El Jefe de Estado recibió ayer a Couve de Murville en el Palacio de El Pardo  :   
 En el ministerio de asuntos exteriores se celebró una reunión de trabajo sobre temas hispano-franceses. 
 ABC.    30/05/1964.  Página: 63-65. Páginas: 3. Párrafos: 40. 

MADRID, SÁBADO 30 DE MAYO DE 1964

ABC

EL JEFE DEL ESTADO RECIBIO AYER A COUVE DE MURVILLE EN EL PALACIO DE EL

PARDO

EN EL MINISTERIO DE ASUNTOS EXTERIORES SE CELEBRO UNA REUNIÓN DE TRABAJO

SOBRE TEMAS HISPANO-FRANCESES

CASTIELLA: «VUESTRO VIAJE REPRESENTA LA EXPRESIÓN DE UNA POLÍTICA DE BUENA

VECINDAD»

COUVE DE MURVILLE: «NUESTRAS CONVERSACIONES MARCAN UNA NUEVA ETAPA Y

PRODUCIRÁN SUS FRUTOS»

El ministro francés fue obsequiado con un almuerzo en el domicilio as los condes de Motrico y una

comida en ei Palacio de Viana

Ayer, a las doce, Su Excelencia el Jefe del Estado recibió en audiencia especial, en el Palacio de El Pardo,

al ministro de Negocios Extranjeros de Francia, señor Couve de Murville, con quien sostuvo una

entrevista que se prolongó durante setenta minutos, y en la que estuvieron presentes el ministro de

Asuntos Exteriores español, señor Castiella, y los embajadores de España en París, conde de Motrico, y

de Francia en Madrid, barón de Boisseson.

Al abandonar el Palacio de El Pardo, el ministro francés fue despedido con los mismos honores que a su

llegada.

A las diez y media de la mañana, el ministro de Asuntos Exteriores, señor Castiella, recibió en el palacio

de Santa Cruz la visita oficial del ministro de Negocios Extranjeros francés, señor Couve de Murville.

A continuación de la entrevista se celebró en el palacio de Santa Cruz una reunión de trabajo presidida

por el subsecretario español de Asuntos Exteriores, señor Cortina, cr¿ la que participaron, por parte

española, el director general de Política Exterior, señor Sedó; el director general de Relaciones

Económicas, señor Armijo; d director genera! de Organismos Internacionales, señor Elorza; el director

general de la Oficina de Información Diplomática, señor Martin-Gamero, y el director de Asuntos

Políticos de Europa, señor Olivia. Por parte francesa, asistieron el director general de Asuntos Políticos,

señor Lucet: el director de los Servicios de Información y Prensa, señor Lebel; el director de Asuntos

Políticos de Europa, señor Puaux, y el jefe del Gabinete del señor Couve de Murville, señor Malaud.

Durante esta reunión fueron abordados de manera detallada los asuntos de la competencia de cada uno de

los asistentes, que afectan a las relaciones hispano-francesas, estableciéndose un amplio y sincero diálogo

entre los representantes españoles y cada uno de sus colegas franceses.

ALMUERZO EN CASA DE LOS CONDES DE MOTRICO

A primera hora de la tarde, el embajador de España en París y la condesa de Motrico ofrecieron, en su

domicilio, un almuerzo en honor del ministro francés de Negocios Extranjeros y la señora de Couve de

Murville. Asistieron a este almuerzo el vicepresidente del Gobierno, capitán general Muñoz Grandes, y su

esposa; el ministro de Asuntos Exteriores y señora de Castiella, el embajador de Francia en Madrid y la

baronesa de Boisseson, el director de Asuntos Políticos en el Ministerio francés, señor Lucet, y otras

personalidades españolas y francesas.

LA COLONIA FRANCESA, RECIBIDA POR COUVE DE MURVILLE

En la residencia de los embajadores de Francia, señores de Boisseson. se celebró, a las siete de la tarde,

una brillante recepción en honor del ministro de Asuntos Extranjeros, señor Couve de Murville.

