Autor: Álvarez Álvarez, Carlos Luis (CÁNDIDO) (ARTURO). 
   Don Ramón y sus pequeñas cosas     
 
 ABC.     Páginas: 1. Párrafos: 26. 

FOTOGRAFIAS

DON RAMÓN Y SUS PEQUEÑAS COSAS

Por CARLOS LUIS ALVAREZ

CASA DE MENENDEZ PIDAL CUESTA DEL ZARZAL 23

En clara armonía con su poderosa dimensión científica, don Ramón Menéndez Pidal pose* ese otro mundo calido, sanguíneo >y eutrapélico en que todo hombre se mueve y descansa de sus hazañas. Son esas cosas que al derivarlas o hacerlas confluir en un hombre se dice que son "sus" cosas, algo que ha llegado a adquirir nuestra propia forma y de las que participamos a la vez que ellas participan de nosotros.

Por eso hoy, que don Ramón cumple noventa lúcidos y gozosos años, nos hemos acercado a él olividando un poco su «portentosa estatua magistral, y hemos procurado hacerlo más nuestro a través de lo que a él y a nosotros es común. A través de las pequeñas cosas, de los breves y domésticos asuntos, de todo lo próximo y leve, que es el verdadero cantar de la vida. Casi, y tratándose de quien se trata, la expresión cobra un valor muy definido, casi único y verdadero cantar de gesta.

(Don Ramón Vive en Chamartín, en un hotelito casi en descampado y rodeado, por tanto, de un aceptable silencio. Hoy vamos con menor temor que la otra vez cuando lo buscamos por media España para hablar de Carlos V. Su ademán es siempre acogedor, no obliga a esperar a nadie y ofrece su tiempo con finura, es decir, como si tuviésemos algún derecho a él.

Estamos en una sala amplia, encerada, con alfombras. Don Ramón sonríe cuando le preguntamos por menudencias. Don Ramón "saca" ocho horas*de sueño.

•—¿Y toma usted algo para dormir?

—Un cuarto de pastilla. Pero no abuso. Un día sí y otro no.

No se puede decir que don Ramón utilice demasiado la Medicina. Don Ramón se levanta hacia las nueve.

—En cuanto me levanto, tomo un "yogourth". A ver si va a decir ahora la gente que he llegado a los noventa años por tomar ´yogourth".

—No, no creo. ¿Toma usted algo más?

—Suelo tomar una naranja y una taza de manzanilla.

Luego don Ramón comienza a trabajar. Le ayudan dos secretarias, una para escribir las cartas y otra para leerle los textos sobre los que investiga cuando él nota algún cansancio.

—¿Y pasea .por el jardín?

>—Sí, sí. Llueva o nieve, nunca precindo del paseo.

Don Ramón come a las dos y media. Luego echa un .poco la siesta.

—No hay otro remedio. La siesta es una institución universalmente reconocida. En ini primer viaje a Alemania, al subir en el tren para el regreso, alguien me gritó: "siesta!" Resulta que el vocablo "siesta" en alemán quiere decir algo así como almohada de viaje. En fin—añade don Ramón, sonriendo—el caso es que "siesta", sea lo que sea, es una palabra internacional.

Don Ramón duerme una hora después de comer. Pero no siempre lo ha hecho.

—De joven no ´hay tiempo para siestas.

´Avisan a don Ramón que le espera otra visita. Sale un instante. Vuelve con unos papeles en la mano. Volvemos a acomodarnos en un rinconcito. Junto a un ventanal que da al jardín. Don ¡Ramón, cuando lee por puro entretenimiento, lee libros de ciencias, ensayos y algunas novelas, intimamente ha leído algo de Carmen Laforet.

—(Me gusta mucho la novela rusa, con esos asuntos tan angustiosos.

—>¿Y la novela americana?

—No; no me gusta.

Tampoco le agradan a don Ramón las tertulias. Su única tertulia es la Academia.

[Pregunto por sus biznietos. Por Irene y por Javier. Hubiera quedado muy bien una fotografía con ellos.

—No puede ser. Están en La Laguna.

—Tengo entendido, don Ramón, que usted .practicó mucho el deporte.

—Sí, bastante. (MI primer deporte fue la esgrima. Galdo, que estuvo de profesor en el Instituto del Cardenal Cisneros, me envió a tomar, lecciones de Carbonell, el que fue maestro de Alfonso XIII. Después de la esgrima, el montañismo.

Don Ramón fue uno de los primeros excursionistas de la Sierra. Me cuenta alguna

 

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