Autor: Fuente y de la Fuente, Licinio de la. 
   La gran derecha y la gran izquierda     
 
 ABC.    30/03/1978.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 16. 

ABC

FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA

LA GRAN DERECHA Y LA GRAN IZQUIERDA

LOS llamamientos que se hacen a la formación de una «gran derecha» o de una «izquierda unida»

pueden ser punto de partida para algunas reflexiones sobre el fenómeno de polarización de las

fuerzas políticas en España. A las que también puede ayudar el examen de lo ocurrido en Francia.

En primer lugar habría que no «enfatizar» tanto las expresiones, y dejarse de hablar de «gran

derecha» y de «gran izquierda», porque la verdad es que, dicho así, parece algo casi «amenazante».

Yo creo que con hablar de un partido importante y moderado de derecha o de centro derecha, y de

un partido importante y nacional de izquierdas, o de izquierda moderada, es más que suficiente.

Y centrando así el tema, es importante partir del hecho cierto de que las elecciones generales

del 15 de junio produjeron el saludable fenómeno de concentrar la increíble dispersión partidista

del período preelectoral en muy pocas fuerzas políticas, con peso en el Parlamento. Una vez más

el pueblo estuvo por encima de los dirigentes políticos e impuso una cierta clarificación del

panorama político, que los personalismos de aquéllos se negaban a aceptar.

Muchas interpretaciones se han hecho sobre el significado de estas fuerzas que, como dominantes,

salieron de la contienda electoral. Si hubiera que utilizar los términos convencionales al uso,

de derechas y de izquierdas, yo diría que por encima de lo que los propios protagonistas se

empeñen en decir, y de los propios nombres, las elecciones alumbraron dos grandes formaciones

políticas: un partido importante de izquierda, el P. S. O. E., y el embrión de lo que podría ser,

y parece que va siendo otro de derechas, U.C.D.

A veces, y para evitar ciertas connotaciones históricas con el recuerdo de algunas manifestaciones

reaccionarias de la derecha, puede convenir tácticamente llamar centro a la nueva derecha, pero

sociológicamente, y en un contexto internacional actual, la ubicación de U. C. D. estaría

básicamente en la derecha.

Mas volvamos a nuestro tema. A estas alturas, y mientras se habla de la gran derecha, o de la

izquierda unida, nos encontrarnos que en lugar de favorecer el principio de concentración de

fuerzas en pocos y grandes partidos, que está demostrado que es la mejor base para el

funcionamiento de la democracia, se está volviendo a fomentar la sopa de letras, a veces incluso

con el pretexto de creación de la «gran derecha» o de la «gran izquierda». Partidos, partidillos

y formaciones de uno u otro signo surgen o resurgen aquí y allá, como aprestándose para colocar a

sus figuras en la primera línea de las futuras coaliciones.

Y no conviene tentar otra vez a la suerte, porque los votos, que se manifestaron contundentes en

las pasadas elecciones, en un propósito de concentración de fuerzas, pueden acabar siguiendo el

juego de los políticos, si éstos se empeñan en continuar jugando a la dispersión, para que haya un

partidito o una capillita para cada líder, aunque luego se liguen o se desliguen, según las

conveniencias coyunturales.

Con la sinceridad con que he procurado escribir y manifestar siempre mis opiniones, tengo que decir

que lo sensato por parte de los políticos sería profundizar en el camino que el 15 de junio marcaron

los electores y tratar de contribuir a consolidar, a partir de los resultados electorales, dos grandes

fuerzas: una derecha moderada, social y progresista, a la que también se puede llamar centro-derecha,

y que, tal como están las cosas, tendría que integrar U. C. D., además de otros grupos, y una izquierda

moderada y nacional, tomando como base el P. S. O. E., con el que deberían también integrarse otros

partidos afines. Creo sinceramente que éste sería el mejor servicio que podría prestarse al país y a

la democracia. Todo lo demás son ganas de complicar las cosas.