La colonia francesa y otras personalidades acudieron a saludar a nuestro ilustre huésped. Entre la

concurrencia figuraban los jefes de varias representaciones diplomáticas extranjeras.

COMIDA EN EL PALACIO DE VIANA

El ministro de Asuntos Exteriores y la señora de Castiella ofrecieron anoche, en el palacio de Viana, una

comida en honor del Ministro de Negocios Extranjeros de Francia y la señora de Couve de Murville, a la

que asistieron los ministros de Marina y señora de Nieto Antúnez; de Hacienda y señora de Navarro

Rubio; de Industria y señora de López Bravo; de Gobernación y señora de Alonso Vega; de Información

y Turismo y señora de Fraga; ministro secre-tario general del Movimiento y señora de

Solís, y el de Comercio, señor Ullastres; el embajador de Francia y baronesa de Boisseson; embajador de

España en París y condesa de Motrico; subsecretario de Asuntos Exteriores y señora de Cortina;

comisario del Plan de Desarrollo, señor López Rodó; director general de Asuntos Políticos del Ministerio

francés de Negocios Extranjeros y señora de Lucet; director general de Política Exterior y señora de Sedó;

director de los Servicios de Información y Prensa en el Quai d´Orsay, señor Lebel; director general de la

Oficina de Información Diplomática y señora de Martín Camero; director de Asuntos Políticos de Europa

en el Ministerio francés, señor Puaux; director general de Organismos Internacionales y marquesa de

Nerva; jefe del Gabinete del señor Couve de Murville, señor Malaud; director del Instituto de Cultura

Hispánica y señora de Marañón; el barón y la baronesa de Nerciat, y el director de Asuntos Políticos de

Europa, señor Olivia.

El señor Castiella pronunció al final de la cena unas palabras.

El ministro de Asuntos Exteriores comenzó saludando la presencia del señor Couve de Murville en

Madrid con frases de amistosa cordialidad en las que resaltó la gran personalidad de su colega francés,

cuyo viaje a España—dijo el señor Castiella—a nadie puede extrañar, sorprendiendo si acaso el que esta

visita no se haya producido hasta ahora.

Francia y España, en efecto, son dos países vecinos que desde los tiempos más remotos han estado

estrechamente unidos y han vivido enlazados por vínculos profundos y antiguos como su propia historia.

"Capítulos de esa identidad de los espíritus destíe el alba misma de los tiempos —dijo el señor Casuella—

fueron Lascaux y Altamira, lucecillas de la vieja cultura de dos pueblos pirenaicos. Como lo han sido

después el "camino francés" de Santiago, secular vía de penetración de vuestra cultura en España, o el eco

español de las "chansons" medievales, o el influjo cluniacense en nuestra vida monástica antigrua. O los

maestros españoles en las Universidades de Francia, o la influenciA de nuestra literatura en Corneille o

Moliere, La Bruyére o San Francisco de Sales, o la devoción española del insigne Chateaubriand, vuestro

predecesor hace siglo y medio, o el entusiasmo de vuestros románticos por España, o el prestigio actual

de la gran escuela de hispanistas franceses. O es, finalmente, toda la inmensa proyección de la lengua y

las letras de Francia sobre la España moderna.

Estas dos culturas—continuó el señor Castliella—, one por ser profundamente europeas se han

entendido siempre, pueden aún rendir grandes servicios al mundo, al producir entre las dos un admirable

equilibrio de razón y de pasión, de lógica y de intuición, de inteligencia y de profunda humanidad.

