Autor: Solís, Ramón. 
   Grazalema, un pueblo venido a menos     
 
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GRAZALEMA, UN PUEBLO VENIDO A MENOS

Por RAMÓN SOLIS

POCOS españoles «aben que en plena provincia de Cádiz, en lo más meridional de España, hay un pueblecito serrano que da con frecuencia la máxima anual de lluvia. La popularidad de Santiago de Compostela que todos! nos figuramos siempre bajo el azote pertinaz y constante del agua menuda de la lluvia encaja perfectamente dentro de la región en aue esta emplazada. No ocurre lo Mismo con Grazalema. Es frecuente en; la mentalidad española que se asocie al norte con la idea de lluvia y de frió y el sur con la da sequía y calor. Sólo una de las determinantes del clima, la latitud, 83 tiene en cuenta prescindiendo de la altitud. Por eso causa sorpresa qua este pueblecito quinteriano le dispute a un pueblo gallego la primacía «n materia tan poco andaluza, Claro que la lluvia cae de muy distinta manara en uno y en otro lugar. En Grazalema llueve a raudales, de tal manera que bastan muchos menos días lluviosos para que el agua calda supere con creces las cifras norteñas.

Grazalema desmiente la creencia popular de que los pueblos andaluces se acicalan clon la cal para combatir el sol y i el calor. En Grazalema la cal es compatible con la lluvia e Incluso con la nieve, La Cal le cubre todo, las fachadas, la piedra, incluso los escalones de las casas. Es una de tantas singularidades de este pueblo que es el único que presenta un paisaje alpino de pinsapos en estas latitudes.

Un día de nieve en Grazalema es una redundancia; lo blanco sobre lo blanco, la nieve sobre la cal. Vale la pena subir á la serranía para verlo, aunqus duelan les ojos de tanta blancura. Pero las singularidades de Grazalema no son sólo las meteoroíógicas. Grazalema es un pueblo señorial, un pueblo de otros tiempos, Un pueblo venido a menos. Se podrían dividir los pueblos de España en dos grande* ¿rapas: líos que crecen y los que vienen a menos. Grazalema es de estos últimos es decir : de los pueblos bonitos, con soleta. Los pueblos qua crecen suelen ser destartalados, tienen muchas sucursales de Banco—nada hay tan absurdo, arquitectónicamente, como una sucursal de Banco pueblerina—, y dan la Sensación de estar siempre a medio hacer. Por aquí por Andalucía estos pueblos están lleno» de mosaico as colorines. En cuanto que un comerciante hace ¡dinero, cor esta* tierras, orla tas puertas y ventanas de su casa, con mosaicos chillones, pone luz blanca en el zaguán y pinta la fachada de rojo o de verde. En Grazalema sólo hay una casa que no sea blanca, corresponde a una entidad comercial y el rojo del que está pintada es el rubor de todo un pueblo escandalizado. Está plantada en medio de la plaza con ostentación del domingo del almanaque, pero nada tiene que ver con el pueblo. Es un añadido que le han traído de fuera.

Grazalema es un pueblo de los pus van a menos, de los que miran, para atrás para buscar su propia personalidad, y que se complace en mostrar su pasado en la finura de su trazado, en sus rajas, en sus portadas. Es un pueblo que destaca sobre todos los que le rodean—muchos de ellos pueblos ricos—, con esa sabiduría que da el tiempo y que no necesita da grandes cosas para impresionar y llamar la atención. Le basta con una maceta colocada en su sitio exacto, con una reja, una de esas severas rejas de la sierra de Cádiz, oportu-

 

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