Autor: Massip Izábal, José María. 
   La entrevista Eisenhower-Franco, una de las más importantes celebradas por el presidente  :   
 Aumenta la importancia estratégica de las bases instaladas en España. 
 ABC.    23/12/1959.  Página: 49. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

LA ENTREVISTA EISENHOWER-FRANCO, UNA DE LAS MAS IMPORTANTES CELEBRADAS

POR EL PRESIDENTE

AUMENTA LA IMPORTANCIA ESTRATÉGICA DE LAS BASES INSTALADAS EN ESPAÑA

Washington 22. (Crónica telefónica de nuestro corresponsal.) Un corresponsal de la red de la "Columbia

Boadcasting" decía esta mañana, radiando desde Madrid, que las dos horas y media de conversación en El

Pardo, a la hora del desayuno, entre el Presidente Eisenhower y el General Franco, han sido de las más

importantes entre las celebradas por Eisenhower en Europa.

La crisis de la alianza atlántica; la situación económica española y la cooperación militar entre España y

Estados Unidos han sido, según dicho corresponsal, los temas ampliamente tratados por Eisenhower y

Franco. Lo que quería decir el corresponsal es que la visita del Presidente a Madrid no ha sido un gesto

meramente protocolario, sino un acto político dirigido a mantener la alianza hispanoamericana en el nivel

de actividad y efectividad que le corresponde. La alianza española—en un momento de crisis del O. T. A.

N.—es un factor preponderante en el pensamiento de Eisenhower. E1 hecho de que en Casablanca el

Presidente haya concertado hoy con el Rey de Marruecos la evacuación de las bases americanas para

1963 valoriza todavía más el dispositivo defensiva peninsular. Sea quien fuere el próximo Presidente de

Estados Unidos, cualquiera que sea la evolución política de la España del futuro, este hecho persistirá

para beneficio de ambos países. No depende de un accidente o una personalidad política, determinada. El

secreto de la España del futuro es su presencia en Europa y en América, justificada por su geografía, su

historia y su idioma. Pensando en la España del 98 se echa de ver en seguida el significado de la visita de

un Presidente de Estados Unidos a Madrid.

Eisenhower llega esta noche, a las once, hora americana, a esta capital, de regreso de Madrid y

Casablanca. A pesar de la hora, la ciudad de Washington ha hecho considerables preparativos para recibir

al Presidente. Nueva York pidió que Eisenhower aterrizase allí y desfilase por Broad-way.El Presidente

no ha aceptado la invitación, porque necesita tiempo para los problemas nacionales e internacionales que

le esperan después de su viaje. Desde mañana tendrá que dedicarse a ellos, con muy pocas posibilidades

para descansar. Por la noche, mañana, se dirigirá por televisión al pueblo americano, dándole sus primeras

impresiones de viaje. Las conclusiones políticas del mismo, en toda su amplitud, irán en el mensaje sobre

el "estado de la Unión", que el Presidente lee en enero ante las Cámaras del Congreso. Su programa para

los primeros meses de 1960—año de elecciones presidenciales— va a ser extenuante: los problemas del

O. T. A. N.; visita de De Gaulle a Washington; superconferencia occidental con Rusia, en abril;

proyectado viaje a Iberoamérica; visita a Moscú. Si su salud lo resiste, 1960—su último año en la

presidencia—será una de las etapas más agitadas en la vida de Eisenhower.

Un corresponsal que acompaña a Eisenhower en su viaje calculaba hoy que unos nueve millones de

personas han visto y aclamada al Presidente en el curso de su itinerario, y se preguntaba los efectos que su

personalidad puede haber tenido sobre semejantes masas. Una cosa—decía—son los aplausos entusiastas

de la calle, y otra, muy diferente, las realidades políticas internacionales. Ello es evidente. Pero también lo

es que las realidades políticas internacionales se apoyan en atmósferas de buena o de mala voluntad; de

simpatía o de antipatía. El haber sabido estimular un clima de cordialidad entre las masas populares de la

mayoría de las naciones que ha visitado y el símbolo político máximo de Estados Unidos

independientemente de las cuestiones concretas—es ya una gran victoria en la guerra, por la convivencia

y la paz. Un madrileño o un ateniense, un hindú o un moro de Casabtan-ca, que por primera vez hayan

visto en sus calles a ese Presidente que les ha visitado—tomándose una Inmensa fatiga personal y

poniendo en peligro su precaria salud—, tendrán, inevitablemente, una idea mejor del país que representa

.Alguien que les visita así, sin firmar un Tratado, sin establecer un Pacto sin fijar unas condiciones, más

que cooperación en la amistad y en la paz, es algo excepcional, diferente del concepto que se tuvo hasta

ahora de semejantes viajes.

Notoriamente, el éxito del viaje de Eisenhower a tres continentes beneficia, a la larga, al partido

republicano—su propio partido—en un año de elecciones presidenciales. Pero sería equivocado pensar

que una aspiración política de partido exclusivamente haya impulsado al mal político que es Eisenhower a

lanzarse a este viaje. Es posible que haya pensado en él, después de todo, pero como una cuestión

secundaria. Lo que realmente importaba al Presidente era llevar al mundo el mensaje de una América que

aspira a la convivencia y a la paz.

Desde luego, el diplomático profesional, con otras ideas de estos problemas, encontrará que Eisenhower

ha perdido el tiempo. No lo cree. No sólo ha llevado a las masas el mensaje de su América, sino que ha

conocido países y dirigentes políticos a quienes desconocía y tratado con ellos de cuestiones de interés

mutuo. Acaso, lo que es más importante ha sacado a. Estados Unidos de los límites fríos y estrictos de las

alianzas y los tratados, de los gabinetes y los consejos, para enfrentarla con las realidades de los pueblos,

tales como son. Una nación de la posición de Estados Unidos no puede tratar a los países del mundo

como simples nombres en los mapas; como factores deshumanizados de una estrategia determinada: tiene

que ver la cara de las gentes, oír su lenguaje, entrar en sus costumbres y conocer de primera mano sus

preocupaciones.

Esto es lo que ha hecho el Eisenhower, que regresa a Washington esta noche, después de recorrer once

países en tres continentes.—José María MASSIP.

 

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