Me refiero, señor ministro, a dos pueblos que suman alrededor de los ochenta millones de habitantes y

que ya no viven bajo la impresión de estar separados por una frontera de cerca de 700 kilómetros, la más

antigua y estable de Europa. Y aún añadiría que si hay cuatro, cinco o seis millones de turistas franceses

que nos visitan todos los años, y si hay cientos de miles de compatriotas nuestros que disfrutan de vuestra

hospitalidad y se ganan la vida entre vosotros; si desde el punto de vista comercial España va a

convertirse pronto en vuestro sexto cliente en el mundo; si España geográficamente es un lazo de unión

con África y está dispuesta a colaborar lealmente con vosotros en la inmensa tarea que os espera en ese

vasto continente; si tal vez tengáis que contar con nosotros para un diálogo efectivo con esa veintena de

naciones que en América hablan nuestro Idioma y son de nuestra sangre; si es verdad lo que un gran

francés acaba de decir, que Europa sin España carece de profundidad; .si los españoles de hoy no tenemos

complejos y queremos una Francia grande y poderosa, que represente no sólo una contribución a la

común fortaleza europea, sino una verdadera amistad; si todo lo que os acabo de decir es más o menos

cierto, entonces permitidme concluir que ya había llegado el momento de que un ministro francés de

Asuntos Exteriores, saltando por encima de esos otros terribles Pirineos que son los prejuicios, viniese a

Madrid para sentar las bases de una política auténticamente realista. Es a vos, mi querido amigo, a quien

corresponde el mérito de este gesto. Jamás lo olvidaremos.

HEMOS SIDO FIELES A LA AMISTAD

Un día, hace casi cinco años, estreché firmemente vuestra mano en la isla de los Faisanes y yo creo que

desde entonces podemos ambos estar orgullosos de haber sido siempre fieles, aun en los momentos más

difíciles, a esta amistad. Acabo de mencionar la palabra amistad. Pues bien—dijo el señor Castiella,

dirigiéndose al embajador de España en París—, quiero aprovechar esta ocasión para expresar mi gran

satisfacción por la presencia en esta mesa de un viejo amigo de la infancia, el conde de Motrico.

Constituye, sin duda, un hecho singular el que nuestro embajador en París y yo, que con la pasión de la

juventud hubimos de consagrar muchos esfuerzos a estudiar juntos las amarguras y las decepciones de un

siglo de relaciones franco-españolas, casi por un designio providencial nos encontramos hoy trabajando

con entusiasmo, confianza, tenacidad, convicción, y espero que también con éxito, desde puestos de gran

responsabilidad para construir con vos y con vuestros colaboradores una amistad franco-española sólida y

permanente, digna de nuestros sueños y de nuestras esperanzas.

Gracias a Dios, nuestra labor se lleva a cabo en un clima favorable, y podemos así aprovechar el

admirable aliento creador, lleno de espíritu renovador y constructivo, que actualmente nos impulsa tanto

en Francia como en España, dos viejas naciones que, de la mano de dos Jefes de Estado excepcionales,

lúcidos, patriotas, tenaces y clarividentes, han sabido extraer, fie las terribles tragedias que vivieron re-

cientemente, la lección que les prepara para el futuro. Futuro que aparece lleno de optimismo y de

grandeza, pero de una grandeza, sobre todo, de dimensiones morales, fundada no en la fuerza y el

materialismo, sino en la fe en Dios y en la confianza en nosotros mismos, en el bienestar general y en la

consecución de una justicia social y una auténtica libertad.

LA POLÍTICA DEL BUEN VECINO

Vuestro viaje—continuó diciendo el señor Castiella—constituye, a mi juicio, un éxito que va más allá del

marco estricto de las relaciones franco-españolas, y ello simplemente porque representa la expresión de

una política de buena vecindad, tina de las mayores contribuciones que Francia ha hecho a la unificación

y a la colaboración europea ha sido precisamente la de poner en práctica en nuestro continente la política

del buen vecino. Las suspicacias entre Estados fronterizos, que llevaron en el pasado a alianzas militares

sobre las que reposaba el equilibrio de poderes, han dejado paso a la colaboración y a la amistad entre

naciones que, por estar geográficamente unidas, deben ser las primeras en entenderse. Esta contribución

francesa ha tenido su máxima expresión en vuestras relaciones con Alemania.

