Autor: López de la Torre, Salvador. 
 ABC en La Haya. 
 Intervenciones de los señores Castro Rial y Gil Robles en la primera sesión española ante el Tribunal Internacional de Justicia  :   
 Las acusaciones políticas de los abogados belgas sobre el pleito de la Barcelona Traction fueron rechazadas por los dos oradores. 
 ABC.    21/05/1969.  Página: 21, 23. Páginas: 2. Párrafos: 9. 

MADRID, MIÉRCOLES 21 DE MAYO DE 1969

ABC

INTERVENCION DE LOS SEÑORES CASTRO RIAL Y GIL ROBLES EN LA PRIMERA

SESION ESPAÑOLA ANTE EL TRIBUNAL INTERNACIONAL DE JUSTICIA

Las acusaciones políticas de los abogados belgas sobre el pleilo de la Barcelona Traction fueron

rechazadas por los dos oradores

«NO HUBIESE QUERIDO YO QUE ENTRASE LA POLÍTICA EN EL PRETORIO», DIJO EL

SEÑOR GIL ROBLES

La Haya 20. (Crónica telefónica de nuestro enviado especial.) La apertura de las intervenciones eápañolas

en el pleito que enfrenta a los Gobiernos de. Bélgica y fie España, a propósito de la quiebra de la

Barcelona Traetion, se cumplió esta mañana ante el Tribunal Internacional de Justicia, reunido bajo la

presidencia del señor Bustamante, el ilustre jurista peruano. Una sala llena hasta los topes y una

expectación justificadísima que ninguno de los dos oradores españoles iba a d_efraudar, porque tanto el

agiente del Gobierno, señor Castro Kial, como el consejero señor Gil Robles, nos dieron, cada uno en |u

estilo, dos maestras admirables de ciencia jurídica, de talento, de oradores y, conviene añadirlo

urgentemente, de amor a España.

Porque en este pleito no se trata de dilucidar la lucha de dos grupos financieros, uno belga y otro español,

sobre ¡as razones o sinrazones de una quiebra, sino de que el Tribunal de La Haya decida, a petición del

Gobierno belga, si el Gobierno español y la Justicia española han operado correctamente en el asunto de

la Barcelona Traction. Es preciso dejar esto muy cl_aro, justamente cuando comienzan las audiencias,

porque nos equivocaríamos pensando que aquí se está discutiendo la legitimidad o ilegitimidad de las

operaciones financieras conducidas por don Juan March como acreedor impagado de la Barcelona

Traction, sino de aclarar si la justicia española y el Gobierno español tuvieron un comportamiento

correcto, y esto es así por culpa de un planteamiento, a mi juicio, equivocado y lamentable de los

consejeros jurídicos belgas, que han inserido politizar el tema manejando una mitología propagandística

vieja, de veinte años y que apesta a alcanfor, "No hubiese querido yo que entrase la política en el

pretorio—dijo, bien dicho y con indudable pesadumbre, el señor Gil Robles, al comenzar STI

intervención—. No es culpa nuestra si las cosas han transcurrido de distinta manera por culpa de los

abogados belgas."

El planteamiento que los consejeros belgas del asunto han dado al pleito, puede sintetizarse,

aproximadamente así: el Estado español tenía una deuda con don Juan March como consecuencia del

apoyo que recibió del famoso financiero durante la guerra, y para saldarla puso a su disposición todo el

aparato judicial español, regalándole im negocio que se hnbía montado con los esfuerzos de un modesto y

sacrificado ahorro belga. Son los ministros españoles, es la Justicia española, es, en definitiva, España la

que los abogados belgas acusan en bloque. Lo único >sue pasa es que semejante planteamiMito, además

de ser calumnioso, resulta radicalmente falso, porque España no hizo en el asunto de la Barcelona

Traction más que declarar en quiebra a una sociedad que, evidentemente, lo estaba, y que lo estaba desde

muchos años antes, sin que la sociedad cumpliese, cuando recibió la notificación de quiebra, el elemental

requisito de presentar una impugnación dentro del plazo de ocho días «ue fija la Ley española. Pretender

que el Tribunal Internacional de Justicia modifique el Derecho español y se sustituya a la Justicia

española como a un Tribunal Supremo o de apelación universal es tan inconcebible que únicamente ha

podido cocinarse en la obsesión colonial «ue rezuma todo el asunto, según el planteamiento de los

abogados belgas.

