Informar antes y después de Helsinki     
 
 ABC.    27/07/1975.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

INFORMAR ANTES Y DESPUÉS DE HELSINKI

Las diferencias de régimen o sistema políticos no son suficientes, en ocasiones determinadas, para

explicar diferencias de actitudes de Gobierno.

De cara a la Conferencia de Helsinki saben, por ejemplo, los norteamericanos que el presidente Ford no

piensa hacer concesiones, legales o morales, a los países comunistas; saben que los acuerdos son una

declaración de principios, pero que los Estados Unidos_ no adquirirán, por ellos, nuevos compromisos. Y

saben, también por vía de ejemplo, los alemanes occidentales, luego de una sesión especial en el

Bundestag, que la declaración final de la «cumbre» europea sobre Seguridad y Cooperación, deja abierta

la puerta a la posible reunificación alemana.

La opinión pública española, por el contrario, afronta la Conferencia de Helsinki, en la que hablará, por su

turno sorteado, el presidente Carlos Arias, sin noticia previa, aún escueta, de cuál será en la capital

finlandesa la postura de España; ni tampoco, aparte el dato positivo de una presencia activa allí, de cuáles

son o pueden ser las bazas que ganemos o perdamos en el gran acuerdo.

Aunque aormal y lógicamente los sistemas políticos basados en la competencia de partidos están

obligados a una máxima transparencia informativa, no se comprende bien que la falta del juego de

partidos genere, de por sí, silencio informativo. Y tampoco se puede defender este silencio alegando la

secreta naturaleza de los acuerdos internacionales hasta que se firman, porque siempre cabe, sin levantar

indebida o imprudentemente el yelo de la discreción, adelantar al menos orientaciones y anticipar líneas

de posición o de tendencia.

En el marco estricto de lo europeo —de la seguridad, la cooperación y el futuro europeos— están

planteados a nuestro país los temas irnoortantísimos de la negociación con el Mercado Común, las

relaciones con el nuevo Estado portugués, el entendimiento fronterizo con Francia-Incluso, claro está, la

propia Conferencia de Hensinki. Pero, además, en el marco europeo están también, porque se admitió

considerarlos en las conversaciones preparatorias de la Conferencia, los temas geográficamente

inmediatos del Mediterráneo que tienen interés decisivo para Empaña.

Podría haberse hecho alguna declaración presidencial antes de Helsinki, aun sin mayor alcance que el

definitorio de una ancha base informativa. Es posible que la ocasión haya pasado ya. Ahora bien, después

de Helsinki tal declaración parece inevitable, sea cual fuere el medio de difusión —televisión, rueda de

Prensa— que se elija.

Después de Helsinki debe hablar, debe informar al país el presidente del Gobierno. Al interés intrínseco

de la Conferencia —al que ya hemos aludido— ss sumarán, con toda seguridad, valores noticiables

derivados de entrevistas, de conversaciones y contactos, que muy bien puede mantener, fuera del

calendario oficial, el presidente Carlos Arias coa jefes de Estado o presidentes de Gobierno durante su

estancia en Helsinki.

No escribimos con olvido de las informaciones divulgadas, difundidas, oficialmente sobre las

conversaciones de Ginebra, en las cuales se han definido los Acuerdos que se firmarán en Helsinki.

Escribimos para subrayar que todavía no es suficiente el caudal informativo sobre la política exterior

española, condicionado o sometido a cautelas no siempre comprensibles. Y escribimos, sobre todo para

alentar a la máxima claridad y plenitud posibles en la información —por la vía más autorizada y

responsable— de lo que ha significado o va a suponer para España, para su política exterior, la

Conferencia de Helsinki.

 

< Volver