Autor: Massip Izábal, José María. 
   Frente a los ataques de Kruschef, el delegado de España en la O.N.U. defiende al secretario general     
 
 ABC.    20/09/1960.  Página: 23-24. Páginas: 2. Párrafos: 13. 

FRENTE A LOS ATAQUES DE KRUSCHEF, EL DELEGADO DE ESPAÑA EN LA O. N. U.

DEFIENDE AL SECRETARIO GENERAL

PARA MOSCU, "EL PUEBLO CONGOLEÑO" ES EL SATELITE COMUNISTA LUMUMBA

El bloque afro-asiático se alinea con Occidente

«K» TIENE OCASION DE DEMOSTRAR EN LA CUESTION CONGOLEÑA SU PRETENDIDO

PACIFISMO

Nueva York (Naciones Unidas) 19. (Crónica telefónica de nuestro corresponsal.) "Reafirmemos, nuestra

confianza en el secretario general y en el Consejo de Seguridad; renovemos nuestro apoyo y admiración a

la espléndida lección de tacto político y destreza diplomática con que la Secretaría General y sus

colaboradores están trabajando para salvar la paz del Congo y la del mundo. Este será nuestro voto", ha

declarado hoy en su breve y brillante intervención en la sesión de emergencia de la Asamblea General—

que el lector encontrará en la información correspondiente—el jefe de la Delegación española, embajador

José Félix de Lequerica.

Dos horas antes, todavía a bordo del "Baltika", que navegaba lentamente por la bahía neoyorquina,

disponiéndose a atracar en el muelle 73, en medio de la lluvia y la niebla, Nikita Kruschef había

dicho: "Hammarskjold está apoyando a los colonialistas belgas en el Congo: la Unión Soviética ayuda y

ayudará al pueblo congoleño en su lucha por la independencia."

¿Cuál es el "pueblo congoleño" de Nikita Kruschef? Lo dice la resolución presentada hoy, en esta sesión

de emergencia de la Asamblea, por el delegado soviético, Valeriano Zorin. Dicha resolución condena al

secretario general, Dag Hammarskjöld; le acusa de servir al colonialismo belga y le hace responsable del

colapso de Lumumba en el Gongo. Para Kruschef, el pueblo congoleño es un satélite comunista. Cuando

una nación como la Unión Soviética, en una Asamblea de emergencia como la presente, toma una

posición así contra la personificación de la neutralidad y de la conciliación, que es Hammarskjöld: cuando

trata de torpedear sin escrúpulos ni disimulos lo que la O. N. U. ha hecho en el Congo, es que la Organi-

zación internacional, como la hemos conocido hasta el presente, ya no le importa.

Tiene que ser "su" O. N. U. o ninguna; un instrumento del comunismo o nada.

Esta es la alternativa que se plantea a partir de esta noche y la que tendrá que afrontar la XV Asamblea

ordinaria, que se inaugura mañana. Se tratará de saber si la U. R. S. S.—confinada hasta ahora a una

posición minoritaria—dispone de ímpetu y de votos para convertir a las Naciones Unidas en un

instrumento de su política de hegemonía mundial.

Por el momento, por lo que hace al Congo, la posición soviética es radicalmente opuesta a la del bloque

afroasiático, que defiende hoy una propuesta sosteniendo la política del .secretario general y oponiéndose

a la intervención unilateral de ninguna potencia extranjera en el Congo. Con algunas enmiendas de

detalle, ésta va a ser, sin duda, la propuesta que votará la mayoría de la Asamblea cuando termine el

debate en curso, que puede prolongarse hasta esta madrugada. Todo hace esperar un amplio voto de

confianza a Dag Hammarsjöld.

En cuanto puso los pies en territorio americano—un sórdido tinglado de los muelles del río,

exclusivamente ocupado por Delegaciones diplomáticas de los países comunistas, encabezadas por

Gomulka, de Polonia, y Novotny, de Checoslovaquia—, Nikita Kruschef sacó un papel del bolsillo y leyó

una larga declaración, afirmando el pacifismo de la Unión Soviética y su convicción de que las relaciones

con Estados Unidos mejorarán. El desarme "general y total", la fórmula ya conocida de Kruschef, será el

primer objetivo de Rusia en la Asamblea General. "Si quiere llamarse propaganda a esto, como ha hecho

el secretario Herter—ha añadido Kruschef—, muy bien: haremos toda la propaganda que sea necesaria."

