Autor: Massip Izábal, José María. 
   Kruschef se encara con la delegación española porque no le aplaude  :   
 K imagina que atacando a España, el comunismo gana puntos en el hemisferio. 
 ABC.    13/10/1960.  Página: 57-58. Páginas: 2. Párrafos: 14. 

ABC. JUEVES 13 DE OCTUBRE DE 1960. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 57

KRUCHEF SE ENCARA CON LA DELEGACION ESPAÑOLA PORQUE NO LE APLAUDE

FIRME REACCION DE NUESTROS REPRESENTANTES, QUE LOS PERIODICOS

NORTEAMERICANOS RECOGEN CON SIMPATIA

«K» IMAGINA QUE ATACANDO A ESPAÑA, EL COMUNISMO GANA PUNTOS EN EL

HEMISFERIO

Perspectiva de una O. N. U. tripartita, sometida al chantaje y la provocación

Washington 12. (Crónica telefónica de nuestro corresponsal.) Salvo error u omisión, mañana, jueves,

Nikita Kruschef se marchará de Estados Unidos, de regreso a Moscú, cerrando tres fantásticas semanas de

provocación, denuestos y propaganda dentro y fuera del enclave internacional de las Naciones Unidas.

En su primera intervención en la Asamblea General, cuando Kruschef propuso que la O. N. U. salga de

Estados Unidos y se instale en otro país, sus palabras parecieron una herejía. Hoy, al cabo de tres

semanas, analizando lo que ha sucedido durante la estancia de Kruschef, hay que reconocer que puede

llegar un día en que Estados Unidos no tenga otro remedio que renunciar a la presencia de la Organiza-

ción Internacional dentro de su territorio.

Hasta ahora la O. N. U. había sido—o, por lo menos, había tratado de ser—un organismo de conciliación

internacional, un instrumento de negociación y de paz. Kruschef ha querido convertirla en un órgano del

comunismo. Esto es lo que ha tratado de hacer—sin conseguirlo—en sus tres semanas neoyorquinas. No

lo ha lo-grado, pero, cuando se marche, las cosas ya no serán más como eran. Ese demagogo

extraordinario, dejándose llevar en la corriente del nuevo mundo emergente del colonialismo, plantó en la

O, N. U.—con una táctica característicamente bolchevique, establecida por Lenin dentro de la Duma que

legislaba en Rusia en los años cruciales de 1912 a 1917—la semilla del descrédito y la división. Atacando

a Hammarskjöld no atacaba a la persona del secretario general; atacaba el concepto unitario de la O. N. U.

en la función de su máximo representante ejecutivo, un hombre perteneciente a la raza blanca, en un

momento de emergencia de razas de otro color.

Excelente estratega, Kruschef no dio el paso que hubiera dado un político de menor categoría, que era

proponer formalmente la sustitución de Hammarskjöld por un triunvirato que representase a los tres

grupos que forman hoy las Naciones Unidas: el occidental, el soviético y el neutralista. Sabía que se le

hubiera derrotado. Se limitó a condenar a Hammarskjöld como servidor del imperialismo colonialista y

blanco, sabiendo que en la Asamblea había oídos — y pasiones — muy atentos. Nkrumah, de África, y

Pandit Nehru, de Asía; abogan ya hoy por una fórmula de gobierno tripartita en la O. N. U.: un Se-

cretariado General asesorado por un Gabinete, representando a los tres grupos. Cuando haya que

precisar—como tendrá que hacerse inevitablemente—la autoridad de los asesores, se comprobará que la

del secretario general, ejecutor e intérprete de las decisiones de la O, N. U., se ha evaporado. La O. N. U.

se convertirá entonces en un órgano cuyos debates alcanzarán y paralizarán a su agente ejecutivo. La neu-

tralidad—título supremo del secretario general—no será posible, porque los asesores serán agentes

políticos de cada uno de los tres grupos.

Tenemos, pues, por una parte, 1a perspectiva de una O. N. U. tripartita. La diferencia entre los 51 países

que la constituían en 1945 y los 99 del presente hacía inevitable una ampliación de sus órganos

deliberantes, el Consejo de Seguridad y la Asamblea general, pero no de su órgano ejecutivo, que es el

Secretariado. Con sus discursos, Kruschef ha llevado la crisis hasta, el corazón de la Organización

Internacional. Fatalmente, a despecho de su admirable negativa a someterse, la posición y la autoridad de

Hammarskjöld serán, en el futuro, mucho más débiles de lo que eran. Tendrá que ceñirse a las exigencias

de la oposición o dimitir.

IMPRECACIONES CONTRA ESPAÑA

Tenemos, por otra parte, el chantaje, la provocación y la propaganda que un político extraordinario como

Kruschef ha ejercido en el magnífico escenario internacional de la O. N. U. Sus reiteradas e insultantes

provocaciones contra España son un ejemplo de ello. El día del debate sobre la China comunista, el jefe

del Gobierno soviético se abalanzó contra el Jefe del Estado español con una procacidad feroz,

absolutamente ajena a las normas de la O. N. U.

