Laboral. 
 Tempestad en el cantábrico     
 
 Gaceta Ilustrada.     Página: 53. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

TEMPESTAD

EN EL CANTÁBRICO

Después de un paro de quince días, ios pescadores del Cantábrico han regresado a sus puertos con abundantes capturas. Si consiguen venderlas a precios rentables, volverán a la mar.

LOS pescadores cántabros se han encontrado esta temporada con mar arbolada por todas las costas, incluidas las del interior. Sus compañeros ingleses pretenden ampliar las aguas jurisdicionales británicas a 50 millas, con lo que impedirían las faenas que los españoles han realizado tradicionalmente por el Gran Sol; los irlandeses se solidarizan con esta petición; ios franceses se oponen de malos modos a las importaciones de pescado español, y también a! de procedencia italiana, que a su vez es elaborado con importaciones españolas, y las autoridades marroquíes prohiben las faenas en las costas norteafricanas.

Los temporales procedentes del interior no son menos borrascosos. A la ya larga crisis soterrada que padece el sector, se ha sumado ahora, justo cuando estaba a punto de comenzar la temporada de bajura en el Cantábrico, una manga ancha para las importaciones masivas. Ante esta situación, los pescadores de anchoa decidieron quedarse con los brazos cruzados durante quince días y llamar la atención de la Administración. Una Comisión de las Cofradías se ha acercado a la capital del país y tras varias conversaciones con el ministro de Comercio, señor Cerón, con el subsecretario de la Marina Mercante y con el director general de Pesca han obtenido la promesa de que se pondría un freno a las importaciones de anchoa al aumentar a 20.000 pesetas la tasa arancelaria por tonelada, frente a las 5.000 que venían pagando los importadores por ese mismo concepto. Los importadores nacionales —según advierten los pescadores vascos— compran pescado a Corea, Japón, Argentina, Yugoslavia o Turquía a precios inferiores a los que rigen en el mercado internacional por dos razones: además de sus costes muy bajos, en algunos casos ese pescado que compran no se ha podido vender en otros países porque no había conseguido el visto bueno de sus autoridades sanitarias.

CONSERVEROS. — Pero no es la anchoa la única especie en litigio. A principios de mayo comenzará la temporada del atún y, si continúan los permisos de importación vigentes, los pescadores cántabros temen que cuando vuelvan de sus faenas se van a encontrar con un mercado saturado por los inmensos «stocks» almacenados por los importadores. No «les resulta» hacerse a la mar. Los conserveros también están alarmados. Los atunes importados son de baja calidad, pero este factor —que no se especifica en el envase— compite en el mercado internacional con las exportaciones españolas y a los mismos precios, presentándolos como si procedieran del Cantábrico, que pasa —como saben los entendidos— por ser el de mejor calidad del mundo.

Las harinas de pescado corren una suerte pareja. Los pescadores se han visto obligados a arrojar al mar varias toneladas de chicharro y otras especies menores o de baja calidad que no encuentran demanda en el mercado consumidor, porque tas industrias transformadoras se ven en dificultades para vender su harina de pescado en el mercado nacional saturado por las importaciones. Mientras la producción nacional alcanza a cubrir de un 40 a un 70 por ciento de las necesidades interiores, se importa una cantidad superior a la diferencia, que es a la que se deberían limitar las importaciones. Algo parecido a lo que sucedió hace unos meses con el azúcar.

PETICIONES. — Los 5.000 pescadores y las 300 embarcaciones de bajura que faenan en el Cantábrico desearían matar tres pájaros de un tiro, si se cumplen las promesas que han recibido en Madrid: solucionar tos problemas de la anchoa, el atún y las harinas de pescado. Entre las propuestas que han presentado a la Administración, figura la de que se suspendan tas importaciones de cualquier especie, en tanto la producción nacional sea suficiente; que el precio indicativo del atún fresco sea de 70 pesetas el kilo; que las especies destinadas a harina de pescado se paguen a un mínimo de cuatro pesetas al kilo; que los derechos compensatorios variables para los túnidos sean elevados a 20.000 pesetas la tonelada, en ¡os ya importados: y que se suspendan los permisos vigentes y que el precio testigo para la «engraulis encrasicholus» fresco (anchoa y boquerón) sea de 42 pesetas el kilo, de 76 para el salazonado y de 229 pesetas para el fileteado. Estas peticiones se refieren a las especies correspondientes a la temporada de primavera, pero Eos pescadores piden también que la Administración atienda con más premura y simplificación a los problemas del sector, uno de los que más se han desarrollado en los últimos años. De lo contrario, no les quedaría otro recurso que abandonarlo. Si su salario anual es de por si precario —un tripulante de una embarcación de bajura gana entre las 90.000 y las 120.00 pesetas anuales, según la media obtenida tras la venta de las capturas —los bajos precios que se avecinan les colocarían en la ruina.

 

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