Todo esto son palabras. A Kruschef le hubiera sido muy fácil demostrar que Rusia quiere, en efecto, paz.

En el Congo hay una oportunidad ideal para ello. Todo lo que el Congo necesita es neutralización,

administración y orden. Lo que allí sucede no afecta para nada a las grandes potencias. Un acuerdo

efectivo a través de la O. N. U. solventa el conflicto del Congo y pone a aquella República en una

posición futura de auténtica independencia, salvándola de la intervención extranjera. Un voto unánime de

la O. N. U. era una garantía definitiva. No se trata de Lumumba o de Kasavubu, de Mobutu o de Lundula,

de un Parlamento irresponsable o de unas fuerzas políticas a escala tribal; se trata de salvar al país como

unidad nacional en ese nuevo mundo negro que emerge de los imperios coloniales del pasado.

Nada de esto interesa a Kruschef. Lo ha demostrado hoy la impolítica brutalidad de la propuesta contra

Hamnarskjöld, símbolo de la única fórmula civilizada y viable que la O. N. U. puede ofrecer al Congo. Lo

ha demostrado incluso contra el bloque afroasiático, que, como digo, patrocina, una propuesta de

confianza en Hammarskjöld y en la misión de la O.N.Ü., que es, en esencia, la misma vetada por el

delegado soviético la noche del viernes pasado en el Consejo de Seguridad.

Semejante actitud no se explicaría si los políticos soviéticos no estuviesen convencidos de que, de todos

modos, el mundo afro-asiático es asequible al comunismo y que el tiempo trabaja en su favor la burda

maniobra de condenación de Hammarskjöld los rusos la reservaban para la nueva Asamblea General, que

tiene que aprobar el ingreso de catorce nuevas naciones africanas—además de Chipre—y ofrecerá

incalculables posibilidades de manipulación política. Zorin se opuso frenéticamente a la convocatoria de

la sesión de emergencia; pensaba que con Kruschef presente sería más fácil maniobrar en la sesión

ordinaria que comienza, mañana por la tarde.

Puede que haya en ello un grave error de cálculo, porque no será tampoco fácil maniobrar a hombres

como Nasser, Sukarno, Tito, Nehru—que viene la semana próxima—ni otros. La posición tomada ahora

por Túnez, Ceilán, Ghana y la misma Guinea no parece ofrecer tampoco una perspectiva demasiado

optimista a los soviets. Estos cuentan, probablemente, con el denominador común y emotivo del desar-

me—base de la ofensiva antiamericana— para canalizar a las nuevas naciones y sus votos. Ahí es donde

el bloque comunista se propone dar la batalla diplomática y donde puede esperar victorias numéricas de

gran efecto psicológico. De un total de 97 naciones, el bloque soviético y el afro-asiático sumarán 53, y

quedará todavía una pequeña franja, neutralista o procomunista, del tipo de Cuba. No todo es, sin

embargo, simple aritmética. Mucho depende, en primer lugar, de la política y las iniciativas que el bloque

occidental, encabezado por Estados Unidos, sea capaz de desarrollar. A este respecto la declaración de

Eisenhower ante la próxima Asamblea será de considerable valor.

Por el momento, el bloque afro-asiático se alinea con Occidente en la defensa de Hammarskjöld y lo que

su política significa en el Congo. Ello es de un grande e insospechado interés en el momento presente. El

delegado español, Sr. Lequerica, citaba hoy dos posiciones: una, la de apagar el incendio y afirmar la

independencia del Congo al servicio de la paz del mundo; otra, la que ha llamado el "procedimiento

húngaro". Por el momento aquí dentro se está imponiendo la primera.

Esta noche, mientras la Asamblea delibera—en medio de una metrópoli mojada, nerviosa y expectante—,

se rumorea la posibilidad de que Kruschef aparezca de pronto en el salón de sesiones como un huracán y

cree un conflicto a la sesión de emergencia. De Kruschef pueden esperarse muchas cosas, desde luego,

pero ésta sería realmente demasiado fuerte. — José María MASSIP.

 

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