Huésped de España     
 
 ABC.    05/07/1960.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

HUESPED DE ESPAÑA

El jueves por la tarde llegará a Madrid, en la etapa final de su viaje por Europa, el presidente de la

República Argentina, Arturo Frondizi. Es ésta la primera vez que un primer magistrado de la gran nación

hermana pisa la tierra española en visita oficial. La estancia de Frondizi entre nosotros va a ofrecer al

Gobierno y al pueblo españoles la grata ocasión de conocer y tratar a un político excepcional en la difícil

hora que el joven continente americano vive, al tiempo que a un hombre que cuenta, entre sus virtudes

más notables, la sinceridad para exponer y discutir todo problema; la sencillez como norma fundamental

de su conducta pública y privada, y la lealtad, sin desvíos, hacia todos los principios morales y políticos

de los que el Occidente cristiano y, con él, la gran América, hacen hoy norma y razón de la convivencia y

la armonía internacionales.

Frondizi, por su parte, podrá pulsar en esas pocas jornadas los sentimientos de amistad inquebrantable y

de sincero afecto que esta vieja nación guarda para todos los pueblos que, al otro lado del Atlántico,

vienen cultivando, tan celosos de su pasado como orgullosos de su presente, un patrimonio cultural y

espiritual en el que hispanoamericanos y españoles hemos empeñado, en común, tantos intereses,

empresas y desvelos.

Lo mismo que la gran nación del Plata es el segundo hogar de miles y miles de españoles que han

encontrado allí, en todos los tiempos, el apoyo y la ventura propicios para vivir y trabajar dignamente,

España sigue siendo la casa siempre abierta a los amados hijos del Nuevo Continente que nos visitan,

como ahora lo hace Arturo Frondizi, con el mensaje de la hermandad y de la concordia en los labios y con

los más rectos propósitos de comprensión y de acercamiento en el corazón.

Una idéntica preocupación y un mismo anhelo orientan hoy, en los aspectos fundamentales, la política

internacional de España y de la Argentina. Esa inquietud está marcada por la firme convicción de que

sólo sobre la base del respeto y de la colaboración mutuos, saltando por encima de fronteras y

convenciones, será posible volver a los cauces de la convivencia y el entendimiento universales. En el

terreno económico, los dos países se enfrentan también con análogos problemas y comparten la necesidad

de eliminar obstáculos y de acortar distancias por la vía de los acuerdos que, en forma creciente, deben

establecerse para el intercambio de sus productos. En esa doble vertiente, Franco y Frondizi tendrán

materia y motivos abundantes para reafirmar, en el curso de sus conversaciones, la voluntad de

cooperación que anima a uno y a otro estadistas.

Sabemos con cuánta impaciencia aguardaba el presidente Frondizi este gran momento de poner los pies

en suelo español, que es tanto como poner los pies en el propio suelo. Para España es también esta

ocasión de alborozo, porque tanto como la alegría de acoger a un señalado paladín de la Hispanidad la

estremece la honda satisfacción de demostrar, una vez más, su cariño hacia la nación hermana y su fe

inquebrantable en los destinos del gran pueblo argentino.

 

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