Autor: López de la Torre, Salvador. 
   La justicia española recibe entera satisfacción del Tribunal Internacional de La Haya en el asunto de la Barcelona Traction  :   
 Por quince votos a favor y uno en contra, el Gobierno español gana el pleito planteado por el Gobierno de Bruselas. 
 ABC.    06/02/1970.  Página: 19-20. Páginas: 2. Párrafos: 5. 

LA JUSTICIA ESPAÑOLA RECIBE ENTERA SATISFACCION DEL TRIBUNAL

INTERNACIONAL DE LA HAYA EN EL ASUNTO DE LA BABCELONA TRACTION

Por quince votos a favor y uno en contra, el Gobierno español gana el pleito planteado por el Gobierno de

Bruselas

LOS ABOGADOS BELGAS, QUE HABÍAN INTENTADO POLITIZAR EL ASUNTO,

ENCUENTRAN LA MAS ROTUNDA CONDENA

La Haya 5. (Crónica telefónica de nuestro redactor, enviado especial.) España fea granado hoy en La

Haya, porque tenía razón y porque los jueces del Tribunal Internacional son pura y simplemente justos,

Las denuncias, las calumnias con que se ha bombardeado a la, inmaculada Judicatura española de nuestro

Gobierno, ha recibido hoy una condena absoluta que no por me» recida resulta menos confortadora,

después de muchos años donde se ha pretendido mezclar los más tristes rencores políticos en un proceso

donde se juzgaba, en fin de cuentas el comportamiento de nuestra Justicia nacional. Por 15 votos a favor

de España y uno sólo en contra, siendo esta solitaria voz disidente la del jaez "ad hoc" belga, es decir, uno

de los dos jueces que se añaden al Tribunal por parte da cada uno de los dos litigantes, España ha recibido

absoluta satisfacción. Han votado a favor nuestra todos los jueces. Bélgica no ha recibido más que la

dudosa consolación del juez que ella misma había nombrado» Todo esto tiene una enorme importancia

moral.

En primer lugar, porque el Tribunal ha decidido retener la primera de las dos excepciones preliminares

españolas para rechazar la denuncia contra el Gobierno español, negándole al Gobierno belga el derecho

de actuar en nombre de sus subditos accionistas de las sociedades Sidro y So-fina, propietarias de la

mayoría de las ac cienes de la Barcelona Traction, que poí ser sociedad canadiense, por su actuación y su

estatuto resultaba incomprensible que fuese protegida por el Gobierno belga, sus iituyéndose al Gobierno

canadiense, que era el número con derecho para hacerlo y qac ya ejerció este derecho durante varios años,

Iiasía que el Convenio dé 1951 entre España, Canadá e Inglaterra reconoció por parte de los tres

Gobiernos firmantes que el asunto sólo podía tener una solución razonable dentro de amistosas

negociaciones entre los intereses particulares del asunto, oue es lo que los españoles consideraban jasto;

por su propia cuenta indemnizar a la Barcelona Traction, pero sin que tuviese ninguna razón de ser una

acción entre Estados, dentro del marco del Tribunal Inter-nacional de La Haya, Desistido el Gobierno

canadiense, único con atribuciones para defender una sociedad inscrita en el Registro Mercantil de

Canadá, parecía inconcebible que el Tribunal pudiese admitir que el Gobierno belga sustituyese al

canadiense en la defensa de la sociedad como talj en nombre de un grupo de accionistas de nacionalidad

belga, que dicho sea entre paréntesis no pudieron jamás presentarse ante el Tribunal físicamente, entre

otras cosa? porque muy probablemente el verdadero capital de Sofina, y por tanto de Sidro era americano.