Pero llegados aquí convendría recordarles a nuestros acusadores que el Gobierno belga presenta su

primera Memoria sobre este asunto ante el Tribunal de Justicia Internacional el año 1958, diez años

después de la dectaración de quiebra, que se produce en 1948. Y seis años después de la venía en pública

subasta de los bienes del quebrado, que se cumple en enero de 1952. Mientras tanto, y esto es un

argumento decisivo, el Gobierno canadiense y el Gobierno ingles, que podían ser las únicos autorizados

para defender lina sociedad residenciada en Canadá, coaio lo era la Barcelona Traction, habían

confirmado en 1951 con el Gobierno españo! su acuerdo con nuestras decisiones, reconociendo que

España tenía tedas las razones para no facilitarle a la Barcelona Traction ías divisas que, según esta

compañía, podían permitirle el pago a ios aburridos acreedores de la sociedad y a cuya falta maliciosa

acusa el Gobierno belga como causa de la quiebra.

¿Por qué entonces el Gobierno belga levanta la bandera de la defensa de una sociedad canadiense que el

propio Gobierno de Canadá no quería defender? Con gran elegancia, el señor Gil Robües ha eludido esta

mañana la respuesta, pero con más precisión nosotros podemos responder a las razones que permitieron

conseguir a ios accionistas belgas de la Barcelona Trac-tion el apoyo de su propio Gobierno, que le

habían rechazado aquellos otras Gobiernos qus estaban obligados a ser sus únicos vnledores legítimos.

Este apoyo tardío, sorprendente, incluso chocante, se produce en circunstancias originales, que ha

publicado un semanario belga, a cuya fe me remito, y que nadie se ha preocupado de desmentir. Nos

referimos al excelente bien informado semanario "Pan", donde se aclara que el apoyo del Gobierno belga

en esís asnnio se debió a la gestión personal asi señor Oliver Ge-rard, alto funcionario del Comercio

Exterilor belga, que algún tiempo después era detenido por la propia Policía belga a la vuelta, de un viaje

oficial, encarcelado, juz gado y condenado por gravísimos delitos de prevaricación, "Pan" adelanta hasta

la cifra que Oliver Gerard recibía de S. O. F. I. N. A. y que nosotros avanzamos bAjo la responsabilidad

de la publicación belga que la populariza, y que, según ellos, se elevaba a la bonita suma de 100.000

francos belgas mensuales. Aunque todo esto de náuseas, me parece que corresponde a la S. O. F. I. N. A.

aclararle ai semanario de Bruselas que publica tales detalles si ha mentido o no. Lo que S. O. F. I. N. A.

no puede hacer es negar que Oliver Gerard fue procesado por indelicadezas garrafales en el ejercicio de

su cargo y que Oliver Gerard intervino en el asunto de la Barcelona Traction.

Como ha dicho Gil Robles, la presentación de este pleito como una lucha entre buenos y malos, siguiendo

el esquema de las películas infantiles del Oeste, resalta tan falso como que la Justicia española pueda ser

acusada de complicidad con un financiero cuya memoria ya unida, dicho sea de paso y con justicia, a uno

de los más bellos esfuerzos culturales que ofrece la historia de Las fundaciones privadas europeas.

Teniendo en cuenta la indiscutible y bien probada independencia política del señor Gil Robles, sus

palabras de esta mañana tenían, además del valor de su preparación jurídica, el peso de su libertad de

pensa-miento. Para refutar la patraña que pretende salpicar d« barro a la Justicia española, quizá ningún

testimonio podía tener tanta autoridad como el de un hombre que ha sostenido siempre, con acierto o sin

él, pero siempre también con independencia, sus propias convicciones políticas. No será el señor Rollin,

socialista de la franja siniestra del propio socialismo, el que le niegue a un español como era don Juan

March el derecho a tener razón en un pleito, aunque hubiese cometido, según el dudoso testimonio del

abogudo belga, el delito de ser favorable a la causa nacional. El señor Rollin parece que pretende sostener

la teoría Jurídica de que habiendo sido partidario del Ejército que marulaha el gene-ral Franco no se

puede tener razón ante ningún Tribunal del mundo. Los maniqueos eran unos tolerantes escépticos al lado

del señor Rollin, que hará muy bien en aprender la noble lección que hoy le ha dado don José María Gil

Robles.—Salvador LÓPEZ DE LA TORRE.

 

< Volver