Autor: ;S. J.. 
 Cincuenta años en pie de servicio. 
 El Instituto Católico de Artes e Industrias, cantera de técnica     
 
 ABC.     Páginas: 2. Párrafos: 14. 

CINCUENTA AÑOS EN PIE DE SERVICIO

EL INSTITUTO CATÓLICO DE ARTES E INDUSTRIAS, CANTERA DE TÉCNICA

"... hay que confesar Ingenuamente que es una labor patriótica y una lección de primera la que ios Padres de la Compañía de Jesús darán con la apertura de su Escuela Católico-Industrial del paseo de Areneros, Madrid. Venga, pues, la solución singular, >¡ue e« una necesidad tremenda, sentida en España como en parte alguna."

EL ilustre Ingeniero español don José García Benitez saludaba así, desde la revista "La energía eléctrica", en 1908, la maciza fábrica de ladrillo rojo, asentada sobre un terreno de escombros y de arena,.

La solidez fue muy problemática cuando las excavaciones regurgitaban «in tregua entre la areniza nuevos depósitos de una viejísima escombrera del antiguo Madrid. 23 arquitecto don Francisco Fort, que no llegó a ver terminada la fábrica de su edificio, con la original torre ajedrecística •hoy apenas conocida para la circulación de Alberto Aguilera, por haber Quedado relegada la fachada en la calle recoleta de Santa Cruz de Marcenado—, solucionó el problema de la cimentación, iperíorando el ingrato solar. Los pozos eran hasta de veinticuatro metros, y al consistente mortero que los abarrotó, forma los gigantescos soportes del flamante y sereno edificio. En sentido casi estrictamente literal puede asegurarse que ahí están enterrados los dos millones de pesetas que iniciaron la fundación del Instituto Católico de Artes e Industrias (I. C. A. I.}. Se debían a ios señores marqueses de Vallejo, cuya generosidad cubrió, a principios de siglo, a casi

todo Madrid de espléndidas fundaciones, como el Hospital de Convalecientes y la Fundación Vallejo. El I. C. A. I. debe BU origen, con sentido reconocimiento, el primer eslabón de una serle de donantes, entre lo* que se contaron también los duques de Pastrana y lo» marqueses de Blanco-Hermoso.

Todavía Inacabado, se abre la primera matrícula en otoño de 1908. Hay que forzar el rendimiento de la vida, un trapito Insignificante de niños inicia su bachillerato 7 un tropel de jóvenes obreros acampan en las nuevas aulas. ¿Qué es lo que pretenden? No es tan fácil saberlo, porque la historia de los orígenes no preocupa en los primeros lustros, y las revistes "familiares" no existen aún. Pero todavía vive y sonríe—viejo nonagenario de increíble humar—el padre Ángel Ayala. de inagotable fibra "fundacionista". Fue su primer rector. Antes d« gobernar, se convierte en viajero por tierras de Francia y Flandes, rastreando instituciones de tipo técnico-profesional. Encuentra el arquetipo en Lille: se llama "Institut Catholique d´Arts et Métiers (I. C. A. M.), que el fundador español reajusta transformando certeramente el "oficio" (métier) en "Industrias". Bajo la dirección técnica >d« don Mariano Bastida, ingeniero industrial, la juventud madrileña de ciertos sectores humildes se abre paso a la habilidad profesional y la industria.

Los dos años siguientes se alistan sucesivamente en la dirección de la obra, el padre Félix García Polavieja—de maravillosa fibra temperamental, hecha de fuerza y cerebro, templada para la organización— y el genial y sencillo padre Pérez del Pulgar, el nombre que ha impregnado la historia del I. C. A. I., por su jerarquía técnica, su intuición pedagógica y sus conmovedores rasgos humanos.

A su brillante carrera de Ciencias Físicas, añadió un curso en Lieja con Gerard, y dos en Gothingen, con Klein e Hilbert. Aterrizó también por las Escuelas Técnicas de Charlottemburg, Colonia, Bonn, Friburgo, Zurich, Manchester, Amsterdam, Cambridge. El fue principalmente quien —en animosa unión con don Carlos Mataix, don Pedro Artiñano y don Carlos Bastida, todos Ingenieros Industriales—manipuló sobre la confusa materia técnico-estudiantil, imponiendo claridad y orden, dividiendo las aguas en estudios meramente profesionales de obreros calificados, y enseñanza técnica superior. La Escuela de Ingeniería Electromecánica del I. C. A. I. nacía.

