No quiso dar una opinión sobre Fidel Castro     
 
 ABC.    24/01/1960.  Página: 48. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

NO QUISO DAR UNA OPINIÓN SOBRE FIDEL CASTRO

Poco antes de terminarse la entrevista ante la televisión, el embajador español fue requerido para que

diera su opinión sobre Fidel Castro; pero, sonriente, cambió de tema sin contestar. Sólo dijo: "Me siento

muy feliz de hallarme nuevamente en Nueva York; es una ciudad que quiero mucho. Es una excelente

oportunidad para mí de encontrarme otra vez con el pueblo americano durante el breve intervalo de mi

estancia. El pueblo americano es muy buen amigo del pueblo español."

Juan Pablo de Lojendio llegó aquí desde Miami y fué recibido por unos 20 miembros de las misiones

españolas de Washington y Nueva York. Al descender del aparato, el embajador español agitó el

sombrero, como saludo, y sonrió.

Uno de los miembros de la Delegación, Santiago Churruca, secretario de la Embajada española en

Washington, se adelantó y le estrechó la mano dándole la bienvenida. Churruca actuó en representación

del embajador español en Estados Unidos, José María de Areilza, quien se halla actualmente en Madrid.

Lojendio fue acompañado aprisa a través de las oficinas de la terminal del aeropuerto hasta una

habitación dé la oficina de "inmigración en tránsito", del segundo piso del edificio. Allí saludó a otros

miembros de la delegación y charló con ellos. Entre estos figuraban dos miembros de la delegación

española en las Naciones Unidas: Cacho Zabelza y José Luis Pérez Ruiz y el vicecónsul español en

Nueva York, Javier Villacieros.

Veinticinco agentes uniformados de la policía del aeródromo y dé la ciudad fueron asignados a la

custodia del embajador español durante su estancia aquí. Un portavoz de la Policía manifestó que esta

escolta era una "simple medida de prudencia" para garantizar la seguridad del embajador español,

desmintiendo que el elevado número de agentes habían sido asignados ante el temor de que pudieran

haber demostraciones de los elementos republicanos españoles y filo-fidelistas.

Se sabe que poco antes de subir a bordo del aparato, Lojendio se fue a una habitación privada del

aeródromo e hizo una llamada telefónica a Washington. Luego intentó ponerse en comunicación con La

Habana, pero las líneas estaban ocupadas y la llamada no pudo realizarse.

Cuando ya estaba a bordo del avión, y mientras los motores se estaban calentando, llegó para Lojendio

una carta por correo aéreo. Esta fue entregada por la escotilla al piloto, quien se la hizo pasar al

embajador español.

Juan Pablo Lojendio manifestó a uno de los empleados de la compañía que no pensaba dormir durante el

viaje. "Voy a leer todos mis recortes de Prensa", dijo riendo.— Efe.

 

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