Amamos a España porque nos enorgullecen las tradiciones que ha dado a América, dice Frondozi en Toledo     
 
 ABC.    09/07/1960.  Página: 31-33. Páginas: 3. Párrafos: 27. 

MADRID, SÁBADO 9 -DE-JULIO DE 1960 - EJEMPLAR 1,50 PESETAS

ABC DEPOSITO LEGAL - M. 13 – 1958

DIARIO ILUSTRADO AÑO QUINCUAGÉSIMO TERCERO. NUM. 16.949 72 PAGINAS

GULLECEN LAS TRADICIONES QUE HA DADO A AMERICA», DICE FRONDIZI EN TOLEDO

DON BLAS PIÑAR, EN EL INSTITUTO DE CULTURA HISPÁNICA: «SOMOS LOS PUEBLOS

DEL FUTURO, DE UN FUTURO QUE SERA NUESTRO SI ESTAMOS UNIDOS»

Al Presidente de la Argentina le "gustaría ser un madrileño más"

"Quiero que sepáis que vengo de un país que creó España, que descubrió España, que conquistó y

colonizó España con su esfuerzo; de un país que os quiere a vosotros, los españoles. No importan los

vaivenes de ayer, de hoy o de mañana en la política de mi Patria; lo que interesa es que en Argentina se

ama a España, y cuando se ama a España es porque estamos orgullosos de las tradiciones que ha dado al

continente americano, extendiéndolas también al mundo entero."

Estas frases del Presidente argentino en Toledo centraron la emoción de la jornada en la Imperial Ciudad,

donde acompañado por el Jefe del Estado español, estuvo visitando el Alcázar, la Catedral, la Academia

de Infantería, la iglesia de Santo Tomé... Historia, Arte y Religión vividos por el ilustre huésped junio al

Tajo hondo y rumoroso...

En las primeras horas de la tarde—después del almuerzo en el palacio de Lerma—los ilustres estadistas

argentino y español regresaron a Madrid. Un acto solemne en el Instituto de Cultura Hispánica, la visita al

Ayuntamiento y la comida de gala en los jardines de Cecilio Rodríguez completaron la jornada del

Presidente Frondizi.

El Presidente de la República Argentina y la señora de Frondizi llegaron a la sede riel Instituto de Cultura

Hispánica después de las siete de la tarde. Hallábanse a la entrada aguardandoles el ministro español de

Asuntos Exteriores, don Fernando María Castiella, y el director del Instituto, don Blas Pinar.

Inmediatamente se dirigieron al salón de Embajadores, donde don Blas Piñar pronunció el siguiente

discurso:

"Señor:

Bienvenido seáis porque venís en nombre de la Argentina, la patria fraterna, ceñida de blanco y azul. Nos

traéis el cielo y la pampa, y nosotros, en trueque, os ofrendamos la espiga y la sangre. Así lo anunciaban

las banderas que estaba guardando, en silencio, una al lado de la otra. Ha sido una guardia de siglo y

medio, Pero al fin, Don Quijote y Martín Fierro cabalgan unidos—Madrid, Buenos Aires— como buenos

camaradas, a caballo del mundo.

Ayer, hoy y mañana.

Somos, señor Presidente, los pueblos del futuro. Pero ese futuro nos pertenece si acertamos a unirnos

como ellos—héroes y banderas—los símbolos que se adelantan.

Sabemos hasta qué punto tenéis conciencia de la unidad de los países hispánicos y sabemos que la patria

de Irigoyen—creador de nuestra fiesta de familia—lucha por anudar los lazos de una gran economía

lozana y floreciente, sin la cual el espíritu sucumbe a la materia.

Esta Casa nació y vive para la empresa de la Comunidad de países hispánicos.

No servimos a España. Servimos a todas las Españas, a las que nacieron con honor y con gloria.

Os pedimos que estampéis vuestra firma en esa hoja diáfana y que aceptéis la norma y la noticia: un

ejemplar, recién salido de la imprenta, del Código Civil argentino y un número dedicado a vuestra Patria,

de la revista "Mundo Hispánico".

La norma y la noticia.

La norma, porque este Código recoge y articula un derecho vivido en común por argentinos y españoles y

nos enseña que nuestra vida, en lo que tiene de más noble, humana y entrañable, está regida por unos

principios idénticos y, a veces, por textos positivos calcados a la letra.

