El consabido barullo es barullo confirmado     
 
 ABC.    19/05/1962.  Página: 57-58. Páginas: 2. Párrafos: 4. 

ABC. SÁBADO 19 DE MAYO DE 1962.

EL CONSABIDO BARULLO ES BARULLO CONFIRMADO

En vista de lo que está ocurriendo fuera de España, queremos referirnos hoy a nuestro comentario del

jueves último titulado "El consabido barullo". La Prensa extranjera nos alude estos días con frecuencia, ya

de buena fe y comprendiendo nuestras razones, ya hostilmente y encerrándose en un sectarismo que a las

claras aparece originado en las viejas "consignas" de siempre. Están hoy muy vivas en Europa esas

"consignas". Las propaga Moscú a buen precio. La ofensiva marxista tiene—hoy lo mismo que ayer—un

servil aliado en la triste y decrépita masonería, inveterada enemiga de nuestra patria. No es un lugar

común dialéctico decir que la Rusia soviética, si aparece arrogante en sus cambalaches con los otros

países del Occidente, guarda hacía nosotros un oscuro e inconfesable rencor de nación derrotada. No es

ocioso decir que en la bien meditada y madurada estrategia política del comunismo, desde Lenin a

Kruschef, la Península Ibérica, por su posición geográfica, era, es y será el más apetecible, el más sus-

tancioso y, en fin, el más importante de sus designios. Tan profunda es nuestra convicción de que la

victoria española sobre el comunismo roe todavía de rencores y de apetitos de venganza a los hombres

que dirigen a Rusia, que quisiéramos nosotros insistir en eso que fuera de España puede considerarse

acaso como un lugar común. Un lugar común es una verdad de todos conocida y que hay que demostrar,

día tras día, para que la gente no la olvide.

Digamos paladinamente que, les conflictos laborales que han surgido en algunas regiones de España son

conflictps de índole política. Inequívocamente. Están atizados por antiguos resentimientos contra nuestro

país, y éste es el caso de la masonería. Están dirigidos por odios y rencores más recientes, pero también

invencibles, y éste es el caso del comunismo. Se esgrimen apócrifas razones de orden económico: meros

pretextos. Que no están esos conflictos originados en razones verdaderas económicas aparece claramente

en las fluctuaciones que advertimos en sus incidencias y las características de su tramitación. Ha ocurrido,

por ejemplo, en estos últimos días, que, después de formalizarse prácticamente y con carácter final un

acuerdo, motivos no confesados dejaban incumplido ese mismo acuerdo.

Y sobre todo, y muy singularmente y muy descaradamente, casi todas las naciones europeas—lo registran

los órganos periodísticos de fuera de España—han sufrido en los días pasados los efectos de unas

campañas de radio y de Prensa —campañas comunistas o filocomunis-tas—tendentes a una

sincronización de paralizaciones de trabajo o de barullos callejeros, cuyo único pretexto era tantear

políticamente la opinión pública en relación con nuestra patria. Ya sabemos, ya se sabe en el mundo

entero, que tan-+o el comunismo, régimen que no admite, ni ha admitido nunca, subversio-o simples y

fugaces paralizaciones del trabajo, como los viejos y cada vez más menguados grupitos masónicos no

tienen hoy, en una Europa próspera y eufórica, influencia real sobre el dinamismo de las masas

trabajadoras. Actúan, acaso, sobre unas pasivas minorías de aspirantes a intelectuales o a personajes

políticos, desalojados de la vida moderna por el impetuoso caudal que a todos nos arrastra; caudal de

trabajo, de estudio, de perseverancia, de orden y de buen humor.

Nos interesa, pues, decir que nuestro comentario del jueves estribaba en hechos muy concretos. España,

otra vez, es el pretexto. España, otra vez, es motivo de agitaciones más allá de sus fronteras. En resumen:

somos un blanco. Si no hubiésemos vencido nosotros al comunismo en 1939, si no estuviese España bien

encauzada por las vías de la salud política y económica, si no fuese España geográficamente punto

esencial en el mundo occidental, ¿cómo podríamos nosotros, españoles, hombres sencillos, ciudadanos de

un país ordenado, exento de apetitos territoriales, pacífico, laborioso y alegre; cómo podríamos nosotros

explicarnos esos atentados que se están cometiendo contra las residencias oficiales y particulares de

nuestros representantes diplomáticos en el extranjero? Y véanse más abajo los episodios que lo

demuestran ; han ocurrido al tiempo mismo en que dentro de España surgían, de súbito paralizaciones

aisladas en el trabajo.

 

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