Autor: Sebastián Bueno, Pablo. 
 Entrevista para ABC con el Secretario General de la Alianza Atlántica. 
 No veo la posibilidad de una colaboración directa España - OTAN, afirma Joseph Luns  :   
 La cooperación española será solamente bilateral y a través de los Estados Unidos. 
 ABC.    19/07/1974.  Página: 25-26. Páginas: 2. Párrafos: 27. 

"NO VEO LA POSIBILIDAD DE UNA COLABORACION DIRECTA ESPAÑA-

0. T. A. N.", AFIRMA JOSEPH LUNS

1.

«La cooperación española será solamente bilateral y a través de los Estados Unidos»

«LA DECLARACIÓN DE OTTAWA SUPONE UNA REVITALIZACION DE LA ALIANZA»

«Soy partidario de la distensión pero no la considero como un sustituto de una adecuada defensa»

BRUSELAS 18. (Recibido por télex.) Los acontecimientos políticos que, en los últimos doce meses,

cambiaron el mundo tienen en la persona del secretario general de la O. T. A. N. un testigo de excepción.

Joseph Luns, político holandés y primer hombre de la defensa de Occidente, vivió de muy cerca la

catarata de hechos que conformara e! marco político internacional. Durante muchos años ha dado prueba

de sus extraordinarias dotes diplomáticas y de su conocida agilidad intelectual y simpatía. Luns, el único

hombre que, por su altura y personalidad, miraba en los ojos al general De Gaulle, es hoy día uno de los

pilares del equilibrio y de la paz internacional. Uno de sus grandes expertos, que ha tenido a bien

concedernos unas declaraciones en exclusiva sobre la actualidad política occidental, incluida aquí la

declaración de principios España-Estados Unidos que el doctor Kissinger y el ministro Cortina Mauri

rubricaron en Madrid hace pocos días.

Las nuevas relaciones atlánticas, la distensión y la crisis estratégica de la O,T. A. N. fueron los tres

primeros temas nacidos en el encuentro con el secretario genera! de la O. T. A. N., celebrado en su

despacho oficial y en medio de un ambiente grave: Joseph Luns demostraba en su rostro la preocupación

última de la Alianza: el golpe de Chipre y la tensión armada greco-turca, ambos acontecimientos nacidos

tan sólo horas antes de la entrevista.

—¿Supone la declaración da Ottawa una nueva etapa atlántica?

Joseph Luns (J. L).—Puede decirse que se trata de una revitalización de la Alianza. Personalmente, yo

encuentro remarcable que la O. T. A. N., después de veinticinco años de existencia, haya pedido ponerse

de acuerdo sobre un cierto número de principios y de líneas de conducta, como las que fueron formuladas

en la declaración de Ottawa, que reafirman una fe en la Alianza, una solidaridad en su movimiento y la

firme determinación de profundizar en la comprensión y en las consultas.

—¿No se vio nunca esta declaración rodeada por el asunto Watergate o por el deseo del presidente Nixon

de ¡legar a Moscú como líder indiscutible de Occidente?

J. L.—El asunto Watergate no tiene nada que ver con la declaración de Ottawa. La declaración nunca

hubiera sido diferente sin Watergate. Por otra parte, ella tampoco está condicionada por el viaje del

presidenta N¡-xcn a Moscú. Esta declaración no está centrada sobre un hecho concreto o frente a un

futura próximo y no creo que en los próximos diez, quince o veinte años, podamos ver nacer una

declaración similar.

—La distensión se ha convertido en uno de /os objetivos de las relaciones Este-Oes-te. Lo prueba Iss

Conferencias sobre /a Seguridad y Cooperación (C. S. C. E.), Reducción de Fuerzas (M. B. F. R.) y

Control y Reducción de Armas Estratégicas (S.A.L.T.). ¿Cómo interpreta el secretario genera! de ta O. T.

A. N la distensión y qué piensa de los resultados posibles de estas tres grandes conversaciones?

J. L.—Diré, en primer lugar, que soy favorable a la distensión. Pero yo pongo en guardia a las gentes para

que no consideren la distensión como un sustituto o como una alternativa a una defensa crehible. Al

contrario, la distensión es un complemento y no un sustento. Sin una defensa credi ble la distensión seria

imposible.

Esto lo hemos visto muy bien antes >(e la última guerra mundial. La debilidad mi-

litar y democrática no permitió la conclusión de acuerdos con Alemania que hubieran impedido la guerra:

Esta guerra que no tuvo nada más que un resultado, muy positivo por otra parte, que fue la eliminación de

Hitler y de su régimen aterrador.