Para ello los propios partidos básicos tienen que procurar centrarse más en su papel. Y no empeñarse

en desorientar a la opinión con bandazos de uno y otro signo. Que a veces U. C. D. parece querer ser

más izquierdista que el P. S. O. E. y el P. S. O. E. más radical que el P. C.

El país quiere posiciones claras y distintas, que ni estén en guerra civil permanente, ni se confundan

hasta no saber quién es quién. Y quiere posiciones moderadas de izquierda o de derecha. Ni a la derecha

le favorecerá nada presentar una imagen reaccionaria. Ni a la izquierda le va a favorecer nada

radicalizar su marxismo y su espíritu de lucha de clases, como parece apuntar el proyecto de declaración

ideológica en elaboración por el P. S. O. E. - P. S. P.

U. C. D. tiene que cobrar conciencia de que la ideología de la mayoría de su electorado y de sus

representantes es de derechas, según cualquier homologación internacional moderna. Lo que no le impide

hacer una política social avanzada, sino todo lo contrario, ya que probablemente no es posible una

importante fuerza de derecha moderna y progresiva en nuestro país que no sea socialmente muy avanzada.

Y al hacer esta política no tiene que decir que es de centro-izquierda, ni preocuparse porque otros

lo digan. Ni mostrarse tan reticente a una colaboración con otras fuerzas de ideología similar a la

suya. Una importante fuerza de derechas, o si se quiere de centro-derecha, al margen de U. C. D., tal

como están las cosas, es más que problemática, como no sea con la desintegración de U. C. D. Pero

tampoco U. C. D. puede monopolizar toda la derecha moderada. Lo que sí puede hacer es impedir su lógica

formación; mientras que por muy centro-izquierda que pretenda titularse, no ya a impedir el desarrollo

de la verdadera izquierda.

Al hacer posible esa integración de una derecha moderada, progresista y social (ahora dispersa), se

puede prestar un gran servicio al país: posibilitar que el P. S. O. E., a su vez, sea el aglutinante

de toda la izquierda moderada de España, que sea la izquierda nacional que el país necesita como

alternativa real de poder. Si U. C. D. se empeña en empujar cada vez más a la izquierda al P. S. O. E.,

por deformación de su propia imagen, por empeñarse en no dejarle, alternativa de poder, no hará otra

cosa que contribuir a su radicalización, como estamos viendo. Y puede forzar, incluso, la formación

de un «frente popular» de triste experiencia y de obscuro porvenir para la política española. Porque

la izquierda española no va a renunciar a la conquista del poder, y si no puede hacerlo a través de

un partido importante, lo intentará a través de la coalición de varios, más o menos radicalizados.

Y no quiero alargar demasiado estas reflexiones, que tal vez valga la pena continuar con otros matices.

De momento ahí queda mi visión de una derecha y de una izquierda, fuertes y auténticas. Que no está en

contradicción con otros intentos integradores y, sobre todo, está en línea con el propósito que los

anima, pero que apunta tal vez apreciaciones y orientaciones diferentes.

Entre las muchas encrucijadas históricas que en este momento tejen los caminos de España esta es una

de ellas. Y no de las menos importantes. Los partidos hoy dominantes pueden seguir esos caminos u otros

distintos. U. C. D. puede seguir empeñada en su aislamiento y en su configuración equívoca, en cubrir

desde el centro parte de la izquierda y parte de la derecha, lo que, a mi juicio, será un motivo

permanente de conflictividad interna e inestabilidad externa, y pondrá en juego su futuro político

porque se puede quedar sin derecha y sin izquierda.

El P. S. O. E. en vez de escoger el camino de la moderación, del laborismo inglés o la socialdemocracia

alemana, o los socialismos nórdicos (que no excluye un propósito de profunda transformación social),

puede optar por la radicalización de sus posiciones y acercarse más al modelo francés o al italiano,

con lo que puede llegar a verse desbordado por el comunismo y no ser la alternativa de poder que puede

y debe ser.

Esta es la gran responsabilidad histórica que las elecciones han atribuido a estos dos grandes partidos;

a la que nadie, por otra parte, podemos considerarnos ajenos.

Licinio DE LA FUENTE 

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