Un año de política exterior     
 
 ABC.    31/12/1968.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

ABC. MARTES 31 DE DICIEMBRE DE 1968.

UN AÑO DE POLÍTICA EXTERIOR

Sobre varios y complejos frentes de actividad se ha proyectado nuestra política internacional durante

1968. La pluralidad de problemas que, desde los más distantes meridianos, reclamaron decisiones españo-

las, es índice de la salud moral de un pueblo que ha conseguido romper las trabas de aquel viejo

aislamiento que hizo de España una nación ensimismada.

De tal situación ha salido definitivamente nuestra Patria, fortalecida en su posición exterior no sólo por la

rectitud de sus actitudes y criterios, sino merced a la prudencia y flexibilidad con que se ha orientado y

dirigido nuestra diplomacia desde el palacio de Santa Cruz.

El año 1968 ha sido, ciertamente, pródigo para nosotros en acontecimientos internacionales. En él se

iniciaron las conversaciones hispanobritánicas sobre Gi-braltar, en las que se manifestó de modo

inequívoco—frente a nuestra voluntad de entendimiento—la radical negativa inglesa a aceptar las

recomendaciones descolonizadoras de la O. N. U. Con ejemplar claridad, el ministro español de Asuntos

Exteriores dio cuenta a las Cortes de la inconcebible frustración de aquellas negociaciones. El valor

estratégico de la Península, en el cuadro de la defensa europea, se reconoció por los miembros del Pacto

Atlántico del Norte al desplazarse expresamente a Madrid John Leddy, quien dio cuenta al Gobierno

español de lo tratado «n las últimas reuniones del O. T. A. N. Era 1968 el año en que terminaba el plazo

previsto con Estados Unidos para la renovación del Convenio sobre las Bases en España. Había que

actualizar—respondiendo a imperativos y exigencias de la realidad—los principios, en cierto modo

envejecidos, de aquel Tratado. Para ello, el ministro Castiella se desplazó, antes del verano, a Estados

Unidos para iniciar con Dean Rusk unas largas negociaciones que se reanudarían en el mes de septiembre,

esta vez completadas con la intervención de técnicos militares de ambos países. Al final de laboriosas

sesiones de trabajo, concluidas sin acuerdo, el Gobierno español utilizó la cláusula de seis meses de

consultas para reconsiderar la situación y puntualizar los mutuos intereses. Y después de América, África.

España, creadora de pueblos a través de la Historia, no podía desoír los deseos de autonomía de la Guinea

Ecuatorial Y como una resonancia de la hazaña del Descubrimiento, se erigió la fecha del 12 de octubre

para proclamar la independencia de aquellos territorios. De este tema, así como del amplio panorama de

la política exterior española, el ministro de Asuntos Exteriores formularía una rigurosa exposición ante la

Asamblea General de las Naciones Unidas.

Durante 1968, varios jefes de Estado visitaron España. Pero no se trató de simples hechos protocolarios.

Por el contra-lio, tales gestos sirvieron para confirmar dos claras trayectorias de nuestra política

exterior: Europa y el mundo árabe. De la primera es símbolo la venida a Madrid del canciller Kiesinger, y

de la segunda, la visita del presidente tunecino Burguiba. Una y otra confirman que la opinión de España

está presente en el f análisis de problema de rango y dimensión europeos y a la vez que somos fieles a los

postulados de nuestro tradicional africanismo. Símbolo de esa viveza y agilidad realista con que nuestra

diplomacia afronta el vasto ternario que hoy plantea el futuro de la sociedad internacional fue el puesto

que la O. N. U. otorgó a España en su Consejo de Seguridad, Y, en fin, el año se termina con un nuevo

paso en la perspectiva de nuestro generoso anticolonía-lismo. Ifni figura ea el horizonte de las nuevas

etapas que cumplir. Y su devolución a Marruecos confirmará, una vez más, los lazos fraternales que nos

unen a la historia del pueblo marroquí.

Al hacer la recapitulación de tanta y tan prolija actividad parecería injusto no retribuir con un público

reconocimiento a quien con singular desvelo, inteligencia y patriotismo aparece como guía denodado de

la diplomacia española: don Fernando María Castiella.

Porque el ministro de Asuntos Exteriores no ha sido tan sólo el inteligente y tenaz negociador con Estados

Unidos, o el iniciador de la apertura española a Europa, o el defensor de los intereses del ámbito

hispanoamericano, sino, además, el leal amigo de los_ árabes, el paladín del anticolonialismo hispánico y,

sobre todo, el incansable reivindicador de la soberanía española para Gibraltar. De él puede decirse, como

lema de sus empresas, lo que Saavedra Fajardo puso al frente de una de las suyas: "El trabajo todo lo

vence." Porque en verdad que el esfuerzo realiza-zado por el ministro de Asuntos Exteriores y su eficaz

equipo de colaboradores ha cosechado para España, en medio de climas _ difíciles y de arduas y delicadas

situaciones, éxitos que acreditan toda una labor de gobierno. Entusiasmo sin desaliento, tesón en el

esfuerzo, fe segura en el éxito constituyen hoy las condiciones del diplomático moderno, que en la

personalidad del señor Castiella se dan con copiosa abundancia. Gracias a ello, España se sienta hoy con

las demás potencias europeas en la mesa de las últimas decisiones internacionales. Y en ella sabe hacer

valer—con dignidad y con firmeza—la legitimidad de sus derechos y la justicia de sus razones.

 

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