España y la distensión Este-Oeste     
 
 ABC.    16/01/1970.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

ESPAÑA Y LA DISTENSION ESTE-OESTE

La insistencia de la Unión Soviética y asmas países de! Pacto de Varsovia de una Conferencia europea de

seguridad, emplazando su celebración para antes de que 1970 cumpla sus primeros seis meses, parece

reflejar dos cosas. Una, que los países europeos no miembros de la O. T. A. N. han dado su conformidad.

Otra, que ya ha pasado tiempo suficiente para las conversaciones bilaterales que se acordaron durante la

última reunión, en Bruselas, cíe los ministros de Defensa de la O. T. A, N. al plantearse la conveniencia

de celebrar el encuentro diplomático general promovido por el bloque socialista europeo.

El bloque socialista ha transigido en que, pese a tratarse de una Conferencia entre países europeos,

participen en ella Estados Unidos y Canadá. Al fin y al cabo la unidad atlántica es una realidad, lo

precaria que se quiera, pero que no puede pasarse por alto. Sin embargo, no ha sido éste el único

condicióname occidental expresado ante la Conferencia. El tema de fondo es el de si se debe partir o no,

admitir o rechazar, el "statu quo" imperante en Europa como consecuencia de Sa segunda guerra mundial.

Según Rumania, la admisión de tal "status" debe ser URO de los puntos de partida; así al menos se le hizo

saber al presidente finlandés, Uro Kekkonen, durante la visita de éste e! otoño pasado a Bucarest y otras

capitales del Pacto de Varsovia. Es el tema de la división alemana el que subyace en el planteamiento de

esta tesis. Un terna que 5a O. T. A. N. hace cuestión de bloque, de la misma manara que lo hace el Pacto

de Varsovia, que al sostener tal actitud prejuzga en favor de sus respectivos miembros el contencioso y el

desenlace de las eventuales negociaciones bilaterales entre la República Federal y los Gobiernos de

Varsovia y Pankow. Hasta cierto punto nos encontramos ante un círculo vicioso. La nueva política

liberal-socialista de Bonn estima que la solución del problema alemán sólo será viable en el marco de una

distensión general de la política europea. Oportunidad para negociar íal distensión es la discutida

Conferencia de seguridad; pero ésta implica para sus más ardientes propugnadores la no solución del

problema alemán; al menos en los términos que Brandt desea y sobre ios que resultaría muy improbable

que transigiera.

Existen en Europa dos géneros de expectativas y de posiciones ante la retirada sugerencia del bloque

socialista de con-ceríar_un acuerdo continental de seguridad. Uno es el de países corno España, país

aunque alineado no adscrito a la discipii-na o ai compromiso de ningún bloque, o Finlandia, con una

posición claramente neutralista, interesados ambos, en principio, en que tal Conferencia se celebre, por

cuanto de ella pueda derivarse, como fruto ds coexistencia, un conjunto de garantías para la libre

concurrencia de les intereses nacionales de cada país. Cira es la posición de las naciones europeas ads-

critas específicamente a un compromiso de bloque real y operante, pese a lo débiles o desvitalizados que

estén sus vínculos. Diríamos, exagerando un punto, que para estos países la alternativa de fondo que se

les ofrece es e! de sacrificar políticamente a Alemania o continuar cerrados, como conjunto, a la

distensión con el Este.

Para España el problema se enuncia de otra manera. Mantiene especiales relaciones de amistad con los

Estados Unidos, pese a que esté a punto de expirar el módulo de colaboración expresado en ¡os Acuerdos

Washington-Madrid, y al mar-gen ds que se llegue o no a la cristalización de una fórmula de cooperación

más amplia. Con Inglaterra sostiene España una disputa para la reintegración de Gi-braltar. Con el

Mercado Común las relaciones parecen, próximas a cristalizar en los términos de un Tratado comercial

preferencial. Y España mantiene con el bloque socialista intercambios económicos que en su conjunto

ofrecen un saldo más favorable para nuestra br.´anza comercial. Los votos del bloque nos son propicios sn

la O. N. U. cuando se discute el caso gi-braltareño. y respecto a los. países árabes abundan, en las

respectivas políticas, más las concordancias que Jas discrepancias.

Siempre fue más nacional que ideológica la política exterior española. Por ello ha existido una constante

de realismo; una ininterrumpida serie de despliegues y aperturas, pautada sólo por la dinámica de nuestros

legítimos intereses y por las auténticas posibilidades fundadas por el exterior. El único dogma de ía

política exterior española ba sido el de lo irrenun-ciable. No hay nada que impida a España jugar

simultaniamente sobre el tapete de sus tres principales opciones; los Acuer dos con Estados Unidos, el

tratado con el Mercado Comán y el diálogo con el Este. Con o sin Conferencia europea de seguridad .

 

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