Autor: Martínez, Julián M. . 
   Stalin propuso acabar con el régimen de Franco     
 
   18/03/1975.  Páginas: 1. Párrafos: 16. 

STALIN PROPUSO ACABAR CON EL REGIMEN DE FRANCO

Por Julián M. MARTÍNEZ

LONDRES, 18.

Documentos británicos de la Conferencia de Potsdam puestos ahora a disposición del publico después de

permanecer secretos reglamentariamente durante treinta años revelan cómo Stalin trató de ganarse el

apoyo de los aliados occidentales para acabar con el régimen español del general Franco en 1945. La,

proposición de Stalin fue acogida favorablemente por el entonces presidente americano Truman y

rechazada por el premier inglés Winston Churchill. Posteriormente, el ministro del Foreign Office, el

laborista Ernest Bevin, volvía a oponerse al plan soviético, que había sido presentado el 19 de julio

durante la tercera sesión de la conferencia.

PERO CHURCHILL SE OPUSO AL PLAN SOVIETICO

La propuesta soviética señalaba que «el régimen de Franco representa un grave peligro para las naciones

de Europa y América amantes de la libertad».

Según informaba ayer el «Daily Telegraph» —el único periódico londinense que da cuenta de estos

documentos secretos puestos a disposición publica ahora en la oficina de archivos públicos—, el plan

ruso sugería: «Romper todas las relaciones con el Gobierno de Franco» y «prestar apoyo a las fuerzas

democráticas en España y permitir al pueblo español establecer un régimen que respondiera a sus

deseos». Churchill —según los documentos ahora revelados— dijo que él detestaba el régimen de Franco,

pero veía algunas dificultades en la propuesta para qué las recién formadas Naciones Unidas rompieran

todas sus relaciones con él. Ello podría incitar el orgullo de los españoles, apiñándose fuertemente

alrededor de Franco.

DIALOGO

Churchíll no era partidario de interferir los asuntos internes de otro país.

Truman dijo que él estaría encantado en reconocer un Gobierno distinto al del general Franco. Pero que

era una cuestión de España el establecerlo. El diálogo entre los tres estadistas continuó así:

Stalin: «¿Entonces no cambiará nada?»

Truman: «No, necesariamente.»

Entonces Stalin sugirió una forma más moderada de manifestarse contra el régimen español, y Truman

dijo que él «estaba perfectamente preparado para seguir este camino».

Churchill volvió a señalar que él rechazaría este sistema. Era una cuestión de principio el no interferirse

en los asuntos de otro país.

Stalin: «No se trata de un problema doméstico, sino de un peligro internacional.»

Churchill; «Eso podría decirse casi de cualquier país.»

Stalin: «No existe un régimen tal en otro país de Europa»

Churchill: «¿No es Portugal también una dictadura?»

Stalin: «El Gobierno portugués (del doctor Salazar) surgió de un acontecimiento interno. El de Franco

surgió por la intervención de Hitler y Mussolini.»

Churchill: «Yo no estaría en condiciones de aconsejar a la Cámara de los Comunes para que el Gobierno

de Su Majestad tome la acción sugerida.»

Según la misma información, mientras se discutía la cuestión española, un telegrama del Foreign Office

llegaba a la delegación británica en Postdam dando cuenta que en Bulgaria —que se iba a admitir en las

Naciones Unidas, mientras se excluía a España— las milicias comunistas habían dado muerte a 40.000 o

50.000 personas.

Diplomáticos occidentales, ansiosos todavía de agradar a sus aliados rusos, elaboraron un proyecto de

declaración calificando al Gobierno español como «pernicioso para ser miembro de las Naciones

Unidas», dado su origen y su asociación con los Estados agresores.

Un elaborado borrador de declaración estipulando las condiciones con las que Estados neutrales y ex

enemigos podían obtener reconocimiento y «status» en las Naciones Unidas —pero todavía marginando a

España— fue presentado el 28 de julio para su aprobación por el Gobierno laborista. Pero el ministro del

Foreign Office, Ernest Bevin, sabiendo que se estaban haciendo otros acuerdos entre bastidores en los que

no se estipulaban condiciones de reconocimiento a través de procesos verdaderamente democráticos, hizo

una observación memorable. «Debemos ser absolutamente rectos con el pueblo británico y no qui-

siéramos cubrir con palabras el efecto real de lo que ha sido decidido.» Tras esta intervención, Stalin

aceptó la objeción británica y abandonó la idea de un frente abierto aliado contra España contenido en la

declaración, que fue modificada totalmente.

18 de marzo de 1975

 

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