Autor: Cierva y Hoces, Ricardo de la. 
   Un gran servicio del embajador Garrigues     
 
 Ya.    20/05/1975.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

Un gran servicio del embajador Garrigues

Don Ricardo de la Cierva dice en "Gaceta Ilustrada":

El señor Garrigues ha prestado, con claridad y valor cívico realmente impresionante, un servicio señalado a la opinión pública, a la clase política española y no en último término al propio Caudillo considerado en su calidad que más importa ahora preservar: la de figura histórica. Las palabras iniciales de Garrigues en su declaración—que me parece también histórica—a "La Vanguardia", no son una finta, sino un hondísimo complejo de motivos políticos: "Yo lo creo así en beneficio de Franco, contando con su voluntad y en beneficio de la institución monárquica y, por encima de todo, de España". Tengo la impresión de que la serena explosión de tales palabras inmediatamente después de la formal propuesta sucesoria—"creo que éste es «I momento adecuado para descargar al Jefe del Estado de sus grandes responsabilidades y para que se produzca la sucesión"— ha abierto del todo las compuertas de ese sentimiento político y popular reprimido, entre el rumor, el chisme y el desconcierto alentado por los hipócritas desgarramientos de vestiduras ultramontanas, desde las medias informaciones del verano pasado. Decirlo así supone uno de los más hermosos actos de lealtad a la figura de Franco que cabe imaginar hoy en un político que nada tiene que medrar con la pública comunicación de su clarividencia. Quienes por dedicación histórica estamos acostumbrados a analizar desde y para la Historia a la figura del Caudillo no podemos menos de agradecer a don Antonio Garrigues su decisión, y asegurarle desde ahora un claro puesto en la no muy nutrida historia de la sinceridad política contemporánea.

Si no fallan mis fichas, que cuando escribo esta crónica no tengo a mano, el Generalísimo se ha referido una vez en su vida, y solamente una vez, a la posible renuncia de su mandato. Fue en un año trascendental para la historia de su figura y de su régimen, en 1947, y en declaraciones al "Evening Star". "Soy hombre que jamás ha abrigado ambiciones de mando ni de poder; si yo creyera que el interés de mi patria estaba en que yo resignase mi mando, lo haría sin vacilar." No garantizo la fecha exacta—casi seguro a principios de febrero de ese año—, pero sí la exactitud de la frase, que ante lo insólito de la revelación quedó asentada firmemente en mi memoria cuando leí la versión oficiosa de la entrevista tal como salió del propio palacio de El Pardo. El tema me parece tan Interesante que bien merece una profundización histórico-política; habrá que volver sobre él. Ahora sólo deseo subrayar que el convencimiento a que se refiere Garrigues deberá nacer del propio Franco, sin presión alguna, aunque sin excluir ese cauce constitucional que Franco respeta como nadie; y que la sugerencia del embajador sólo podrá confirmarse en la voluntad de Franco si éste llega a creer que la abdicación voluntaria de su mandato no supone la renuncia, sino la cumbre generosa en el cumplimiento de su misión histórica."

 

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