Autor: Kindelán Duany, Alfredo. 
   Apostillas a un reciente periplo  :   
 Simpatía, admiración y deseo de paz. 
 ABC.    24/12/1959.  Página: 51. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

APOSTILLAS A UN RECIENTE PERIPLO

Simpatía, admiración y deseo de paz

Recién terminado el viaje que tan gran actualidad ha dado a la figura del presidente Eisenhower, puede

ser oportuno el comentario sobre los motivos del innegable gran éxito, obtenido por nuestro ilustre

visitante, de hace pocos días, en todo su recorrido intercontinental.

Las noticias y fotografías que a diario nos ha venido sirviendo la Prensa y las estampas de la televisión

nos han permitido apreciar las magnificas, multitudinarias recepcines del presidente americano, en

cuantos países visitó; la de Madrid, una de las más nutridas y entusiastas, la hemos podido ver, por

nuestros propios ojos, el pasado lunes.Hemos visto ovacionar al ilustre visitante a una muchadumbre

abigarrada de hombres y mujeres, viejos y niños, madrileños y provincianos; todos unánimes en él

aplauso cordial.

Deben existir causas profundas para que masas de tantos y tan diversos países coincidan en un mismo

fervoroso entusiasmo; en Nueva, Delhi, en Ankara, en Karachi, en Atenas y en Madrid.

En mi opinión, a, tres cansas principales obedece tal unanimidad sentimental: las que se concretan en el

subtítulo de este artículo. La simpatía es un don que Dios otorga a algunas personas; una de ellas es sin

duda, el actual presidente de los EE. UU; basta ver su rostro amable y sonriente, y el gesto de sus brazos,

en acogedora actitud de abrazar, para que a la mente de todos venga la idea de que se trata de un buen

hombre; de un hombre bueno, franco, afable, amante del Bien y pródiga en sus afecciones.

Esta primera impresión intuitiva se afirma y consolida al seguir las incidencias de su vida, tanto pública

como privada, divulgadas por la Prensa. Podrán discutirse sus cualidades militares, tácticas y estratégicas

en la guerra; pero no su hábil diplomacia, que le sirvió para salvar difíciles momentos que se le

presentaron en su difícil mando de un Ejército internacional. Podrán discutirse también se discuten—sus

aptitudes como político y gobernante; pero todo el mundo le reconoce: una entera entrega a su misión, un

sincero deseo de paz y un constante deseo de interpretar los deseos de su pueblo, para servirlos. A la

simpatía personal, que se concreta en la irrespetuosidad cariñosa con que sus conciudadanos le llaman por

su apodo familiar, "Ike", ha de atribuirse en buena parte la espectacularidad del periplo que comentamos.

Otra parte del mismo ha de cargarse al respeto al poderoso, a la admiración gregaria de las masas al fuerte

y potente, al que ve situado en la cumbre. Hoy es, sin duda, Eisenhower el hombre dotado de mayor poder

del Universo. Ésto lo intuyen las multitudes, y lo conocen a través de la Prensa, el cinematógrafo, la radio

y la televisión. Aplauden al fuerte, al caudillo de una poderosa ración.

Una tercera razón de las ovaciones colectivas consiste en el anhelo de paz que siente el mundo entero

subconsciente en los más, razonado en quienes ven la amenaza próxima de una guerra coma jamás

conoció oirá, la. Humanidad. Unos y otros ven en "Ike" el más sincero defensor de la paz y el que más

puede hacer para evitar la guerra. Se da cuenta, de que un anciano de salud precaria, sin aspiraciones

políticas, en su último año presidencial, emprende un duro y peligroso viaje con el único fin de predicar la

paz en once naciones de tres Continentes; sin apetencias territoriales ni propósitos de firmar Tratados y

Convenios, sino alentó sólo a su misión de paz cual nuevo apóstol de Cristo.

Voy a poner de colofón a estas líneas una última apostilla, que parecerá tal vez trivial, pero a la que me

induce el recuerdo de una frase de un célebre tratado de cronología: "No es preciso tocar las castañuelas

pero de tocarlas, tocarlas bien."

Los encargados de preparar a "Ike" tres docenas de discursos para ser pronunciados en las sucesiva

escalas del periplo pudieron no tomar citas de la Biblia, pero de hacerlo, estaban obligados a no incurrir

en anacronismos. En dichos discursos, así como en los de contestación de los anfitriones, alúdese

reiteradamente al final del cántico que San Lucas atribuye a los ángeles cuando adoraban al Niño Jesús,

en el portal de Belén traduciéndolo todos Con las siguientes palabras: ´"paz a los hombres de buena,

voluntad".

•No dijo eso San Lucas. Se trata de un error de traducción. Es sabido que toda nuestra liturgia está

inspirada en la Vulgata, traducción al laTín, en el siglo IV, de los, originales griegos y DE alguno arameo.

En la traducción se desusaron algunos errores, ya hoy rectificados. La frase en el original de San Lucas

era : "Apiges airena en antrophois endokias".

Cuya traducción correcta, es:

Paz a los hombres, aviados de Dios —o del Divino agrado, según el padre Bower.-Alfredo KINDELAN

 

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