Sobre las conferencias C.S.C.E., M.B.F.R. y S.A.L.T., esta última bilateral, no puedo decir mucho por

ahora. Es muy pronto para que pueda pronunciarme sobre estos sujetos.

—La Conferencia Europea de Seguridad y Cooperación puede convertirse en nueva manzana de la

discordia entre Europa y los Estados Unidos. Moscú quiere una «cumbre^ con urgencia. ¿Es cierto que

los Estados Unidos comparten un poco el sentir soviético frenle a las tesis europeas que propugnan la

necesidad de acuerdos sobre la «libre circulación de ideas y personas» en e! continente?

J. L.—No es exacto. En Moscú y durante las recientes consultas de Bruselas, los Estados Unidos

defendieron la postura de que sólo de acuerdo con sus aliados Norteamérica estaría dispuesta a participar

en una Conferencia de Seguridad y Cooperación al más alto nivel. Por el momento no existen

indicaciones de que esta «cumbre» pueda celebrarse.

En cuanlo al tema de la libre circulación de ideas y personas, puedo decir que no se debe mirar demasiado

alto. Está claro que si los objetivos se consiguen a baso de concesiones, éstas no serán muy grandes. Yo

comparto la opinión de que deben alcanzarse ciertos resultados. ¿Cuáles serán conseguidos? Aún no lo

sabemos.

—El pasado día 26 de junio se firmaba en Bruselas el retorzamiento "de la cohesión atlántica. Por

entonces, y ahora más, nada una cr/s;> estratégica de la O. T. A. N.: inestabilidad en Portugal, diferencias

greco-tur cas, el conflicto chipriota y el anuncio de Holanda de querer reducir sus electivos militares. ¿Por

que esta crisis?

J. L.—Cuando se tiene una Alianza ds quince países soberanos, existen siempre situaciones que no son

paralelas. La situación de Portugal es seguida con interés y, también, con simpatía por parte de los aiia-

tíos. Ella continuará KSÍ durante algún tiempo, a! me-nos hasta qus se celebren elecciones, y entonces

podremos saber qué va a ocurrir, lo que saldrá de las selecciones.

Evidentemente, los tira y afloja entre alia dos, como Grecia y Turquia, nos preparan extremamente y

afectan a la solidaridad y a la seguridad as nuestro flanco oriental en el Mediterráneo. Tenemos, no

obstante, buenas esperanzas de que estas dificultades serán resueltas en el marco de la Alianza, como

debe hacerse entre aliados.

En cuanto a Holanda, puedo decir que los planes de reducción de efectivos militares no son aún

definitivos. Además, el Gobierno de La Haya se ha declarado dispuesto a mantener consultas con la O. T.

A. N. sobre todos los problemas relativos a estas cuestiones.

—España acaba de firmar una declaración de principios con los Estados Unidos, paralela a la declaración

de Ottawa. En este documento se hab/a de una cooperación defensiva entre los países de! ámbito

atlántico, en el que se encuentra España, Algunos comentaristas españoles interpretaron esta ¡dea como

preámbulo de una cooperación defensiva España-Alianza Atlántica. ¿Cómo entiende el secretar/o general

de la O. T. A. N. esta cooperación?

J. L.—La cooperación española será, como la declaración américo-española lo ha indicado, bilateral, y a

través de los Estados Unidos podrá hacerse estar cooperación con la Alianza.

—¿Existe la posibilidad de establecer una cooperación directa España-O.T.A.N.?

J. L.—¿Directa? No lo creo, porque hace falta la unanimidad del Consejo Atlántico sobre todas las

decisiones de este tipo, y yo no veo la posibilidad de que esta unanimidad pueda conseguirse. Existen

ciertos Gobiernos que no están en disposición de aceptar una cooperación política y militar con España.

Probablemente, con motivo de ciertas reservas sobre el Régimen español.

—Por último, Europa. ¿Cree pos/ble la existencia de una Europa unida, independiente y dotada de un

dispositivo militar único?

J. L.—Yo no soy profeta. Es cierto que durante muchos años esta unidad europea no se realizará. Si

hubiera verdaderamente un súper Estado, una nueva estructura política que tuviera como consecuencia

una nueva entidad nacional y soberana, es lógico que dicha entidad tendría su fuerza militar y podría,

entonces, ocupar su puesto en la Alianza. Pero todo esto es música del futuro y hay demasiados

imprevisibles para que nos podamos preguntar lo que van a hacer los europeos.

El secretario general terminó el encuentro con esta frase:

—Yo amo mucho a España.—Pablo SEBASTIAN,

 

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