Autor: García Pintado, Ángel. 
 Teatro. 
 Proclamación de El espolón del Gallo     
 
 Gaceta Ilustrada.     Página: 53,54. Páginas: 2. Párrafos: 4. 

TEATRO

PROCLAMACIÓN DE «EL ESPOLÓN DEL GALLO»

¿QUE hace un cargo público cuando es cesado de sus funciones y en contra de su voluntad...? Las respuestas son infinitas, pero se sabe de uno que decidió combatir a sus enemigos dedicándose a la crianza de gusanos de seda. Se trata del protagonista de un espectáculo titulado precisamente «De la buena crianza del gusano», con el que acaba de nacer una compañía teatral que va a regirse por leyes cooperativas. Su nombre, muy significativo: «El espolón del gallo». Y pese a la pretensión del anunciado, se puede asegurar sin exageración que ese espolón es muy verdadero, tan verdadero como aconsejan las circunstancias...

UNA AUTENTICA ALTERNATIVA. La nueva compañía está formada por cuatro actores: Jesús Sastre, Jesús Gracio, Laura Palacios y Marina Valverde; por un coordinador, con funciones de director escénico: Francisco Heras. Y un dramaturgo: Juan Antonio Castro, conocido sobre todo por su afortunado • Tiempo del 98». Los elementos que componen este espolón no son nuevos sobre el tablado de la antigua farsa. Tienen ya su curriculum noble, hecho preferentemente de trabajos en el teatro independiente, alguna televisión e incursión al teatro comercial. Se puede hablar de tercera vía, en un sentido diferente, desde luego, af que se le asigna en el cine español; o, también, de ta otra alternativa. Entre el llamado teatro comercial y el llamado teatro independiente, podríamos incluir ta solución cooperativa, que excluye de sus presupuestos la jerarquización clásica de aquél, además de otros males, y la mística, a veces con objetivos más ideales que reales, del independiente, al denominamos así por no ha hallado otro adjetivo más acorde con la verdad, pues lo cierto es que resulta muy difícil eso de ser Independiente, aquí y ahora.

Podemos sentirnos alborozados porque todavía se produzcan gestaciones con espolón airoso. La crisálida siempre acaba por romper el capullo, convertirse en mariposa y volar. Esta es una ley histórica que a veces cumple. «De la buena crianza del gusano» nos remite a un mundo cerrado, en donde ese funcionario cesado somete a un régimen autocrítico, absurdo y arcaico, a su esposa y a su hija. Se acabó la corrupción ciudadana, hay que marcharse al campo, encerrarse en una casa, poner siete cerrojos a las puertas y dedicarse, de por vida, a la ceremonia oscurantista y teocrática, austera y laboriosa, con la restauración de leyes feudales que persiguen la consecución del super gusano, el gusano de pura raza, de pedigree impoluto... Pasan luego más cosas, y no se trata de contarles e) argumento de una obra que es muy posible podamos contemplar pronto en un escenario permanente de Madrid o Barcelona. Aunque la sustitución de un régimen duro por otro aparentemente más llevadero sólo arroja la conclusión pre-final de «trabajad, trabajad, trabajad», que pone en el espectador sonriente un cierto rictus de desolación —sin duda, porque reconoce esa realidad como la suya—, los golpes urgentes de muchos puños a ia puerta, que siguen inmediatamente a continuación, abre un generoso portón a la esperanza. La pieza, que se desarrolla en un plano realista-mágico, ofrece al espectador claves de fácil comprensión. La llaneza y la expresividad de su lenguaje son garantía de eficacia: y de captación de grandes sectores de público. La diversión es una constante de la que han gozado, sin mezcla de tedio alguno, tanto un público popular, asi el que asistió a una presentación de prueba en Talavera de la Reina, como el público universitario de algún colegio mayor madrileño.

CREACIÓN COLECTIVA. — Esa preocupación por llegar a un amplio sector social presidió el trabajo de creación colectiva de «El espolón del gallo». Cerca de un año de improvisaciones y discusiones sobre un esquema previo, en el que todos los elementos participaron; luego el autor Castro fue dándole la forma definitiva. A través de este método de trabajo no se escamotea le participación de la totalidad ni la responsabilidad final de cada una de las partes. Por otro lado, el autor español, que tan pocas veces tiene ocasión de comprobar los efectos de su labor textual sobre un escenario, halla asi un procedimiento muy racional de proyectar sus ideas. Es ia praxis inmediata, que tanta falta le hace a todo quehacer teatral que aspire a ser testigo de su tiempo. También el actor, el director y el escenógrafo hallan guia, consuelo y compensación en este procedimiento. Desgraciadamente, esta es

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una sociedad que tiende al fomento de individualidades, y donde se hace cada vez más difícil que cristalicen realidades colectivas. Por eso la aparición de una compañía que afronta con seriedad esos problemas debe ser siempre motivo de júbilo. Máxime en este caso, que los resultados llevan el signo del optimismo. Varios espolones como éstos harían, sin duda, más gratificante nuestro pobre paisaje.

Ángel García Pintado

 

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