Autor: Massip Izábal, José María. 
   Castro calumnia a España y al Jefe del Estado español  :   
 Injustificada actitud de La Habana hacia un gobierno que practica la política de no injerencia en asuntos internos. 
 ABC.    13/08/1960.  Página: 15-16. Páginas: 2. Párrafos: 12. 

MADRID, SABADO 13 DE AGOSTO DE 1960 - EJEMPLAR 1,50 PESETAS

ABC

DEPOSITO LEGAL - M. 13 - 1958

DIARIO ILUSTRADO AÑO QUINCUAGÉSIMO-TERCERO. NUM. 16.979 48 PAGINAS

CASTRO CALUMNIA A ESPAÑA Y AL JEFE DEL ESTADO ESPAÑOL

INJUSTIFICADA ACTITUD DE LA HABANA HACIA UN GOBIERNO QUE PRACTICA LA

POLÍTICA DE NO INJERENCIA EN ASUNTOS INTERNOS

EL ENCARGADO DE NEGOCIOS, CONDE DE PORTALEGRE, HA PRESENTADO UNA

ENÉRGICA PROTESTA EN EL MINISTERIO DE NEGOCIOS EXTRANJEROS

Washington 12. (Crónica telefónica de nuestro corresponsal.) Mientras el secretario general de la O.N.U.

trata de establecer la presencia de la Organización internacional en Katanga, Estados Unidos y sus

gobernantes siguen con creciente ansiedad el desarrollo de los acontecimientos cubanos.

Estos acontecimientos—centrados ahora en el choque entre la Iglesia católica y el régimen

revolucionario--están llegando a otra fase aguda, caracterizada por factores que desbordan las fronteras

cubanas y se plantean en el ámbito político, religioso y estructural del continente americano.

El régimen cubano ha llegado a su fase demencial, y si no se repone, el resto de las Amérieas tendrá que

tratar a Cuba como un caso de manicomio. Castro y sus colaboradores no se limitan a la revolución

cubana. La llaman ya "la revolución de las Américas". A la Organización de Estados Americanos, cuyos

cancilleres se reúnen el 16 en San José de Costa Rica para tratar del caso dominicano y el caso cubano,

Castro la llama "el Ministerio de Colonias de Estados Unidos", Y a la Unión Soviética, "nuestra gran

amiga, cuyos proyectiles intercontinentales protegen a Cuba". Cuando los dirigentes de una isla antillana,

con una economía rural y modesta, situada a 90 millas de la costa de Estados Unidos, se producen así,

reparten la tierra, se apoderan de toda la propiedad extranjera, arremeten contra los sentimientos

religiosos del país y centra la solidaridad fundamental de las Américas; liquidan a la Prensa, a la

Universidad y al Cuerpo diplomático y fundan su política en "los machetes de los guajiros" y en la guerra

contra Estados Unidos es que han perdido la cabeza. La última noticia de Cuba—de esta noche—es la

prohibición a cubanos y extranjeros de salir de Cuba sin un salvoconducto especial de la Policía. En su

discurso de ayer—tres horas y media—Fidel Castro arremetió brutalmente contra la Iglesia católica

cubana, la acusó de "provocación sistemática" y afirmó que esta provocación está siendo instigada por la

Embajada de Estados Unidos y el Generalísimo Francisco Franco. "Franco —dijo—ha movilizado a los

sacerdotes fascistas para luchar contra la revolución cubana."

El Departamento de Estado ha desmentido terminantemente semejante versión. El día 16, como digo, se

reúne en San José de Costa Rica la Conferencia interamericana de ministros del Exterior, en la cual

participa, desde luego, el secretario de Estado norteamericano. En el orden del día de la conferencia hay

dos temas peliagudos: uno, la denuncia venezolana, contra la República Dominicana, acusando al

generalísimo Trujillo de haber organizado el último atentado contra el presidente Rómulo Betancourt;

otro, la propuesta peruana pidiendo que los Estados americanos tomen medidas contra la injerencia de

potencias y agentes subversivos en el continente americano.

