Autor: Otero, Carlos. 
 Economía. 
 Una chapuza bien hecha     
 
 Historia y Vida.     Página: 50,51. Páginas: 2. Párrafos: 8. 

ECONOMÍA

UNA CHAPUZA BIEN HECHA

En el campo fiscal prosigue la tímida y ligera reforma iniciada hace más de año y medio. Esta vez todo el mundo coincide en que «la chapuza está muy bien hecha».

AL igual que hizo Barrera en 1973 con su famoso decreto del 30 de noviembre. Cabello de Alba ha sorprendido a los españoles adornando con una serie de medidas fiscales —lógicas y justas— la estrategia estabilizador de la inflación y reactivación de la inversión que el país entero estaba pidiendo a gritos.

En el Ministerio de Hacienda se enfrentaban con un problema muy difícil. La economía española, una vez encajado el mazazo de la crisis petrolífera, se encontraba en la situación más crítica conocida hasta ahora: el estancamiento, con inflación. Había que parar la inflación y relanzar la inversión. Se monta, pues, una estrategia consistente en frenar la espiral salarios-precios. Para ello se bloquean los márgenes comerciales, se regulan para todo el año los precios agrícolas, sólo se dejan repercutir los costes de las materias primas y de los salarios en los precios industriales. Por otro lado, se congelan los salarios, permitiendo sólo una subida similar a la del coste de la vida y tres puntos por encima en casos especiales y previa autorización del Gobierno. Se frenan los costes salariales y el crecimiento de los precios.

Si a los salarios se les somete a una congelación indicada, es decir, vinculada a un índice (en este caso el del coste de la vida), las rentas de capital lógicamente debían también congelarse. En consecuencia, se limita el reparto de dividendos a la media del efectuado los dos últimos años. Como Barrera en 1973 había tomado una medida igual, en la práctica se trata de la congelación-de-una-congelación, por lo que la medida es más dura de lo que a primera vista parece.

Todas estas medidas se adornan con un ropaje impositivo que es donde verdaderamente se encuentra el aspecto más importante y significativo del decreto. Se taponan, entre otras cosas, dos importantes caminos de fraude, ampliamente utilizados por los expertos ante la imposibilidad de actuar de los inspectores de Hacienda que tenían las manos atadas por la ley. Se grava, por otro lado, con un impuesto del 15 por ciento a los intereses de las cuentas de ahorro y, como quien no quiere la cosa, se destruye el privilegio del secreto bancario excepto para las cuentas corrientes a la vista. Aumenta, además, el impuesto de sociedades, con lo que las rentas de capital no solo se encuentran cogidas por el lado de los dividendos a repartir por tas empresas, sino que previamente el Estado da un buen mordisco a los beneficios.

REACTIVACIÓN. — Todas estas medidas fiscales tienen una influencia coyuntural sobre la marcha de la economía. Detraen capacidad adquisitiva y, por lo tanto, ayudan a la lucha contra la subida de los precios por el lado de la restricción de la demanda. Es decir, tienen un efecto estabilizador. Pero las medidas son más reactivadoras que estabilizadoras, por lo que el decreto —que a partir de ahora se llamará «del 7 de abril»— contiene una serie de desgravaciones fiscales a la inversión que deben contrarrestar los efectos de la mayor imposición a los beneficios. Es decir a las empresas: te cobro más que antes, pero si inviertes te cobro menos. Las medidas son, por tanto, más reactivadoras que estabilizadoras.

LA BOLSA. — Las medidas para la Bolsa son —o deben ser— en general negativas. Al detraer el Estado parte del beneficio de las empresas, éstas, lógicamente, deben de sufrir una baja en su cotización. Sin embargo, la Bolsa española es muy «especial» y no se puede predecir con certeza una cosa de tal naturaleza. Por otra parte, el decreto establece una serie de títulos que recibirán una ayuda especial —se piensa que Eléctricas y Telefónicas—, por lo que pierde importancia la declaración de ciertos valores de cotización calificada. Es decir, que salvo para las Eléctricas y Telefónicas, las medidas no son reactivadoras de la actividad bursátil.

En general, las opiniones que he podido recoger en los medios económicos y financieros —incluso en los servicios de estudios de la Banca mediana y grande— son positivas para las medidas en el aspecto fiscal. Se resalta la valentía política de Cabello. Como me decía uno de los dirigentes de una importante sociedad de estudios se trata de una chapuza muy bien hecha, de un parche especialmente bien colocado esta vez.

Carlos Otero

 

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