Anoche, después de su desafiante discurso sobre desarme ante la Asamblea, al regresar a su escaño,

Kruschef increpó a la Delegación española—sentada delante de la soviética—porque no le aplaudía.

Dirigiéndose a la Delegación del Sudán, que se sienta al otro lado del pasillo, en la misma fila que la

soviética, señaló a los españoles y se burló de su silencio. Ello dio lugar a una réplica del delegado

adjunto de la Delegación, Jaime de Piniés, y a un violento diálogo entre él y Kruschef; éste gritando en

ruso y aquél contestando en español.

Esto es absolutamente impropio de un hombre de Gobierno y no tiene más explicación que una actitud

deliberada de provocación y propaganda. Sin una norma mínima de respeto y convivencia entre las

Delegaciones que la forman, la O. N. U. es inconcebible, no puede funcionar.

Un diplomático americano, señalando la insistencia antiespañola de Kruschef en Nueva York, me hacía

notar que ello obedece a una táctica fríamente deliberada del jefe del Gobierno soviético: lo mismo que ha

hecho con Chiang Kai-chek por lo que respecta a Asia, y con Eisenhower proyectándolo sobre el mundo

occidental, hace sistemáticamente con España, tratando de orientar su posición hacia Iberoamérica.

Kruschef parece convencido de que el "castrismo" cubano es el factor político del futuro en la América

española, y cree que atacando a España, el comunismo gana puntos en todo el Continente. "No piense

usted—me decía el referido diplomático—que Kruschef arremeta contra unos y otros por golpes de

pasión política o explosiones de carácter; lo hace en frío, convencido de que lleva a cabo una política de

agitación que favorece al comunismo."

TÁCTICA DE TERROR

La tercera posición de Kruschef es la del terror. Se vio anoche, con trágica elocuencia, en su intervención

en favor de un debate inmediato sobre desarme en la Asamblea General. La propuesta fue derrotada—54

a 13 y 31 abstenciones—, y el desarme se debatirá en el Comité correspondiente, que es donde tiene que

debatirse. Pero para Kruschef esto era lo de menos. Lo más era lo que hizo: crear un clima de terror en la

Asamblea:

"Los últimos girones de nuestra paciencia—dijo—se están acabando. No nos asusta la guerra. Si se nos

impone, combatiremos y venceremos. Las bajas serán innumerables y aterradoras. Somos comunistas y

tenemos fuertes los nervios. Queréis aterrorizarnos con palabras, pero no lo conseguiréis. No tenéis

agallas para ello... Si queréis una carrera de armamentos, la ganaremos. Rusia produce hoy más proyec-

tiles que las salchichas que vosotros podéis producir con vuestras máquinas..."

Este no es el lenguaje de un hombre de paz. Hitler hablaba igual cuando planeaba aplastar a Austria y a

Checoslovaquia. Esta psicosis de terror forma parte de la diplomacia que Kruschef ha introducido en las

Naciones Unidas. Es una de sus armas, la más efectiva, probablemente, en el ámbito de las naciones

neutralistas. El primer ministro británico, Macmillan, hizo contrapropuestas específicas para el estudio de

un plan viable y verificable de desarme frente a la utopía de desarme total e inmediato proclamada por

Kruschef; Ei-senhower las hizo también en su discurso inaugural. Otros, y solventes, oradores han abierto

caminos a una negociación entre Estados responsables, porque nadie quiere la guerra atómica. Kruschef

no quiere nada de esto. Tiene la deformación mental de todos los tiranos: que se siente engañado y

poderoso. Quisiera avasallar al mundo. Su ataque personal de anoche contra Jules Moch, socialista, jefe

delegado francés en las negociaciones de desarme, es el de un doctrinario asombrado ante una opinión

disidente en el campo socialista.

TRATA DE OPERAR A ESCALA UNIVERSAL

No está habituado a la discusión. Es un déspota poderoso, acostumbrado a los aplausos y al vasallaje, y

cuando se encuentra, como ahora, con una oposición, se va cargando hasta que explota. Pero no veo que

la pasión le ciegue; Kruschef sabe perfectamente lo que hace en todo momento. Sabe que le están

observando en Moscú y en Peiping, en las capitales de la cortina de hierro y en los continentes de

Asia, África y América.

Como los seis diputados bolcheviques en la Duma imperial de 1917, con Kerensky en la Presidencia del

Gobierno provisional, meses antes de la revolución de octubre, Kruschef, valiéndose de la O. N. U., trata

de operar ahora, más que a la escala rusa, a la escala universal. La táctica es idéntica. "Saquead a los

saqueadores", "expropiad a los expropiadores", decían los diputados leninistas en la Duma. Lo mismo

dice Kruschef ahora en la O. N. U. refiriéndose a las coloniales y pensando no en las Delegaciones que

están sentadas en el salón de sesiones, sino en las masas africanas y asiáticas hambrientas de todo.

Mañana, cuando Kruschef se marche de Estados Unidos, quedará abierto un nuevo y sombrío capítulo en

las relaciones internacionales—José María MASSIP.

 

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