Tipos humanos y humanismo. 
 Maeztu y América     
 
 ABC.    22/02/1962.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

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TIPOS HUMANOS Y HUMANISMO MÁEZTU Y AMERICA

EL humanismo «a una concepción antropológica que mide en torno a una órbita de valorea especíale» cuanto la criatura humana puede hacer y sentir, expresar y pensar. El humanismo es preocupación del hombre por las cosas del mismo hombre, lo que, en cierto sentido, supone una revisión de las posibilidades humanas. Ahora bien, dentro de este tronco común que hemos denominado humanismo hay tres diversa* especies: el cristiano, el del orgullo y el materialista,

Ramiro ds Maeztu te detiene en el análisis del hombre cristiano, Lo valore» hispánico» están cardinadoa por esta concepción. Las naciones ibéricas que poblaron las tierras de la América meridional no tuvieran inconveniente «n reconocer el supuesto teológico de que los hombres son iguales entre ei. Transmitieron, asi, lo mejor de su ís y de su forma de vida a los hombres de raza melancólica. Tales virtudes—que son las nuestra»—¿«s encontramos en las latitudes americanas. España y Portugal dieron lo que eran: su« nobles sentimientos y su» Inevitable» defectos. En el nordeste del Brasil encontramos un tipo humano pobre y sufrido. Dice Euclides da Cutía que el sertanejo nada teme, lo recibe todo según los caprichos del clima. La lluvia en aquellas latitudes es escasa. Su alma resume el clima, mordas y cruel al mediodía, placentero en el crepúsculo. A esta hora, ti hombre del Sartao recuerda días de fiesta y de cacería en el mato, juega con el violón la tristeza afroindia. El pragmatismo del nordeatino está cortado por estelas de paciencia y resignación. Hace tratos con los americanos sobre partidas do agave y algodón y usa sus Instrumente:) técnicos con una sabiduría alerta, y experimentada. Decía da Cunha que el nordestino es una criatura noble que necesita redención.

Al Sur, entre Sao Paulo y Porto Alegre, nos encontramos con otro tipo humano. Es el gaucho, caballero morisco, descendiente de los indios de las Misiones. Hecho a un clima, donde la vida ss desenvuelve más favorablemente que en el Norte, ha hecho acopio de energías y las emplea en la brega campesina y en 1a crianza del ganado. Aunque vive con buenas comodidades y ostenta su riqueza en el lujo de sus arraos—semejantes a los del campero andaluz—•, no se ha materializado, Es patriota y generoso, y sus diversiones son harto infantiles. La tierra que le rodea es un vergel de llanuras y ríos; con las tierras misioneras qus vieron ¿rutar a los tropeles caballares que importaren los guardianes de los Siete Pueblos.

Sobrepasando la cordillera, entre picachos y ríos estremecidos, llegamos a Chile. En el barranco que desda el Aconcagua se extiende hacia el Pacifico esta Valparaíso. Cuando uno llega allí sobrecoge el silencio de sus calis» y la ensimismada manera de sus gentes. Pueblo éste de distinción humana, combativo e indolente, engreído y servicial. El chileno está absorto por lo que ocurra en Europa. Pero hay otro tipo allá a quien todo esto le tiene francamente sin cuidado. Este tipo humano es una extraña mezcla da coraje y resignación. Vive una vida de argonauta. entre la pesca y la aventura terrestre, y los puertos del Pacífico conocen su inteligencia, La naturaleza no ha sido generosa o o n él, tampoco pare». HA hecho de su» hábitos una extraña mésela de orgia y estoicismo. Se ha servido de loa do» resortes con los que el alma chilena «ata forjada; con el orgullo español y la soledad autóctona. Nada le abdica de sí mismo, vagabundea para librarse de la presión del mundo social. Es espontáneo y sus alimentos preferido* son la» hurnitas de mala y la palta, que deja pastosa la boca >y nutrida la sangre.

En estos tipo» humanos encontramos —«asi sublimado»—, ya que la presión social es muy otra que en nuestra» tierra», uno» valorea qu» no pueden dejarse de admitir como propios, aunque sean distinta» las «sonoridades del idioma y diferentes loa acentos del mar y de la tierra.

Maeztu señaló también con apunte certero al humanismo del orgullo. (Propio éste de lo» pueblos anglosajones y cuya concepción religiosa de la vida parece resumirse: aquel hombre a quien sonría la fortuna y el éxito podrá contarse entre los elegido». El anglosajón vio en sus triunfo» económicos y políticos una prueba evidente do que habla sido destinado a regir y a mandar.

ffin olerto pais de la América nórdica, allá donde la naturalesa no se hace impresionista como en el Sur, donde la soledad ambiente ea tan fuerte que elimina todo goce interior, he pensado en esta triple división de D, Ramiro, y me ha sorprendido su certera visión.

El diálogo fácil está ausente de nuestro entorno. La pulcritud ha sustituido los alimentos improvisados que nos ofrece la vida. Nuestra cultura latina, producto del agora, se ha embutido allí en unos moldes perfectos que son tan prácticos como esa» tiendas y esos edificios.

El otro humanismo de que habló Maeztu ea el materialista. Cerca de la frontera austríaca he podido apreciar esta forma de vida: triste, fatalista y agresiva. Anclado, por las circunstancias históricas,

en aquella» regiones, el marxismo se ha servido del hombre como materia d* experimentación. Un profundo vacio daña allí al alma. Una atmósfera de idea» fuerzas—rfalacea-npreaide la vida social. Un eslavismo redentorista pretende vencer lo imposible y poner alas en la misma nada. Sato contraste, mesiánico, nihilista, ahoga el alma y nuestra sensibilidad.

Estos trea humanismos han generado tres sociedades distintas. ¿El presente y el futuro preparan la colisión entre estas formas de vida? ¿D* dónde partirá la fórmula para el próximo porvenir?

Pienso con el mismo entusiasmo, ahora aquí, en Canadá, como allá en Madrid en «1 Seminario de Prelogia, como en aquella dorada tarde de Apipucos, oyendo a Gilberto Freyre. Ese entusiasmo arranca profundo y quiere unir dos nombres: Maeztu y América.

José CÓRDOBA TRUJILLANO

 

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