Autor: Echalar, Ignacio de . 
 ABC en Lisboa. 
 Los embajadores de España ofrecen un almuerzo al presidente de la República de Portugal  :   
 El anfitrión y su ilustre huésped reiteraron la inquebrantable solidaridad hispano-portuguesa frente a la hostilidad internacional. 
 ABC.    28/02/1962.  Página: 55-56. Páginas: 2. Párrafos: 6. 

ABC, MIÉRCOLES 28 DE FEBRERO DE 1962.

ABC en Lisboa

LOS EMBAJADORES DE ESPAÑA OFRECEN UN ALMUERZO AL PRESIDENTE DE LA

REPÚBLICA DE PORTUGAL

El anfitrión y su ilustre huésped reiteraron la inquebrantable solidaridad hispano-portuguesa frente a la

hostilidad internacional

Lisboa 27. (Crónica telefónica de nuestro corresponsal.) El palacio de Palhavá, residencia, del embajador

de España, es uno de los más bellos ejemplos de la arquitectura doméstica portuguesa de la época del,

barroco, verdaderamente, esplendorosa en todo el país, con sus jardines,, estatuas y azulejos, y

singularmente caracterizada en la capital donde la elegante traza de Palhavá es tan sólo igualada,

probablemente, por • el excepcional palacio de los marqueses de Fronteira, en Bemfica. En la luminosa y

radiante mañana de hoy batía una suave brisa marítima sobre la bandera española, izada en la puerta

principal de la residencia en honor del jefe del Estado que honraba nuestra. Embajada, aceptando un

almuerzo que le ofrecían los condes de Marín. Poco antes de la una y media de la tarde el almirante

Américo Thomas, su distinguida esposa y sus hijas llegaban al palacio, al píe de cuya escalera eran

esperados por nuestros embajadores. Este brillantísimo acto cerraba, con una protocolaria ceremonia que

en nada disminuyó la entrañable familiaridad del homenaje, los cordialísimos encuentros hispano-

portugueses determinados por el viaje del presidente de la República a Madrid el pasado mes de

noviembre, invitado por el Generalísimo Franco. Significativo antecedente de la gratísima presencia del

primer magistrado portugués en nuestra Embajada había sido la entrega verificada hace pocos días en el

Palacio de Belem del titulo de almirante de la Marina española, otorgado al presidente de Portugal por el

Caudillo.

En el comedor de gala del palacio, adornado con tanta sencillez como buen gusto, los condes de Marín

sentaron a su mesa, presidida por el jefe del Estado portugués, su esposa y sus hijas, al ministro de

Negocios Extranjeros, doctor Franco Nogueira, y esposa; secretario general de dicho Departamento, señor

Archer, y esposa; general jefe del Estado Mayor del Ejército y señor de Cámara Pina; general jefe de la

Casa Militar del presidente y esposa, y todos los miembros del séquito del almirante en su visita a España,

acompañados de sus respectivas esposas. Igualmente, y por parte de la Embajada, asistían el ministro

consejero, los agregados militar, naval y Aéreo y señoras de Vallespín, Ramos Izquierdo y López Sáenz,

y los hijos de los embajadores Conchita y Víctor Ibáñez Martín.

Terminado el almuerzo el embajador de España´ pronunció unas palabras afirmando que podía decirse

que la presencia del presidente en Palhavá era como una pequeña visita que evocaba fielmente la gran

visita de S. E. a Madrid. "Yo hoy—añadió—, en nombre, de Franco y do mi Gobierno, y también en

nombre del pueblo de España, cunero reiterar mi fe en Portugal. La verdad es que, a pesar de las horas

difíciles y turbias del inundo, seguimos enseñando maneras de actuar que enlazan con la mejor tradición y

que, a mi juicio, constituyen en su inspiración,y en sus normas un rst´lo nuevo de política internacional.

Una polí (...) en la más pura justicia y busca por todos los caminos el derecho que quiere para todos los

pueblos una auténtica hermandad. Somos dos naciones, dos Estados, dos pueblos con un solo propósito

de actuar juntos en defensa de la civilización cristiana, y pierden el tiempo los que intentan con ´´slogans´"

romper nuestra amistad, empeño vano de aquellos a los que tanto duele nuestro claro entendimiento.

Podemos decir que lo que ahora hacen en busca del sorprendente dominio del espacio los pueblos más

ricos´y avanzados del mundo tiene su precedente en las audaces tareas de nuestros descubridores, que,

como hoy, exponían sus vidas tantas veces sacrificadas por dar a la Humanidad nuevas tierras. Jamás

desertaremos de nuestros puestos de honor y de trabajo; es decir, de la misión europea y espiritual que

Dios nos lia encomendado.´´ .Las brillantes y emocionadas palabras del embajador fueron muy aplaudidas

por todos los asistentes al acto.

El presidente de la República contestó en términos muy sinceros y fervorosos, afirmando que todos los

presentes conservaban los más imborrables recuerdos de su estancia en Madrid, de la que ya tenían

grandes "saudades´´. "España quiso entonces demostrar cuánto nos apreciaba, y en una época tan difícil

para la historia de los dos países. Portugal y España han resistido y siguen resistiendo, y en verdad siguen

caminos paralelos, caminos en los que la amistad es siempre posible, aunque a los que tanto celebrarían el

poder romper esa amistad, deshacer esa armonía, les gustase que fuesen convergentes para, ante la

convulsión resultante, convertirlos en divergentes, lisa sería la solución ideal para los que no toleran la

armonía existente en la Península Ibérica. Pero España y Portugal se conocen, se estiman y se respetan

totalmente, y no les daremos la razón. Podrán ser muchas las intrigas, pero nuestra ruta seguirá siendo la

misma.´´

A continuación el almirante Thomas, recogiendo la alusión del embajador a las actuales empresas

espaciales en busca de lo desconocido, dijo que si esos progresos se consiguen siempre a costa de muchos

sacrificios y muchas vidas, la verdad es que hasta hoy costaron muchas menos que las que Portugal y

España inmolaron para poder emprender el descubrimiento del mundo. Es natural que se ha van olvidado

estas realidades, pero nosotros ´debemos recordarlas periódicamente para aquellos que perdieron la

memoria. Termina el jefe de Estado agradeciendo la fraterna acogida´ de los condes de Marín, descando al

pueblo español el progreso, la alegría y la felicidad que bien merece, y levantando su copa por el

Generalísimo Franco, al que deseó larga vida, así como por España y por su gran futuro.

El presidente portugués y su esposa, acompañado por sus hijas, abandonaron cí palacio de Palhavá,

después de una cordialísima sobremesa, con el mismo ceremonial que a su llegada, siendo acompañados

hasta los coches por los embajadores y todos los miembros de nuestra representación diplomática, que

habían asistido al acto.— I. DE ECHALAR.

 

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