Autor: Onega López, Fernando. 
   El péndulo     
 
 Arriba.    05/03/1975.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

ONCE días ha durado la gestación del relevo ministerial. El «Boletín Oficial del Estado» se encarga hoy de despejar unas incógnitas que mantuvieron, en situación tensa a la clase política dirigente, y en una guerra de nervios a los sectores más susceptibles de la Administración. Se optó por la tercera hoja de la margarita que deshojábamos ayer: el relevo amplio. Los cinco Departamentos a los que alcanza tienen entidad suficiente para que se pueda hablar de «crisis», justo a los catorce meses de la formación del Gobierno Arias.

Alvarez Miranda y Cerón Ayuso han sido nombrados, sin duda, con el objetivo de lograr la más amplia coordinación en el Gabinete económico. Fernando Suárez, el único nombre que no ofrecía dudas en los rumores habituales después de las últimas declaraciones televisadas del Presidente, asciende por una dimisión, pero rodeado de una fulgurante carrera política y una brillante ejecutoria. Herrero Tejedor, una clara mente en tiempos oscuros, se hace cargo del Departamento en e| que están puestas todas las esperanzas de una vía hacia la concordia nacional. Sánchez Ventura es un brillante jurista, a quien le corresponderá la puesta en práctica de la Ley Orgánica de la Justicia.

Es inútil buscar significaciones telescópicas a la nueva composición del Gobierno. La «línea Arias» se manifiesta tan nítida y tan congruente, y su figura tan robustecida, que la remodelación ya rindió su primer servicio: la seguridad administrativa.

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Las otras atenciones de la piel del país quedan diluidas, pero hay que anotarlas. La izquierda sigue siendo el gran quitasueños del Sistema y de quienes desean ver la desenvoltura del Sistema. Se sabe que existe. Se sabe que hay varias, pero no coinciden los puntos de contacto. Quizá ni siquiera se hablen los mismos idiomas cuando se piensa en ella. Fernández Figueroa lanza al viento la izquierda leal, no falsificada ni revanchista. Fernández-Miranda —que abrió a la Prensa su «corazón embridado»— apunta a un apertursimo socialista. En el aire quedan colgadas las invitaciones de Arias Navarro. Pero el camino es largo. Hay una izquierda que no logra entrar, ni quiere, y sólo lo haría bajo la estrella de un cambio que no puede ser aceptado por el mero hecho del cambio, según vino a decir en Valladolid Gutiérrez Cano. Raúl Morado, por ejemplo. Entre su intención de no integrarse y las llamadas de concordia se interponen factores anecdóticos. Morodo no logra pronunciar una conferencia. ¿Por qué? «No lo sé», contesta. «Yo también me hago la misma pregunta.» ¿No será que está en la izquierda subversiva? «No, no. En absoluto. Soy socialista democrático, y eso no es subversión.» Como, pese a ello, su «no» a integrarse es conocido, las palabras insinúan una tenue, pero persistente, irreconciliación.

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Y como hasta última hora la crisis no tenía la versión oficial, ios sismógrafos se dedicaban a registrar un fuerte incremento en asociaciones, pese a que Leopoldo Stampa no suscitó entusiasmos en sus últimas salidas y el embajador en Londres pedía algo así como «que se olviden de mí». Pero a los círculos más informados llegaban los primeros puntos básicos de «Alianza del Pueblo», que, en su primera presentación en papel escrito, hablan de «democracia social de estructura sindicalista». El programa concreto podría tender hacia una plasmación de una idea socializante: reforma fiscal, utilización social del suelo, rigor y pureza en la Administración Pública, vuelco del proteccionismo hacía la agricultura, autentificación popular de las vías de representación. Una última nota se presta a una profunda meditación: «Cuando la paz acampa sobre el desorden social, ni es duradera, ni es deseable.»

Fernando ONEGA

Miércoles 5 marzo 1975

 

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