Realpolitik española     
 
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"REALPOLITIK" ESPAÑOLA

SIENDO ministro de Asuntos Exteriores don Fernando María Castiella, España inició una apertura

comercial y diplomática hacia el Este europeo, continuada con acierto por el actual ministro, don

Gregorio López Bravo. Un tercio de la Humanidad vive en régimen socialista y no habría nada más impo-

lítico que ignorar ésta realidad. El fin de la guerra fría, la distensión en Europa, la pérdida de «hegemonía

exclusiva» por parte de los dos «grandes» tradicionales y finalmente, el entendimiento entre las dos

Alemanias, obligaban a esta «realpolitik» española, que ahora alcanza una notable cota con el reco-

nocimiento, al parecer inminente, de la República Democrática Alemana y el anuncio de un próximo

intercambio de embajadores entre Madrid y Pankow,

Ya puede afirmarse que está «madura» nuestra apertura al Este. Las relaciones comerciales y consulares

establecidas primero con Rumania y después con Polonia., Checoslovaquia, Hungría y Bulgaria, han sido

plenamente satisfactorias para cada parte. El protocolo comercial de septiembre último con la Unión

Soviética —recientemente ratificado por las Cortes—.supuso otro hito en esta paulatina normalización de

relaciones, por cuanto supone un primer paso para las relaciones diplomáticas que ellos quieren, y por

cuanto clarificó en la consiguiente discusión de Cortes los malentendidos que pudieran albergar algunos

españoles hacia esta diplomacia de la realidad.

A mayor abundamiento, el Jefe del Estado, por segunda vez consecutiva, en sus habituales mensajes de

fin de año, se refería el pasado 30 de diciembre a esta óptica de política internacional con las siguientes

palabras: «En el orden internacional, España, fiel a los principios que tantas veces hemos repetido, de no

injerencia en los asuntos internos de cada país, de respeto mutuo y apertura a todos los mercados, ha

participado activamente en el mundo (...). Creemos en el diálogo como instrumento de entendimiento y de

equilibrio aun entre sociedades dispares entre sí por su forma de entender la convivencia política. Hemos

de vivir de realidades, no de quimeras. El mundo es como es y no como quisiéramos que fuera. Ante una

realidad permanente de tantos años y un afianzamiento constante de nuestra fortaleza, hemos abierto las

puertas a la intensificación comercial con los países del Este de Europa, sin ceder en nada de lo que nos es

consustancial ni bajar la guardia con que protegemos lo nuestro...»

Ahora esa política, contraria a un aislamiento mezquino e irreal, da un importante paso con el

reconocimiento de Alemania oriental. Se esperaba que el primer intercambio de embajadores con un país

del Este europeo se llevara a cabo con Polonia o Rumania. Va a ser con la República Democrática Alema-

na, uno de los regímenes más ortodoxos del Pacto de Varsovia. No hay en ello capricho o casualidad, sino

participación española en una política europea y mundial bien definida. Reconocer a Pankow responde a

exigencias de distensión en Europa y resulta coherente en estos momentos con nuestras buenas relaciones

con la República Federal Alemana. Bonn fue quien propició el actual reconocimiento masivo de la otra

Alemania, poniendo fin a una zona de roce y tensión en el centro de Europa.

Ahora, en mayor o menor medida, España mantiene relaciones diplomáticas con todos los miembros del

Pacto de Varsovia. Al intercambio de embajadores con la R. D. A. seguirá —así se espera— idéntico paso

con Polonia, Rumania, Checoslovaquia, Hungría, Bulgaria y la U. R. S. S. Con Yugoslavia las difi-

cultades de un entendimiento —la plana mayor del Régimen yugoslavo está compuesta por antiguos

combatientes de las Brigadas Internacionales— son menos insuperables de lo que parece, por cuanto el

realismo político de Belgrado es paralelo al de Madrid. Se espera para pronto un acuerdo comercial entre

ambos países, que apoye los intercambios propiciados por el ya existente comité mixto de hombres de

negocios.

Queda Albania al margen de este cuadro de nuestra normalización de relaciones con el Este europeo. Pero

el Régimen de Tirana no se cuadra precisamente a consideraciones de «realismo» internacional. Empero,

su dependencia de China Popular la obligará a salir de su «bunker», dados los nuevos rumbos de la

política exterior de Pekín. Y de cara a Pekín, recordemos nuestro reciente Consulado en Hong-Kóng,

llevado por un hombre clave como Enrique Larroque, y nuestras incursiones por la Feria de Cantón.

 

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