Autor: Sierra, Ramón. 
 Lisboa. 
 Algunos países africanos desean reanudar las conversaciones con el gobierno portugués  :   
 La participación de las grandes potencias en la explotación de las riquezas de Angola y Mozambique modificaría su postura respecto a Portugal. 
 ABC.    16/11/1963.  Página: 49-50. Páginas: 2. Párrafos: 1. 

LISBOA

ALGUNOS PAISES AFRICANOS DESEAN REANUDAR LAS CONVERSACIONES CON

EL GOBIERNO PORTUGUES

La participación de las grandes potencias en la explotación de las riquezas de Angola y Mozambique

modificaría su postura respecto a Portugal

Lisboa 15. (Crónica telegráfica de nuestro corresponsal.) En la guerra diplomática que libra Portugal se

pasó de la batalla en campo abierto en el Consejo de Seguridad a las operaciones en los terrenos

atrincherados de las entrevistas luso-africanas, pero al terminar éstas y hacerse pública la decisión de no

reanudarlas, influidos los delegados africanos por los apremios de los Estados árabes, quedaron

preparadas las grandes ofensivas que, probablemente, se desencadenarán en los diversos organismos de la

O. N. U. Sin embargo, hay algunos indicios que nos permiten mantener la esperanza de que las próximas

batallas en campo abierto no van a ser tan cruentas como las de julio, porque los Estados negros que

lindan con las provincias ultramarinas portuguesas tienen el secreto deseo de reanudar dichas

conversaciones tan pronto logren olvidar los compromisos políticos que adquirieron en Addis Abeba.

Salazar acaba de declarar a un periodista alemán que "es preciso establecer una diferencia entre la

agitación que promueven los jóvenes Estados africanos en la O. N. U. contra Portugal y la comprensión

que los Estados negros demuestran en las negociaciones bilaterales. En estas negociaciones han admitido

que África precisa de los portugueses y que Angola y Mozambique no podrían estar en mejores manos

que las nuestras. Particularmente, en los últimos tiempos estos jóvenes Estados se muestran más

razonables, y creo que tal evolución continuará. África y Europa se pertenecen mutuamente." El

presidente del Consejo de ministros portugués no es hombre que hable mucho, ni a humo de pajas.

Tampoco le gusta engañarse ni engañar a su pueblo infundiéndole vanas esperanzas. Cuando ha hablado

así es porque tiene motivos para confiar en un futuro menos temeroso. Por su parte, Franco Nogueira que

tampoco deja de medir y pesar cada palabra que dice, termina de hacer unas declaraciones que siguen la

misma línea trazada por Salazar. Hay otro indicio muy significativo y que puede convertirse en un valioso

precedente. En la Asamblea general de la O. N. U. se acaba de aprobar una recomendación de embargo de

los envíos de armas y petroleo destinadas al África del Sur. Los Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia

votaron contra ella, y aunque los problemas luso-africanos no son los mismos que los planteados por los

antiguos boers, sí pueden calificarse a estos efectos de similares. Finalmente puede contribuir, y mucho, a

una mejora de las posiciones de Portugal el propósito del ministro de Economía, doctor Teixeira Pinto, de

facilitar y fo-mentar las inversiones de capitales extranjeros. En el fondo de todo este problema

encontraremos siempre, como ya lo indicamos, un episodio más de la gran pugna entablada por las

grandes potencias para lograr el acceso a las fuentes de materias primas si los portugueses admiten la

colaboración de esas grandes potencias en la explotación de las enormes riquezas de Angola y

Mozambique, de una manera más abierta que hasta ahora, los Estados africanos se verán menos asistidos

y tendrán que optar entre la ilusoria ayuda de sus menesterosos amigos de Addis Abeba. Y ya veremos lo

que pasa en la capital de Etiopía, donde acaba de iniciarse la vista del pelto argelino-marroquí, o la posi-

bilidad de entenderse con el poderoso bloque económico que de un modo natural puede formarse entre

África del Sur, las Rhodesia, Angola y Mozambique. Un triángulo que está muy lejos de la inestabilidad

política y económica de la mitad norte del contingente negro. Si algún día llega la noticia de que los

norteamericanos, los ingleses y los franceses, siguiendo el ejemplo de los japoneses y los alemanes, se

deciden a intensificar sus inversiones en el Portugal ultramarino aprovechando esta nueva política de

inversiones anunciada por el ministro de Economia, es casi seguro que ya nadie vuelva a tomar en serio

los exabruptos de algunos delegados africanos en la O. N. U., aunque se quiten las sandalias para aporrear

los pupitres o denuncien, como el delegado de Leopoldville acaba de hacerlo, la instalación de rampas de

"missiles", ¡grotesca fábula!, en las provincias ultramarinas portuguesas—Ramón SIERRA.

 

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