Desgraciadamente, por lo que respecta a Cuba, no se cree que la O. E. A. pueda hacer mucho más que

tomar vagos acuerdos sobre eventualidades futuras, evitando por el momento actitudes demasiado

beligerantes ante la situación cubana. Ello es debido a un hecho comprobado: el eco que el castrismo está

encontrando entre las masas iberoamericanas. Es este eco el que provocó días pasados la famosa carta del

presidente Kubitschek, del Brasil, al presidente Eisenhower, con motivo de la declaración de éste relativa

a un plan de seiscientos millones de dólares destinados a la promoción industrial y económica de

Iberoamérica. "Su Excelencia sabe muy bien—escribía Kubitschek—que la libertad, la democracia, la

dignidad del ser humano tal como nosotros las concebimos son palabras sin significado para los

habitantes de regiones estancadas, donde la misma vida es un sacrificio continuo y un acto de resignación

de paciencia. El que en nuestra familia regional existan inmensas masas subdesarrolladas es no sólo un

grave peligro para la paz, sino una contradicción con las posiciones que defendemos, basadas en la

solidaridad humana y dependientes de la esperanza en una existencia mejor."

La situación descrita por el presidente Kubitsehek es manejada por el régimen cubano con una gran

habilidad y un increíble despliegue de propaganda en todo el continente. Ahí es donde el régimen trabaja

con más eficacia y donde dispone de su mejor escudo en su campaña contra Estados Unidos, lo que

Castro llama la revolución de "las Américas". Y se da el caso de que, por esta circurnstancia, son los

mismos gobernantes iberoamericanos los que aconsejan prudencia a Estados Unidos y los mismos

embajadores de Washington en las capitales americanas quienes advierten a su Gobierno contra una

política demasiado radical.

Ahora bien: la lógica de la revolución, tal como la plantean los dirigentes cubanos, tenía que llevarles, y

los lleva inevitablemente, hacia el comunismo. Unos pocos pasos más en el camino emprendido y Cuba

será un Estado comunista en el Caribe. Para sus dirigentes, "los machetes de los guajiros" significan, ni

más ni menos, la dictadora del proletariado. El "Che" Guevara, y Raúl Castro no son ya otra cosa que

comisarios del sistema; el uno como ideólogo y economista; el otro como jefe de las armas

revolucionarias. Son dos profesionales del comunismo internacional y no disimulan. Las relaciones de

Cuba con la Unión Soviética y la China roja son las únicas relaciones exteriores que cuentan. Lo demás es

"imperialismo". Tarde o temprano, si el proceso prosigue, Fidel Castro será eliminado, porque les

parecerá un romántico imposible.

Cuando este momento se produzca, ¿qué pueden hacer los Estados Unidos, solos, o con la difícil

colaboración de la Ó. E. A.? El presidente trató de explicarlo en su última conferencia de Prensa,

diciendo:

—Estados Unidos, de acuerdo con sus obligaciones, derivadas de los Tratados, no permitirá el

establecimiento de un régimen dominado por el comunismo Internacional en el hemisferio occidental. Si

semejante régimen se estableciera en Cuba, convirtiendola en otro satélite soviético, la situación

reclamaría una acción "muy definida". El presidente dejó entrever que semejante acción no tenía que ser

neeesariamente militar, lo cual da una gran vaguedad a la, posición de Eisenhower. Por otra parte, el

presidente indicó qus Estados Unidos no tiene intención de imponer a nadie su propio sistema político,

añadiendo que no objetaría ni intervendría en el caso de que otro país, incluyendo a Cuba, estableciese

"libremente" una forma de gobierno diferente de la norteamericana. Uno de los vicepresidentes de la

United Fruit Company—cuyas propiedades cubanas han sido totalmente confiscadas por el régimen—

decía el otro día que "después de todo, con un poco de paciencia, otro régimen vendrá que derrocará a

Castro y nos permitirá reanudar nuestras relaciones normales". Pero esto, además de ser una estúpida

indiscreción, pertenece a una mentalidad colonialista anticuada, que no tiene nada que ver con las

realidades de las Américas del presente.

Entre una y otra posición, bueno será que Estados Unidos y las Repúblicas americanas despierten cuanto

antes a la realidad del castrismo cubano y adopten una política de acción. Es urgente—José María

MABSSIP.

 

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