Política exterior y evolución interior     
 
 ABC.    24/12/1972.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

POLÍTICA EXTERIOR Y EVOLUCIÓN INTERIOR

El mismo día que la O. C. D. E. promovía a un ministro español para ocupar su presidencia, lo que habla

inequívocamente del prestigio de nuestra política exterior, se hacía público el veto del Ministerio de

Justicia a varios candidatos en las elecciones internas del Colegio de Abogados de Madrid. Difícilmente

la actualidad podría servir dos muestras más claras de un desfase de conceptos y actitudes. Después de

muchos años de obstinación y prejuicios, una organización internacional reconocía al máximo nivel la

pujante realidad de la nueva España. Pero paralelamente se incurría en el error de servir la imagen de un

inmovilismo cerrado y sin posible defensa ni justificación.

Los debates de la Comisión de Asuntos Exteriores de la Cámara Legislativa obligan a buscar el

contraounto entre aquellas dos noticias. Difícilmente, en los debates de las Cortes o en los discursos

integristas y dogmáticos, se hallan términos tan duros referidos a ningún hecho de política Interna que se

puedan comparar a las prevenciones y apriorismos que suscita la apertura diplomática. Normalmente, en

los países europeos, suele ocurrir exactamente al revés. Las cuestiones interiores están abiertas a plurales

puntos de vista y a antagonismos acusados y enérgicos. El interés nacional, en cambio, y su proyección

•unánime hacia afuera, escucha ecos mucho más apagados, sin discrepancias de sustancia, construidos

con leves matices. Recordemos, a título de ejemplo, la política exterior gaullista, compartida por los

sectores de extrema izquierda a pesar del férreo anticomunismo del general De Gaulle.

Entre nosotros, curiosamente, la política exterior contiene elementos que propician la evolución interior.

Razones económicas, culturales, militares, se orientan a un propósito de normalidad de nuestras

relaciones diplomáticas, Y no sería demasiado difícil establecer un paralelismo entre las opciones, de

política exterior y los rumbos de la evolución interna. La Candidatura española para ingresar en la C. E.

E., pongamos por caso, ha sido un poderoso aglutinante de los grupos que ¡flentro de España impulsaban

la bandera tte la institucionalización y de la apertura a las realidades sociológicas. Sólo este hecho, por

otra parte, puede explicar la hostilidad de algunos grupos a una política diplomática que ha mejorado

extraordinariamente nuestro prestigio en el mundo. Y que si alguna falla contiene, precisamente, se debe

a la falta de sintonía entre la intensificación de nuestra presencia internacional y la zigzagueante

evolución del desarrollo político.

Suelen invocarse razones de prestigio y de dignidad. Se dice que los españoles no podemos aceptar

presiones ni imposiciones. Nada más cierto. Pero lo que en modo alguno podemos permitirnos, tampoco,

es que sólo exista tolerancia para los sectores que tratan de encadenar el país a las opciones y dilemas de

antaño. No se puede ignorar que vivimos en otra época y que- ello impone sus condicionamientos. Por

eso no se debe conceder la exclusiva del patriotismo a quienes sólo invocan peligros y amenazas.

También ello roza nuestro prestigio y nuestra dignidad. Y hemos de ser nosotros mismos, libremente,

pero con conciencia de la realidad, los que hagamos posible que nuestra presencia en el mundo responda

a nuestra voluntad de progreso, desarrollo material y fidelidad a nuestras esencias tradicionales.

 

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