En cualquier caso, y aran suponiendo que fuese belga, nadie ha traído hasta La Haya uno solo de aquellos

"desdichados accionistas" que con voz de tango compadecía el abogado belga Rolin; que había

anunciado, como recordábamos ayer, que estaba dispuesto en este pleito a oficiar las exequias jurídicas

del Régimen español. Hoy las única* exeguias jurídicas oficiales en La Haya hubiesen sido las áeí propio

Henir Rolin, suponiendo que el ridículo fuese mortal, cosa que coma es bien sabido no sucede, por

fortuna para todos y en especial para el abogado Rolin.

Una vez que el Tribunal había aceptado la primera excepción preliminar española, no reconociéndole al

Gobierno belga el derecho de representar a los intereses de una sociedad canadiense, todas las demás

denuncias belgas contra España se evaporaban automáticamente. La segunda excepción preliminar

española, que denunciaba la falta de agotamiento de los recursos jurídicos españoles por parte de la

Barcelona Traction para impugnar la quiebra, no era ni siquiera estudiada por el Tribunal, que, por tanto,

tampoco bajaba al fondo del asunto estudiando la famosa denuncia de "denegación de justicia" que el

Gobierno belga, había lanzado contra el Gobierno español, y que en realidad era una monstruosa

acusación puramente fantasmal contra la totalidad del modo de administrar la justicia en España. Be todo

el edificio de acusación belga, compuesto de acrobacias jurídicas, de abusos de interpretación, de

calumnias contra el honor de nuestra Judicatura y de veneno político, el Tribunal no admitía

absolutamente nada. Quince a uno sobre un Tribunal de dieciséis personas constituye la votación más

abrumadora, prácticamente la unanimidad, que se conoce en la historia del Tribunal Internacional de La

Haya, quizá porque ningún pleito haya sido tan espectacularmente injusto como el abierto por los belgas

contra España. En el último mes de mayo, durante el turno de las defensas españolas, explicamos con

detenimiento la categoría del personaje belga que arrastró en mala hora a su Gobierno a este pleito y

cómo, andando el tiempo, poco después, el mismo personaje terminó siendo detenido por la propia

Policía belga y encarcelado como funcionario deshonesto. Aquel reo de delito común era quien

denunciaba nada menos que a toda la Justicia española. Nunca hubo una injusticia mayor contra la

justicia.

Para un país como España, que recibe Inversiones extranjeras como motor de su desarrollo, la sentencia

de hoy representaba un aval moral de primera clase, porque nos permite demostrar que los inversores

extranjeros reciben en España un trato impecable por la sencilla razón de que vivimos dentro de un

Estado de Derecho. El asunto de la Barcelona Traction ha sido el primero en que unos inversores

extranjeros denuncian el trato dispensado por nuestras autoridades a sus negocios. La sentencia de hoy en

La Haya no puede ser más clara sobre la pulcritud del comportamiento español de que la dudosa

condición del inversor, empeñado en deudas nunca pagadas, en cambalache con sus obligacionistas, que

por fortuna rompió un juez español en febrero de 1948.

Queda clara la actitud de nuestra Justicia, refrendada nada menos que por el más alto Tribunal de Justicia

de la Tierra. Queda claro que el comportamiento del Gobierno español era, en fin de cuentas, quien se

sentaba en el banquillo. Queda claro, sobre todo, que el extranjero que acuda a España honestamente, sin

creerse que nuestro país es una sucursal de Babia, siempre tendrá el recurso a una Justicia demasiado

seria y demasiado antigua como para necesitar examinarse de pureza por iniciativa de un Gobierno mal

aconsejado. En estos momentos de alegría, me parece imprescindible decir que los españoles tenemos

mucho que agradecer al señor Cas-tro-Rial, agente del Gobierno en este pleito, al que ha dedicado, yo

diría que con heroísmo, muchos años de su vida. Y a todos los abogados que participaron en nuestra

defensa, y entre ellos me complace señalar el nombre de don José María Gil Robles, quien, sabiendo

poner los principios por encima de las cosas accesorias, ha defendido el buen nombre de España.—

Salvador LÓPEZ DE LA TORRE.

 

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