La noticia, porque hoy, a los ciento cincuenta años, sigue siendo noticia la independencia de vuestra

Patria. La diferencia está en que ayer era para España noticia dolorosa y hoy vuestra independencia está

enmarcada en la Historia común. Si ayer, a los españoles les dolía el parto, a nosotros, los españoles de

hoy, nos enciende y regocija la fecundidad. Si vuestros son los fundadores de Hispanoamérica nacidos en

España, nuestros son ya los enmancipadores, hijos de España, nacidos en el Nuevo Continente.

Aceptad señor, nuestros obsequios. Que los mismos sean augurio y prensa de vuestro mejor servicio a la

causa común, y que cuando las nubes y el cielo, las velas y el mar, os recuerden, desde lo alto, en vuestro

viaje de regreso, a la patria argentina que os espera, recordéis también este día y esta hora. Recordéis, en

suma, a España, gavilla y racimo, triturada y pisada en ocasiones por un cerco de incomprensión y de

odio, hechura del padre de la mentira. Mas aquí está su gloria, porque la rueda del molino que deshace el

grano y la planta que golpea la uva sobre el suelo duro del lagar, convierten a España en harina y en

mosto, y es con pan y con vino de amor y de entrega como se forjan naciones cual la vuestra, que hoy en

un inefable y estremecido introito hispánico, "laetificat iuventutem nostrum", nos alegran, renovando

nuestra juventud."

DISCURSO DEL PRESIDENTE FRONDIZI

Terminado el discurso de D. Blas Piñar, que fue largamente aplaudido, el director del Instituto de Cultura

Hispánica hizo entrega al doctor Frondizi de un ejemplar ricamente encuadernado del Código Civil

argentino y de otro de la revista Mundo Hispánico, cuyo número se consagra al país amigo.

Seguidamente el presidente de la República Argentina habló en los siguientes términos:

"Señor, deseo agradecer, no en nombre propio, sino en nombre de la nación argentina, esta ceremonia,

porque sé que sus palabras están dirigidas a un país y no a un hombre, a una nación que tiene una historia,

un presente, y un futuro.

Hace ciento cincuenta años aquellas lejanas regiones del entonces Virreinato del Río de la Plata, iniciaron

el proceso histórico de su emancipación, que muchos quisieron interpretar como un signo definitivo de

separación entre España y aquella zona del mundo que España había hecho nacer con su sangre, con su fe

y con su esperanza. Pero he venido como presidente de la nación argentina ciento cincuenta años después.

Por primera vez un presidente pisaba esta tierra española en ejercicio de su mando, porque he querido

venir a decir a España que aquello que se inició hace ciento cincuenta años como hecho histórico no fue

un acto de separación, sino que fué un acto de unidad.

Pero para ser unidos teníamos que ser nosotros en la plenitud de nuestra personalidad. Por eso hoy

podemos decir a través de la Historia que España y Argentina forma una unidad verdaderamente

indestructible.

Pero habéis tenido también el recuerdo para esa figura legendaria ya del mundo hispánico que es el

Quijote, y lo habéis asociado a un nombre como Martín Fierro, croado por la imaginación de quien sentía

a España con profundidad en la acción y en el pensamiento y que se expresó a través de versos inmortales

que defendían el sentido de la tierra argentina. Y habéis querido también nombrar a Irigoyen, un nombre

caro para nuestros sentimientos, pero especialmente caro para los hombres que seguimos sus enseñanzas.

Irigoyen no sólo estableció el día 12 de octubre como homenaje sino que era un hombre que sintió con

profundidad todo lo español. Y sabía que lo español con lo particular que es tenía precisamente un sentido

universal que haría que los pueblos de América unidos a España abarcaran el proceso general de

civilización.

También esta ceremonia colma mi espíritu de satisfacción, porque he predicado muchas veces desde el

anonimato la necesidad del entendimiento del mundo hispánico; he predicado muchas veces en nuestra

América la necesidad de la unidad en los grandes ideales, esos grandes ideales de la fe y de la esperanza,

que nos enseñó España.

