la revolución mexicana contra el "statu quo" porfirista; el peronismo o justicialismo argentino, contra las oligarquías vinculadas al capitalismo extranjero; el caos boliviano, nacido de la miseria ante el monopolio minero: el delirante "barbuzato" cubano, -contra todo y contra todos. Y en puertas estamos (¡atención al aviso O de ver -cosas interesantes y reveladoras en la próxima etapa del Brasil.

Cada uno de esos movimientos presenta sus propias características de tiempo y espacio, pero «1 observador atento puede ver bajo sus discrepancias externas un hilo común: el de la inquietud y disconformidad con el presente que venian a negar y contradecir. Querer ver en ellos tan sólo el motor de la influencia doctrinal comunista, resulta, sobradamente ingenuo. Que el comunismo se aprovecha de esos movimientos para sus planes universales, es cosa bien cierta. Y que en parte ha sacado un óptimo provecho—como en eí caso de Cuba—es «vidente. Pero esos movimientos, en -sí, no fueron típicamente comunistas. Incluso algunos, como «1 peronismo, tenían sólidas raíces en un tradicionalismo hispano-criollo, V cierto es también que, salvo el caso fidelista, fueron o son "movimientos abiertos", -es decir, susceptibles de ser encauzados hacia foranas constructivas de justicia social cristiana y no marxista.

Un síntoma de algo de esto puede tal vez encontrarse en la actitud y la frase "tercera posición", que surgió, precisamente, en Hispanoamérica, cuando, al final de la última gran guerra, quedó el mundo dividido en los dos bloques demo-capitalista y marxista. Esa frase la inauguró, teóricamente, el movimiento en sus comienzos más tradicionalista de Iberoamérica. «1 justicialismo, años antes que la utilizaran como expresión de sus políticas Nasser y Nehru en Oriente. Pero ni los contumaces demo-capitalistas ni los doctrinales del marxismo, pudieron comprenderlo. Y con la enorme potencia de sus medios económicos y -propagandísticos fueron forzando a Iberoamérica a caer en uno u otro de los extremos que representaban. Y así, a bandazos, &e pasaba de un Arbenz entregado a los rojos, a un Castillo Armas, servidor de los oligarcas demócratas. O en Cuba, donde de error en horror, d« ceguera en tópicos, se cae en el delirio peligrosísimo de unos paranoico» atraillados al coloniaje de Moscú. Frente a todo eso, buscando un camino, las gentes y las tierras iberoamericanas son hoy, en lo ideológico, un mundo que pasa por la angustia de no poder pintar y tremolar su propia bandera.

Pero la realidad, con toaos sus síntomas nos señala qu« alli hay un campo de lucha para los hombres de fe y acción que no quieran ser marionetas de un lado o de otro y levanten sus consignas "hispánicas" y "americanas", que hagan justicia social y creen las nuevas y necesarias estructuras, sin apartar a Iberoamérica del claro destino occidental y cristiano que hace siglos sembraron en ella los varones esforzados —Cruz y Espada—¡que llegaban de Portugal y de España.

J. E. C.

FOTOGRAFIAS

 

< Volver