Autor: Uscatescu, Jorge. 
   Tito y sus problemas     
 
 ABC.    16/01/1972.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

16 DE ENERO DE 1972.

VENTANA ABIERTA

TITO Y SUS PROBLEMAS

Todo empezó con la autogestión. En la búsqueda de nuevos modelos de socialismo a saber de fórmulas

que puedan salvar la enorme alienación humana producida por las experiencias stalinistas, la autogestión

quiso ser una especie de panacea. Así lo da a entender en uno de sus últimos libros Garaudy, el último

gran hereje del comunismo, al tratar ampliamente de la experiencia yugoslava de la autogestión.

No se trata, como se cree en general, de algo nuevo. La autogestión yugoslava, que pretende ser una cierta

recuperación de la doctrina de Lenin en materia económica, se inicia en realidad en 1950, apenas reali-

zada la ruptura Moscú-Belgrado. Cuando, en 1963, la Constitución yugoslava proclama que la

autogestión quiere «abolir la alienación del hombre ante los medios de producción y otras condiciones del

trabajo», quedaba atrás una experiencia bastante original de organización del trabajo y la economía. Esta

experiencia compaginaba un nacionalismo yugoslavo ante la amenaza exterior del imperialismo ruso, con

la existencia de un grupo de nacionalidades dentro del Estado y una acusada descentralización económica

y administrativo. Fenómeno éste no desprovisto de crisis y convulsiones que culminan a lo largo del año

1971 con la gran crisis de los nacionalismos y del sistema federativo yugoslavo.

Durante años Tito ha querido establecer claramente que su régimen no volvería a la burocracia centralista,

ni a la tecnocracia, ni a la propiedad integral del Estado sobre los medios de producción. En este espíritu

su sistema ha atenuado sensiblemente las condiciones de gran rigidez en materia económica y política,

que caracterizan el sistema soviético y de los demás países comunistas. Con todo ello, la reacción de las

nacionalidades de mejor nivel cultural y económico, como son la croata y la eslovena, ha seguido

acusando al Gobierno de Bel-grado de centralismo. La lucha interna entre las tendencias de nacionalismo

y «unitarismo» se ha manifestado en el pasado año en el Congreso de Sarajevo y Podravska Slatina, en

los graves disturbios en la Universidad de Zagreb, en supuestas relaciones entre los comunistas croatas y

las actividades del periódico Hrvatska Drazva, que dirige en Berlín Branko Jelic, y donde parece

ventilarse la idea, sin duda querida por Moscú, de una Croacia soviética independiente. Por otra parte, los

croatas reprochan aún a Belgrado, que siendo ellos solamente el 22 por 100 de la población contribuyen

con el 33 por 100 de los gastos y los eslovenos, 8,5 por 100 de la población, con el 20 por 100. Todo a

favor de la planificación general y la ayuda de las zonas atrasadas.

Situación confusa, tensa, que ha motivado las amenazas recientes de Tito contra toda tendencia

«centrífuga». Ya en noviembre de 1970 Tito definía la situación delicadísima y denunciaba a los

enemigos que sus-citaban nuevos conflictos entre las nacionalidades de Yugoslavia. Todo ello no es con-

secuencia del nacionalcomunismo, sino que lleva el peso mismo de la historia. La misma con Tito y con

el Rey Alejandro. El peso de la historia que Mao invoca ahora para justificar la expansión hacía los vastos

territorios rusos del Extremo Oriente.—Jorge USCATESCU.

 

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