Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
   ¿Relaciones diplomáticas Madrid-Moscú?     
 
   07/06/1975.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

¿RELACIONES DIPLOMATICAS MADRID-MOSCU?

Por Abel HERNÁNDEZ

España y la Unión Soviética estan manteniendo contactos profundos con vistas al eventual estable-

cimiento de relaciones diplomáticas plenas entre los dos países, tras una etapa preparatoria de relaciones

de segundo grado. Aunque por ahora no se prevé para fecha próxima que haya embajador de España en

Moscú, existe la impresión de que en sano realismo diplomático no se puede permanecer mucho tiempo

sin jugar con toda la baraja.

En esté contexto adquiere especial relevancia el encuentro que ha mantenido en Helsinki el futuro Rey de

España con el embajador soviético en la capital finlandesa, con quien también se ha entrevistado el jefe

de la diplomacia española, don Pedro Cortina. Asimismo, merece especial atención el canto a la

neutralidad hecho por el Príncipe de España ante el Presidente finlandés, Urho Kekkonen.

Otros indicios ciertos de acercamiento entre Madrid y Moscú, significativamente surgidos estos días, son:

conversaciones para el establecimiento de un convenio cultural y primera reunión a finales de este mes en

la capital soviética de la comisión mixta prevista en los acuerdos de 1972. Irán altos funcionarios de

Asuntos Exteriores y Comercio. En este clima de "deshielo" ha estado la semana pasada en Madrid el

representante diplomático español en la U.R.S.S., embajador Ibáñez.

Don Gregorio López Bravo, en su etapa de ministro de Asuntos Exteriores, acariciaba la idea de la plena

apertura de España al Este. Las negociaciones subterráneas con Moscú iban por buen camino. Pero en las

altas instancias de Madrid surgieron, al parecer, obstáculos, insalvables por el momento, a este

reconocimiento diplomático. Se trataba, en resumidas cuentas, de razones de política interna, emanadas

del recuerdo de la guerra civil de 1936-39. Algunos sectores españoles que hicieron la guerra no verían

con buenos ojos al embajador de la Unión Soviética presentando sus cartas credenciales al general Franco

en el palacio de Oriente.

Con este frenazo se derrumbaron las fichas de dominó de la "ostpolitik" española. Los países de

la Europa socialista —Hungría, Polonia, Rumania, Bulgaria, etc.—, que estaban prácticamente estudiando

dónde instalar su Embajada en Madrid, desistieron de toda negociación hasta que se patrón (Moscú) fuera

reconocido por el Gobierno español.

Desde entonces han cambiado mucho las cosas, tanto en el tablero internacional como en la propia

España. La opinión pública española más lucida aplaudiría ahora encendidamente la plena normalización

diplomática con la Europa del Este, y, con excepción de pequeños reductos —cada día menos influyentes

en la vida nacional—, la inmensa mayoría de los españoles vería con buenos ojos, como algo lógico, este

reconocimiento diplomático de los pueblos del este-europeo.

Quizá, sin embargo, el factor determinante fue esta reactivación de la "ostpolítik" española venga, de

fuera. En Madrid ha sentado muy mal el "esquinazo" sonado de 1a O.T.A.N. al régimen español en la

reciente "cumbre" de Bruselas y las constantes chicuelinas de la C.E.E. España está cansándose de ser un

país de segunda categoría en Europa occidental. Por otra parte (y no es razón secundaria), los

negociadores españoles tendrían mucha más capacidad de opción y de maniobra a la hora de establecer

nuevos acuerdos con U.S.A. o de no establecer ningún acuerdo defensivo. En resumidas cuentas, esta

operación al Este daría más bazas al palacio de Santa Cruz para negociar con el Oeste, y seguramente un

respiro a la pobre balanza comercial.

Según nuestras noticias, Moscú está deseando este mutuo reconocimiento diplomático y está haciendo

todas las gestiones oportunas, con la máxima discreción, para llegar aceleradamente a un acuerdo con

Madrid. Don Pedro Cortina, cuya táctica consiste en moverse entre bastidores, como su apellido indica, y

que sigilosamente fue personaje clave desde la Embajada en París para el reconocimiento diplomático de

Alemania del Este, puede guardarse en la manga este golpe de efecto (en la cuestión del Sahara ha

demostrado que sabe darlos). De cualquier forma, su encuentro con Stepanov en Helsinki ha sido a la luz

del día, o mejor, a la luz del sol de medianoche.

 

< Volver