Autor: López de la Torre, Salvador. 
   Comienzan ante el Tribunal Internacional de Justicia las audiencias españolas en el asunto de la Barcelona Traction  :   
 El litigio que enfrenta a las administraciones belga y española plantea un caso de colonialismo económico. Intervenciones por parte española del señor Castro Rial y de don José María Gil Robles.. 
 ABC.    20/05/1969.  Página: 27. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

ABC. MARTES 29 DE MAYO DE 1969.

COMIENZAN ANTE EL TRIBUNAL INTERNACIONAL DE JUSTICIA LAS AUDIENCIAS

ESPAÑOLAS EN EL ASUNTO DE LA BARCELONA TRACTION

Intervenciones por parte española del señor Castro Rial y de don José María Gil Robles

EL LITIGIO QUE ENFRENTA A LAS ADMINISTRACIONES BELGA Y ESPAÑOLA PLANTEA

UN CASO DE COLONIALISMO ECONÓMICO

La Haya 20. (Crónica telefónica de nuestro enviado especial.) Mañana, a las diez, comienzan con una

intervención del señor Castro Rial y «ira de don José María Gil Robles, las intervenciones de los

representantes españoles ante el Tribunal Internacional de Justicia, dentro del proceso que enfrenta a los

Gobiernos de Bélgica y de España, sobre el asunto de la Sociedad Barcelona Traction, que nosotros

hemos conocido siempre, de modo familiar, bajo el remoquete de "La Canadiense". Asunto de gran

entidad, que ha movilizado hasta la barra del Tribunal a los mejores especialistas mundiales de Derecho

Internacional y en la que, según la parte belga, se pretende, nada menos, que resolver un problema de

moralidad capitalista internacional. Las primeras audiencias durarán hasta el viernes.

El litigio entre los dos Gobiernos es la manifestación jurídica internacional de un antiguo pleito de

intereses privados que enfrentaron desde el año 1948 ciertos obligacionistas de la Barcelona Traction y

los cuadros directivos de dicha compañía, «ue era cabeza sin ningún´disimulo de una red de compañías

auxiliares y filiales que explotaban en todos los sentidos de la palabra, la venía de energía eléctrica en la

región catalana. Demandados por los obligacionistas que reclamaban el cobro de sus legítimos derechos

en libras esterlinas, que la compañía no abonaba desde 1936, los defraudados acreedores consiguieron

que un juez español declarase en quiebra la compañía, que faltaba a sus compromisos, exactamente igual

que hubiese hecho cualquier juez del mundo civilizado. Puestos en venta, cuatro años más tarde, los

bienes de la sociedad en quiebra, según marca la Ley, fue F. E. C. S. A., quien adquirió las instalaciones,

indemnizando a los obligacionistas, que debieron esperar el cambio de propiedad para recibir algún

beneficio de una inversión «ue, hasta entonces, ha-feía sido estérilmente improductiva.

Pero entonces empieza la historia judicial de este asunto, que desde el primer momento se emplea por los

antiguos propietarios, malos pagadores, como un arma antiespañola que, por desgracia, todavía se sigue

agitando y ante la cual será preciso que respondamos con toda la saludable energía que nos concede

nuestra buena razón. Moralmente, el asunto puede empa-reníarse con la obstinación inglesa en Gibraltar

porque ambos responden a una mentalidad1 colonial y a un desconocimiento total de la altura de los

tiempos, ya que lo «ue el Tribunal de Justicia Internacional estará obligado a considerar en este asunto, es

el derecho del pueblo español a no _ser explotado, frente al escandaloso desafío de un capital extranjero,

que pone en entredicho la honestidad de la justicia española y de las autoridades que cumplieron en el

caso de la Barcelona Traction sus obligaciones más estrictas.

La Barcelona Traction fue, desde su fundación, el ejemplo mismo de una sociedad que monta un

complejo tinglado de filiales repartidas por todo el mundo, para escamotear sus cuentas, tanto al Estado

español COMO a sus propios, obligacionistas. El asunto merece la pena que quede claro, porque, en todo

este proceso, el listado español no hace más que defender intereses de ciertos capitalistas españo-

% que veían pasar los años sin recibir ningún beneficio y sus propios intereses lesionados por un fraude

fiscal que era prácticamente crónico. La historia de la Barcelona Traction puede resumirse en una serie

continuada de arreglos, con les que conseguía que sus acreedores disminuyesen sus pretensiones de

cobrar lo que debían.

En 1911, en 1915, en 1918, en 1924 ya la Barcelona Traction haȒa pactado acuerdo de compromiso con

sus acreedores, para verse perdonar una parte de sus deudas, presentándose en la imposibilidad de

pagarlas. En 1945, y después de haber suspendido su servicio ole obligaciones en libras, otra vez intenta

repetir, por quinta vez, el eterno juego de los arreglos que debían siempre pagar los acreedores de una

sociedad que, como bien dicen los juristas españoles, "vivía en estado latente de quiebra", que el

Gobierno español y el británico bloqueasen, ese pretendido arreglo que era un nuevo regalo a la

Compañía, no puede considerarse más que como el final de una larga paciencia.

La quiebra de 1948 no fue, prácticamente, más que el reconocimiento legal de una situación insostenible,

que la Barcelona Tracíion había montado desde su fundación, recostándose en la potencia de los apoyos

internacionales que recibía y, sobre todo, en un mecanismo de complicación burocrática capaz de

envolver tras de espesas cortinas de humo, una contabilidad que desde 1920 ya estaba levantando con

razón las más vivas sospechas de la Administración española.

Pero, por una especie de ironía del Destino, cuando llega la hora en que_la escasez de divisas, padecida

por España en los momentos posteriores a nuestra guerra, reclamaba que cada sociedad extranjera

instalada en España debiese explicar con los libros bien abiertos la estructura de su contabilidad, la

Barcelona Traction, con su red confusa de catorce filiales, sus lazos ocultos y sus manipulaciones

aritméticas, se encuentra en la imposibilidad de cumplir una regla de claridad que obedecían todas las

otras sociedades extranjeras, en las mismas condiciones que .ella. Y, naturalmente, como no puede abrir

los libros, no obtiene tampoco las divisas que el Instituto de Moneda Extranjera español concedía para

estos casos, y no puede pagar a sus obligacionistas, ya escarmentados con tantas pérdidas anteriores.

El caso puede ponerse como ejemplo de un pecado que lleva aparejada su penitencia. Y así esembocamos

en el meollo de la cuestión. La Barcelona Traction, con sus conexiones secretas y sus prestidigita-ciones

contables, corresponde históricamente a un momento de la prehistoria industrial colonialista, donde el

país colonizado no dispone de fuerza ni de servicios para descubrir los fraudes. Pero resulta imposible,

como método de conducta, en nn tiempo de igualdad entre las naciones, de mutuo beneficio en la

inversión y, so« bre todo, de orden en el país donde se ha realizado la inversión. Por eso- la quiebra de

1948 no es, en realidad, un acontecimiento aislado, sino el final de un sistema de dominación de tul fuerte

sobre un débil. Y lo único que deja literalmente boquiabierto es que, todavía, el viejo colonizador no haya

aprendido la lección. La incomprensible es que queden todavía fósiles vivientes.—Salvador LÓPEZ DE

LA TORRE.

 

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