De la misma forma, estoy seguro que la colaboración y el entendimiento entre nuestros dos países será

considerado por todos cuantos sinceramente dedican sus esfuerzos a la creación de una Europa próspera y

pacífica como una importante contribución a la unificación de nuestro continente, con el que España

quiere trabajar y colaborar sin reservas mentales, sin herir intereses ni sentimientos ajenos y con la firme

convicción de que nuestra presencia entre los pueblos europeos constituirá un elemento positivo para

Europa y para España. No tenemos, señor ministro, problemas insolubles que queramos echar sobre las

espaldas de quienes con nosotros sinceramente colaboran.

Señor ministro, acabo de hacer el elogio de vuestra política de buena vecindad. Creo que ningún país está

tan calificado como España para apreciarlo en todo su valor.

Desde nuestra guerra de Liberación es ésta la política que hemos seguido. Marruecos podría dar buen

testimonio de ello. Y, como usted bien sabe, en esta misma península Ibérica que visitáis había dos

pueblos casi sin fronteras naturales que durante más de un siglo vivían prácticamente de espaldas el uno

del otro. En la actualidad, Portugal y España están unidos por lazos fraternales, que el Pacto Ibérico, que

cuenta con veintisiete años, subraya con elocuencia.

Política de amistad, política de buena vecindad: Alemania, Francia, España, Portugal... Las querellas y las

desconfianzas, los viejos rencores y las incomprensiones desaparecen... ¿Pero qué ocurre en esta parte del

Occidente? Usted lo sabe bien. Puedo decirlo en voz baja y puedo también proclamarlo en voz alta:

ninguna duda. He ahí un trabajo serio. Europa está haciéndose. ¡Estamos construyendo Europa!

Permitidme a este respecto agradecer calurosamente a Francia y a vos mismo el noble y generoso apoyo

que prestáis, con solidaridad latina ejemplar, a las aperturas españolas para un diálogo sereno, sin

prejuicios, con los miembros del Mercado Común.

Esta gratitud y la alegría que siento al teneros entre nosotros se unen a la emoción con la que levanto mi

copa para proponeros brindar por la salud de su excelencia el presidente de la República y por la grandeza

de Francia, y también, de todo corazón, por vuestro bienestar personal."

Palabras del ministro francés

El ministro francés contestó con las siguientes palabras:

"Señor ministro no dudará de la sinceridad del agradecimiento, que en nombre de mi mujer, de mis

colaboradores y en el mío propio le expreso ahora por l>i acogida que se nos lia dispensado en Madrid y

que con- tanta genli-leea resumen las palabras que acaba de pronunciar.

Nos sentimos emocionados, sobre todo, si me permite decirlo, por los sentimientos de personal amistad

que representan y que puedo asegurarle son compartidos por mí sinceramente. Henos aguí, cinco años

después de nuestro encuentro en la Isla de los Faisanes, en la frontera de nuestros países, en un lugar

señalado por nuestra historia común, cuando hemos adquirido la buena costumbre de reunimos

frecuentemente y discutir juntos problemas que son de interés -recíproco, y que tratamos de resolver en

la. medida en que dependen de nosotros: dicho en- una palabra, de cooperar. Creo que hemos obtenido

ventajas para nuestros dos países, y ésta es la rasan por la cual estamos decididos a continuar.

Nuestras conversaciones de hoy, que aún continuarán mañana, y la audiencia que he tenido el honor de

celebrar con Su Excelencia el Jefe del Estado español marcan una nucz´a etapa, y estoy seguro de que

producirán sus frutos.

También contamos con el desarrollo normal de todas las relaciones que en los más vanados aspectos

existen entre nuestros países y, en primer lugar, en el terreno cultural, económico y comercial. Nuestros

Gobiernos tienen la obligación de contribuir al estrechamiento de esas relaciones en la medida de sus

posibilidades y se esfuerzan por conseguirlo dentro dg un espíritu de recíproca buena voluntad.

