Autor: Pérez Ferrero, Miguel. 
 París. 
 El viaje de Couve de Murville a Madrid significa la aparición de un clima de confianza y amistad para la colaboración hispano-francesa  :   
 Este entendimiento ha sido posible merced al sentido histórico de De Gaulle y a la visión política de Franco. 
 ABC.    22/05/1964.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

MADRID, VIERNES 22 DE MAYO DE 1964 - EJEMPLAR DOS PESETAS

ABC

EL VIAJE DE COUVE DE MURVILLE A MADRID SIGNIFICA LA APARICIÓN DE UN CLIMA

DE CONFIANZA Y AMISTAD PARA LA COLABORACIÓN HISPANOFRANCESA

Este entendimiento ha sido posible merced al sentido histórico de De Gaulle y a la visión política de

Franco

París 21. (Crónica de nuestro corresponsal, recibida por "telex".) Sigue aquí ocupando el interés central de

los comentaristas y de los círculos diplomáticos y políticos la visita a Madrid del ministro de Negocios

Extranjeros, M. Maurice Couve de Murville, a quien hoy ha ofrecido el embajador de España, conde de

Motrico, un almuerzo íntimo, al que han asistido los principales colaboradores del ministro. Se considera

este viaje del destacado colaborador del general De Gaulle como el punto final de una tarea llevada a

cabo por ambos Gobiernos, el español y el francés, desarrollada especialmente en estos últimos años, no

sólo para normalizar las relaciones diplomáticas entre los dos países, sino para crear un clima de recíproca

confianza y amistad que haga posible en el futuro una estrecha y verdadera cooperación a escala europea.

Se preguntaba el editorialista de "L´Aurore", Henry Benazet. cuál sería, entre los muchos temas que

plantea esta cooperación entre los dos países vecinos, el preferente en las conversaciones que van a

celebrarse en Madrid. Y llegaba a la conclusión de que lo; importante de estas reuniones no está tanto en

lo que habrá de decirse sobre un aspecto determinado, sino en el examen global, desde el ángulo más

elevado, de una acción conjunta y paralela de ambas naciones en terrenos en los que se hallan ligadas por

intereses comunes.

"La geopolítica tiene sus leyes—acaba de escribir otro experto en cuestiones internacionales—, y a ellas

no escapa este acercamiento entre París y Madrid." !Las dos manzanas de la discordia entre Francia y

España fueron, en el pasado, la política en relación con Marruecos y las relaciones entre Francia y

Alemania. Esas dos cuestiones creaban múltiples motivos de fricción, engendrando tensiones que llegaron

a extremos por todos conocidos. Al liquidarse para siempre el contencioso franco-alemán y establecerse,

después de la independencia de Marruecos, vínculos de sólida amistad de Rabat con Madrid y París a un

tiempo, el camino estaba allanado para que nuestras dos capitales pudieran dar comienzo a una tarea de

auténtica hermandad occidental y europea.

El sentido histórico del general De Gaulle y la visión política del general Franco han hecho posible este

entendimiento, que se aceleró de manera notable tras la terminación de la guerra de Argelia y, como

consecuencia de ella, el proceso final de la descolonización francesa en África. Los dos soldados y Jefes

de Estado han comprendido hasta qué punto se hallaba inscrito en el interés de sus respectivos países,

como un camino obligúelo para el porvenir, el de la amistad sincera por encima ie los problemas que una

cierta política trató de crear en los años anteriores.

Hay que remontarse al viaje del presi-dente del Consejo de Ministros, Eduardo Herriot, amparado en

móviles de simpatía ideológica en 1932, para saludar a su colega Manuel Azaña o, más remotamente, ».

la visita protocolaria del presidente Poincaré a nuestro Rey Alfonso XIII para encontrar antecedentes

comparables. Faltaba, quizá, esta paridad de mutuo respeto y consideración recíproca que ahora revisten

las relaciones Hispano-francesas. en ningún momento enturbiadas con propósitos de hegemonía o de

estimaciones equivocadas en cuanto al nivel y a la importancia respectiva de los dos partícipes.

En la Europa que ahora se está forjando hay, evidentemente, un país que marcha a la cabeza en cuanto a

las iniciativas de su política, tanto en lo que se refiere a la defensa del continente, como a la autonomía de

sus concepciones, porque su régimen interno está cimentado en principios de estabilidad. Y así lo ha visto

el gran especialista en asuntos internacionales Walter Lippmann, del que recoge hoy "Le Figaro" varios

importantes fragmentos del segundo artículo de la serie que está publicando sobre Europa. Dice, entre

otras cosas, que para todos los Gobiernos existe una falta de sincronía entre su política oficial y el

desenvolvimiento real de las cuestiones europeas y que ello se debe, en parte, al hecho_ de que ni uno

solo de esos Gobiernos occidentales, a excepción del Gobierno del general De Gaulle, tiene la impresión

de disfrutar de una autoridad suficiente sobre el plan interior para apartarse demasiado de los caminos

trillados de los años 50. Y que, no optante, el hecho que llama la atención hoy en Europa es que existe un

cambio decisivo en relación con aquellos años. Con esa Francia, que señala como excepción Walter

Lippmann, es con la que ahora se entiende España, aungue sin que este acercamiento haga olvidarse a

nuestro país de las demás naciones europeas, continentales o insulares. Y sin que tenga por qué causar

antagonismo alguno en las excelentes relaciones, tanto políticas como militares, que España mantiene con

los Estados Unidos de América.—Miguel PÉREZ FERRERO.

 

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