Formas de coexistencia     
 
 ABC.    20/07/1960.  Página: 34. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

ABC. MIÉRCOLES 20 DE JULIO DE 1960.

FORMAS DE COEXISTENCIA

Comunistas rusos y chinos discrepan en la táctica a seguir con los países capitalistas. En realidad, su

discrepancia se parece a la que puede dividir a das bandas de gangsters confabuladas para asaltar un

banco. Una de ellas se declara partidaria de la astucia y el cerco, como estrategia apropiada para penetrar

y apoderarse del edificio. La otra banda prefiere el asalto por la tremenda, caiga el que caiga, metralleta y

cartuchos de dinamita en mano, con tal de no dejar banquero ni empleado vivo.

Las dos bandas aspiran al mismo fin y sólo difieren en los procedimientos. La guerra no es inevitable ni

necesaria, afirma Kruschef. "Las enseñanzas de Le nin corresponden a tiempos en que la U. R. S. S. era el

único país socialista en el mundo. Las cosas han cambiado: el campo socialista cuenta hoy con más de mil

millones de habitantes, mientras los países capitalistas no tienen detrás más que sus colonias."

La guerra no es inevitable, repite el zar rojo. Queremos la paz. Una paz alborotada y encizañadora,

pródiga en agitación y turbulencia, alumbrando hoy aquí y mañana allí llamaradas de subversión, con sus

"quintas columnas" movilizadas y atentas 3 fomentar las rebeldías latentes. "Trataremos a los países

capitalistas cpmo a maniquíes y tendrán que aguantar nuestras bofetadas", decía Kruschef en Moscú.

Sin ha,cer la guerra, manifestaba el déspota en un discurso pronunciado durante su visita a Viena,

impondremos el comunismo en el mundo, eufemismo para anunciar el dominio universal de la U. R. S. S.

"No se conduce al paraíso a golpes de matraca. Los que creen que sólo se puede imponer el comunismo

por la guerra son unos locos."

A esto último, los comunistas chinos, dándose por aludidos, han respondido, por boca de Lu-Ting-Yi, uno

de sus más autorizados portavoces: "Los dirigentes comunistas chinos sólo conciben, las tentativas de

coexistencia en función de una estrategia más amplia encaminada a la destrucción del imperialismo por

todos los medios: legales o^ ilegales, sangrien> tos o pacíficos, económicos o políticos, militares o

ideológicos." Los propios estrategas chinos admiten que aun si perdieran en una guerra atómica

trescientos millones de habitantes, la cosa Valdría la pena, pues todavía quedarían otros tantos chinos para

dominar la tierra.

En el fondo, el lenguaje de las dos bandas criminales es el mismo, e idénticas sus intenciones. Pero los

soviéticos, más experimentados, recuerdan, y se lo callan, que no .han necesitado guerra particular para

apoderarse de doce naciones, ni arriesgar nada para conseguir zonas ´de influencia en el Caribe y en otros

mares. Como no necesitan comprometer ni un solo hombre para hacerse presentes en estos momentos en

el corazón de África. Les basta con la astucia, con mover sus resortes y con dejar discurrir por sus cauces

propios a sus instintos sanguinarios, libres de escrúpulos legales, de raza o humanitarios.

¿A qué les obliga la coexistencia? A nada, puesto que no entienden y repugnan el comportamiento

civilizado, aun en sus formas elementales, con hombres que previamente no estén dispuestos a acatar su

tiranía. Y así, en la contienda entre los negros que asesinan, violan y expolian a´ los blancos, creadores de

la riqueza del Congo, harán causa común con los asesinos y les excitarán para que completen el

exterminio. El Congo es, en la carta. de Kruschef a Lumumba, "una víctima de" la agresión colectiva de

las potencias imperialistas, que han levantado su mano contra la independencia del Congo y de otros

Estados africanos con el fin de impedir su liberación". La carta termina coa esta grosera exigencia de la

Unión Soviética: "¡Fuera las patas de la república del Congo!"

Así es la coexistencia apetecida por los hombres del Kremlin. Táctica para hacer la vida imposible, por la

inquietud, la exasperación, la alarma y el continuo desasosiego: aspiración concretada en la frase de

Kruschef en otro de sus discursos en Moscú con las siguientes palabras: "Hemos de ver a los imperialistas

retorciéndose como peces en nuestra sartén."

 

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