Finalmente, no olvidamos que al oeste de nuestro Continente, entre el Atlántico y el Mediterránea, en los

confines del África- del Norte, nuestras dos naciones, países europeos, cuyos intereses jn»dmnentales

llegan a coincidir, deberán, tarde o temprano, adherirse til gran movimiento de unión que está en fías de

desarrollo.

Todas estes co-nsideraciones son- ¡as g«e fiemos de tener presentes esta noche, y son las gne nos hocen

pensar que eíle viaje, in-de pendientemente del inmenso agrado con que lo hemos -realieado y por el que

estamos profundamente agradecidos, dejando de. lado incluso el vivísimo interés, que personalmente he

sentido, será útil para nuestros países.

Permítame i al terminar, presentar mis r,iás respetuosos saludos a- l-a señoril de Cas-tiella, y decirle

cuánto mi mujer como yo. mismo Íes agradecerlos la gentileza de su acogida.

Levanto mi copa en honor de Su Excelencia el Generalísimo. Franco, Jefe del Estado español."....

CONCIERTO DE GUITARRA

Después de la comida se celebró un concierto de guitarra interpretado- por el: ilustre guitarrista non

Regino Sáinz de la Maza, con arreglo al siguiente programa:

"Sarabande", Jacques Gaultier (1600-1670); cuatro piezas, François Campion (1680-174.0): "Sarabande",

"Menut´!, "Air", "Gigue". "Danzas cervantinas", . Gaspar Sanz (1674); "Preludio y gavota", J. S. Bach, y

"Preludio español", Albéniz.

PROGRAMA PARA HOY

El ministro de Negocios Extranjeros de Francia y su séquito visitarán hoy el Museo del Prado, Liceo

Francés y Casa de Velázquez. Luego se trasladarán al Valle de los Caidos, en cuya abadía almorzarán.

Por la tarde visitarán el Real Monasterio de El Escorial y de regreso a Madrid celebrará una conferencia

de Prensa -en el Club Internacional.

Por la noche, M. Couve de Murville asistirá a una comida en la residencia de la Embajada de Francia.

COMENTARIOS DE LA PRENSA FRANCESA

París 2O. La Prensa francesa continúa ocupándose de la visita a España del ministro francés de Asuntos

Exteriores.

El periódico "La Nation" dice: "El viaje de Couve de Murville a España constituye la coronación de una

serie, de contactos que se encaminan a la normalizacion de las relaciones entre Madrid y París, pero ver,

corno pretenden algunos comentaristas hostiles a todas las acciones que emprende el Gobierno francés, en

este viaje del ministro francés, una aproximación ideológica entre los dos regímenes, es una burda

deformación de la verdad. Al normalizar sus relaciones con España, Francia sigue los ejemplos que

deberían acallar a todos los detractores de la. política francesa: el presidente Eisenhower, el doctor Erhard

y Lord Heme han visitado España..."

Por su parte, "Le Fígaro" publica lo siguiente:

"La visita de Couve de Murville a Madrid, después de las efectuadas por Erhard, Luebke, Gerstenmaier,

Giscard d´Estaing, Heath, por no citar más que los principales, no adquiere todo su valor si no en la

medida que aporta la afirmación de la integración de España en Europa. Una inte-gracición que el gran.

Unamuno, porque la deseaba más que nada, profetizaba, ya en junio de 1895, cuando escribía: "La

corriente inagotable de la invasión europea en nuestra patria acrecienta de día en día su impulso y su

fuerza."

Es de presumir que esta "inquietante" eventualidad será una de las cuales sobre las que dedicará su

atención el secretario norteamericano de Comercio. Luther Hod-ges, cuya visita, oficial, altamente

significativa, se espera pasado mañana en Madrid.—Efe

 

< Volver