Visita del ministro venezolano del exterior. 
 Oreja Aguirre: Se impone una interpretación extensiva de la Doctrina Estrada     
 
 ABC.    21/12/1976.  Página: 25. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

ABC. MARTES 21 DE DICIEMBRE DE 1976. PAG.

VISITA DEL MINISTRO VENEZOLANO DEL EXTERIOR OREJA AGUIRRE: «SE IMPONE UNA

INTERPRETACIÓN EXTENSIVA DE LA "DOCTRINA ESTRADA"»

«Es el momento de formular una política con respecto a Iberoamérica sobre unos principios rectores

claros y conocidos»

CON una sesión de trabajo en el Ministerio de Asuntos Exteriores, inició ayer su visita oficial a Madrid el

ministro venezolano de Asuntos Exteriores, don Ramón Escovar Salom, Informa Cifra. El ministro se

reunió después con el titular español de Trabajo, don Alvaro Rengifo.

A las once de la mañana se celebró una entrevista entre el canciller venezolano y su colega español, señor

Oreja Aguirre. El ministro español de Asuntos Exteriores recibió en la puerta del Palacio de Santa Cruz al

señor Escovar, acompañándole hasta su despacho oficial, en donde conversaron privadamente por espacio

de cuarenta y cinco minutos.

Posteriormente se trasladaron a la sala da Juntas del antedespacho del señor Oreja, celebrándose allí la

reunión de una Comisión de trabajo.

Por parte española, la Comisión estaba presidida por el señor Oreja, al que acompañaban los directores

generales para Asuntos de Iberoamérica, señor Salvador da Vicente; de Relaciones Económicas

Internacionales, señor Gamir; de Cooperación Técnica Internacional, señor Barroso, y de Asuntos

Consulares, señor Ron Vllas, así como el embajador de España en Caracas, señor Castrillo.

Por parte venezolana formaban la Comisión el señor Escovar Salom, ministro de Relaciones Exteriores; el

embajador venezolano en Madrid, señor Ochoa Briceño: el director de Información Exterior, señor

Montes de Oca, y el ayudante del ministro, señor Rubén Franco.

DISCURSO DE DON MARCELINO OREJA AGUIRRE

«Sobre tres ejes conceptuales, vínculo, puente e integración concibe hoy España su política

Iberoamericana», declaró el ministro español de Asuntos Exteriores, don Marcelino Oreja, al término de

la comida que ofreció a su homólogo venezolano, don Ramón Escovar.

En su discurso, el ministro Oreja dijo, entre otras cosas:

«Para nosotros es un honor y una gran satisfacción el que vengáis a compartir todo esto que, en definitiva,

también es vuestro. Aquí encontraréis unos hombres que se esfuerzan por ejemplarizar su peripecia

humana con ideales que son los vuestros. Os comunicaréis en el idioma que os es propio desde la cuna.

Vuestros oídos acogerán nombres de lugar y de ciudades, idénticos a tantos otros que a diario oís, por ser

tan venezolanos como nuestros. Encontraréis monumentos a vuestros héroes, rincones donde nacieron o

moraron, costumbres que fueron suyas y el eco de sueños que se concibieron por íntima comunión de

ideales y energías».

Estando como estáis en casa, justo es que os describa, si no los hechos y los proyectos que enmarcan

nuestra evolución –que os son de sobra conocidos, dado el comprobado interés con que seguís siempre

nuestra singladura nacional—, sí las líneas esenciales de nuestra preocupación liberoamericana y los

principios que han de estructurar nuestra política, en su redoblado esfuerzo de acercamiento y nueva

colaboración. Creemos llegodo el momento de formular una política exterior con respecto a Iberoamérica,

erigida sobre unos principios rectores claros y conocidos, que tengan el efecto de proyectar, en lo

sucesivo, una luz diáfana y sin equívocos sobre las decisiones y su porqué.

Por otro lado, estimamos que todo anuncio de propósito debe ir seguido indefectiblemente de una acción

práctica y sostenida, hasta agotar sus consecuencias. Así, toda iniciación de un programa, la creación de

una nueva institución o la modificación de las ya existentes, deberán ir acompañadas de una decisión de

persistencia en el empeño. Cabe afirmar aquí un "principio de continuidad", del que depende, en buena

cuenta, otro, que consideramos igualmente esencial: el "principio de credibilidad o veracidad" de nuestra

acción.

LA DOCTRINA ESTRADA.—Complementariamente, nuestra política Iberoamericana estará regida por

un "principio de indiscriminación" que fundamentamos en el hecho de que, entre hermanos, los

enjuiciamientos no deben empañar la vida cotidiana. Entendemos que, entre nosotros, se impone una

interpretación extensiva de la doctrina, Estrada, proyectándola a todo el ámbito de nuestras relaciones.

Finalmente, nuestra acción irá inspirada en un "principio de comunidad", base de un objetivo de

solidaridad, propio de una voluntad de cohesión. Las tensiones y fricciones que, acaso, ircunstancialmente

puedan conllevar la convivencia, serán medidas con unas pautas de tolerancia y de comprensión y con un

esfuerzo para su superación, como debe de existir siempre en una relación entre hermanos.

En consonancia con esos principios rectores expuestos creemos urgente la necesidad de proceder a

planificar una política que asuma, en su proyección práctica, los compromisos formales ya contraídos a

través de los discursos de Su Majestad el Rey en sus dos viajes americanos, en ello estamos. La

concebimos en función de tres ejes conceptuales sintetizados en otros tantos vocablos: "vinculo",

"puente" e "integración".

ESPAÑA Y LA CORONA.—En primerísimo lugar, España y la Corona se brindan para la tarea, que a

todos nos compete y que esperamos ver compartida, de plasmar de una forma concreta el "vínculo" que

nos une y, a la vez, nos diferencia de las demás.

En segunda instancia, España, en cuanto parte geográfica de Europa, aspira a incorporarse a ésta con el

firme proposito de llegar a servir de "puente" entre ella e Iberoamérica. Esa función de servicio sólo la

ejecutaremos con vuestro beneplácito, por un lado, y sólo llegaremos a poder realizarla con vuestra

apoyo, por otro.

Por último, España se brinda y compromete a favorecer y respaldar, en la medida de sus posibilidades,

cuanto esfuerzo de "integración" pueda aflorar en el seno iberoamericano.»

 

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