El cuplé y la época vacua     
 
 Pueblo.    18/05/1960.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

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EL CUPLÉ Y LA ÉPOCA VACUA

UN cronista de actualidad, un hombre de nuestro tiempo como Julián Cortes Cavanillas, enviaba recientemente a su periódico un emocionante artículo de Interés palpitante titulado «Raquel Meller, embajadora de España». Esta interesante muestra, de agilidad y urgencia periodísticas, este encendido madrigal de gran trascendencia, internacional, esta cálida visión de la actualidad romana llegó » loa puntos de U pluma d«l corresponsal * causa del clima o ambienta propicios que encontró en la famosísima Via Véneto. En efecto, como dice en las primeras líneas de- su crónica, •urgió el tema—la noticia, como suele decirse—al escuchar casualmente la conversación de «dos parejas de viejos matrimonios americanos con el típico aspecto d» turista» ricos». ¡Ah, vamos...!

Ni que decir tiene que I» figura de Raquel Meller no* merece el debido respeto. Fue una gran artista de otro tiempo y de su arte no hay más que recuerdos favorables y encendidos. Como mujer y artista española ha aparecido, por ejemplo, en nuestras mismas páginas en la popular lección «Pequeña historia de grandes personajes».

Pero esto no tiene nada que ver. La figura de la artista da ocasión a Cortés Cavanillas para escribir párrafos tan emocionantes como´ pintorescos. Transcribimos, para disfrute de nuestros lectores, el episodio que al cronista le parece más sustancial en la vida de la artista:

«Cuando por el año 1919 actuaba en el teatro Malasaña, de Madrid..., se presentó un buen día el marqués de Viana, mayordomo mayor de Su Majestad el Rey don Alfonso XIII, para mostrar el deseo del Monarca de oírla, en el Palacio de Oriente. La contestación de la Meller fue rápida y categórica:

—Dígale al Rey que la misma distancia hay de la calle de Malasaña a la plaza de Oriente que de la plaza de Oriente a la calle de Malasaña. Así, que renga si quiere oírme.

Y a la calle Malagana fue el Soberano a escuchar a su altiva subdita. El teatrucho se convirtió en vergel de primavera para recibir al Rey de España. Raquel, conmovida, por aquel gesto espléndido- del supremo Señor...»

El párrafo menos riguroso y menos justo es, a pesar de todo, el siguiente:

«Sin embargo, ahora, en la ¿poca vacua que vivimos, donde se desprecian o no se comprenden los grandes valorea estéticos, resulta difícil que las nuevas generaciones entiendan lo que era Raquel Meller no sólo por el lenguaje de la voz, sino por el de las manos y el de la mirada...» En efecto, las nuevas generaciones se encontrarán con grandes dificultades para entender el lenguaje de la voz, de las manos y de la mirada de Raquel Meller, porque la artista ya no se deja ver ni oír, en primer lugar, y en segundo término, porque la atención de las nuevas generaciones está ocupada por nuevas preocupaciones y nuevos hechos. Pero dejando esto uparte, no nos parece serio llamar «vacua» a. esta época en que vivimos por la razón fie que las nuevas generaciones no comprendan esos valores estéticos marchitos. Este no es el tiempo del cuple, señor nuestro: Lo decimos en nombre de las nueras generaciones y de la época actual, aue, desde luego, no cambiaríamos por ninguna d« la* próximas pasadas.

 

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