Y estar aquí hoy, 8 de julio, firmando este libro, recibiendo el Código Civil argentino que ustedes han

mandado a publicar, recibiendo este "Mundo Hispánico" sienta que esta necesidad de que los pueblos de

América estén unidos lo vamos a realizar a través del sentimiento de amistad y de comprensión para

vuestra España.

Yo agradezco, por eso, vuestras palabras y vuestro gesto, y os digo que volveré, sí a la Argentina. Volveré

con la misma fe con que salí desde mi Patria, pero también con la decisión definitiva de seguir dando

pasos a favor del entendimiento de España con sus hijos."

También escuchó muchos aplausos el presidente argentino al terminar su brillante discurso, y luego

estampó su firma en el Libro de Oro del Instituto.

A la ceremonia, que resultó brillantísima, asistieron con las personalidades antes mencionadas el ministro

de Asuntos Exteriores y Culto, D. Diógenes Taboada, los señores Alfaro y D´Andrea, el ex ministro espa-

ñol D. Joaquín Ruiz-Giménez, el Sr. Fraga Iribarne y numerosos representantes diplomáticos de los países

hispanoamericanos, asi como el alto personal del citado organismo.

Visita al Ayuntamiento

Desde el Instituto de Cultura Hispánica, el Presidente argentino, acompañado por el ministro de la

Gobernación, D. Camilo Alonso Vega; su esposa y personalidades, de los séquitos español y argentino, se

trasladó a la Casa-Ayuntamiento. El paso de la comitiva por las calles del trayecto fue acogido con vivas

muestras de respeto y simpatía hasta la plaza de la Villa, donde se hallaba formada una sección de

lanceros de la Guardia Municipal con uniforme de gran gala.

A la llegada del Presidente, la Banda Municipal interpretó los himnos nacionales de los dos países,

terminados los cuales el público congregado en las inmediaciones tributó al primer magistrado argentino

una cariñosa ovación.

El Presidente y la señora de Frondizi fueron recibidos en la puerta principal de la casa por el alcalde,

conde de Mayalde, y su esposa, la duquesa de Pastrana. Después de revistar a la Guardia Municipal

formada en el zaguán, y precedidos por maceros y ujieres, que llevaban candelabros, los ilustres

huéspedes subieron al Salón de Goya, donde se encontraban el obispo auxiliar de Madrid, doctor García

Lahiguera; el presidente de la Diputación Provincial, marqués de la Valdavia; el rector magnífico de la

Universidad, doctor Royo Villanova; el gobernador civil, Sr. Aramburu, y todos los miembros de la

Corporación.

Tras las presentaciones de rigor, el Presidente Frondizi pasó al despacho del alcalde y firmó en el Libro

de Oro de la Villa, haciéndolo a continuación su esposa. Después pasaron al Patio de Cristales, en uno de

cuyos ángulos estaban instaladas las maquetas de los monumentos a la Argentina y al general San Martín,

de los que hoy se colocará la primera piedra. Forman el primero de ellos una fuente monumental de tres

caras, cada una de las cuales se adorna con tres figuras. Representan las de la parte central la Nobleza, la

Fe y el Honor. El escudo de la Argentina corona la fuente, y es su autor el arquitecto D. Manuel Herrero

Palacios. El monumento al general San Martín consiste en una estatua ecuestre del Libertador. Será

instalado en los jardines de la avenida de la Moncloa, frente al Museo de América.

El conde de Mayalde. ofreció al Presidente Frondizi una rara edición sobre temas de la revolución

argentina, que se custodiaba en la Hemeroteca Municipal; un ejemplar del libro "La Casa de la Villa" y

otro con reproducciones de los aguafuertes de Goya "Desastres de la guerra". También obsequió a la

señora de Frondizi con un broche de brillantes.

Los ilustres huéspedes fueron más tarde obsequiados por los condes de Mayalde con una copa de

champán argentino y otra de jerez, que sirvió Perico Chicote.

A las ocho y media, el Presidente argentino y su esposa, con el ministro de la Gobernación y las

personalidades de los séquitos español y argentino, abandonaron la primera Casa Consistorial, siendo

despedidos con los mismos honores que a su llegada. El público estacionado en la plaza de la Villa y

calles adyacentes les tributó una cariñosa despedida.

 

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