Autor: Cortés-Cavanillas, Julián (ARGOS). 
   Los sucesos de allá y de aquí     
 
 ABC.    29/01/1975.  Página: 24. Páginas: 1. Párrafos: 1. 

EN POCAS LINEAS

LOS SUCESOS DE ALLÁ Y DE AQUÍ

La que ha sucedido en Oporto —donde el comunismo extremista ha demostrado, sin antifaces, cuáles son sus Intenciones en Portugal— ha producido general alarma en Europa y bastante menos en nuestro país, que es el que debiera alarmarse más. Cuando los Estados y les Gobiernos no saben aplicar las leyes vigentes a rajatabla —porque cuando la Ley se cumple en los países normales y civilizados no ocurre nada grave ni peligran los regímenes— su cede lo de Oporto, o lo de Lisboa, o lo de Roma, o lo de Napóles. Lo primero que necesita cualquier democracia seria y auténtica para no naufragar en un estanque de violencia, de ignominia y de anarquía, es respaldar la libertad con las leyes que garantizan el orden y la justicia. Hay, pues, motivos para que aprendamos todos —gobernantes y gobernados de la cerca hispánica—, las lecciones que se nos ofrecen desde fuera. Aquí también se está deteriorando —y de qué manera— el orden público, mientras los conflictos de trabajo se salen de sus cauces naturales, el paro amenaza con perturbaciones y la inquietud invade, ante la quiebra económico, todos los estamentos de la sociedad. Hay que gobernar con serenidad y sin arbitrariedad. Hay que mantener el orden público, pero sin incurrir en la injusticia y en el atropello. Hay, sobre todo, que aplicar y cumplir las leyes, contra cualquier extremismo político, contra todo intento anárquico, pero sin dar palos de ciego, con la absoluta tranquilidad de conciencia de que se sirve al bien común. Si nuestro régimen político desea verdaderamente ofrecernos un futuro de paz y prosperidad, haga sin pérdida de tiempo su autocrítica y enderece los muchos entuerto» que hoy existen. Los pasos que tenemos que dar, mirando al mañana, exigen seriedad y responsabilidad. Y tratar de resol ver con urgencia los problemas grandes y pequeños que se han creado. Por ejemplo, el Estado no debe ser tramposo en ningún orden. Y otro ejemplo es, que resulta absurdo llegar a un Ministerio y encontrarse al personal auxiliar protestando vivamente, y con razón, porque lo que reclaman es de absoluta justicia,—ARGOS.

 

< Volver