¿Se desviaba el padre Pulgar del propósito establecido por algunos de los fundadores, que invertían su donativo en una "obra social"? Dejemos que el .padre Pulgar se defienda:

´U quienes parezca extraño que este Instituto, que comenzó por poner su principal empeño en la enseñanza obrera, haya tenido que establecer estudios superiores de Ingeniería, la experiencia más decisiva les Semuestra que para que una escuela obrera pueda tener la orientación, los planos •le taller nuevos y apropiados, los ensayos ie materiales y herramientas que emplea y hasta el prestigio necesario para atraer as! & obreros inteligentes y trabajadores, ha de radicar necesariamente o en una fabrica que la utiliza para prepararse su persona o una Escuela Superior •&« Ingeniería, cuyos ejercicios engranados y armonizados con los de la Escuela Elemental den a los trabajos manuales del obrero el complemento de la industria real."

´El padre Pérez del Pulgar veía otras razones, como la de dotar a la Escuela Profesional de .un Claustro competente, amén de la utilización de talleres y laboratorios cabales, y del amparo económico que un centro de pago brinda a toda institución •gratuita que crece a su sombra. Sin embargo, «l alcance ¿e esta esperanza ha resultado muy ambiguo: en realidad ha constituido un doble prodigio el mantenimiento, durante una cincuentena, de las dos Instituciones docentes. La clase media corriente de España y los sectores modestos no pueden hoy soportar las cargas de una Enseñanza Técnica Superior libre, con las cuantiosas partidas de adquisición, renovación y entretenimiento de laboratorios adecuados a la ingeniería electromecánica; en especial si, como es la característica de los Ingenieros del I. C. A. I., las prácticas de laboratorio y taller reclaman casi la mitad de sus actividades académicas. El Estado ha socorrido tambi´én las exigencias económicas d«l t. C, A. I. Pero, en realidad, el sostenimiento y el implacable desarrollo de la Escuela, en su doble vertiente profesional e Ingenieril, se ha debido al entusiasmo de muchos y la generosidad de bastantes, que han tenido a bien invertir graciosamente parte de sus bienes patrimoniales en la prosperidad de la enseñanza técnica en nuestra Patria.

Y lo que parecía imposible, se tía realizado. Una institución particular, rebosante d« te y de servicio, ha puesto en pie el milagro de una Escuela Superior de Ingeniería, en un país donde las obras costosas esperamos que nos las regale el Gobierno. Ante la Europa Ubre y otros pueblos cultos o industriosos, el Instituto Católico de Artes e Industrias ondea como una bandera de vitalidad privada y dé fecundidad extraoficial. Este prodigio es una afirmación de fe de nuestra capacidad creativa, que tanto precisamos.

Resulta alentador el parabién que un Ingeniero ajeno al I, C. A. I. daba a la naciente Institución desde "La energía eléctrica", hace cincuenta años. Alientan las múltiples colaboraciones de ingenieros industriales, que asistieron al esfuerzo creador del padre Pérez del Pulgar, demostrando neta preferencia por el bien colectivo, más que por posibles intereses de clase, que los hombres bien nacidos inmolan, si es preciso, en aras de un servicio mayor.

Como manifestación de la anchura de corazón por parte de la docencia oficial, e?e Coloquio Universitario que como pórtico del cincuentenario tuvo lagar, con catedráticos y letrados, sobre un tema candente de enseñanza superior, en el Instituto Católico de Artes e Industrias. Detalles que refrendan la "comunidad española"—superando Intereses o diferencias .partidistas—a fin d* infundirnos e infundir espíritu en la Comunidad de pueblos europeos que apremia alcanzar.

Estos días ´primeros de mayo celebra el Instituto y el Colegio de Areneros sus fiestas "familiares´, dejando para otoño, en la clausura, las de índole técnico-social, de mayor proyección nacional.

M. S. G., S. J.

 

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