Somalia reclama territorios     
 
 ABC.    16/11/1963.  Página: 49. Páginas: 1. Párrafos: 2. 

SOMALIA RECLAMA TERRITORIOS

El Emperador de Etiopía, que tan celosamente ha intervenido para mediar entre Marruecos y Argelia y

convocado la magna conferencia en Addis Abeba, tiene su propio problema irredentista. Nos referimos a

las reivindicaciones de Somalia, Estado nuevo que ha surgido de la unión de las dos antiguas Somalias: la

inglesa y la italiana. No es la primera vez que los somalíes—de raza hamita, descendientes de árabes que

hace trece siglos pasaron al "cuerno de África" procedentes del Yemen—presenten reclamaciones. La

guerra italo-abisinia estalló hace cerca de treinta años, precisamente por hacerse eco la Italia de Mussolini

del irredentismo somalí, de los pretendidos derechos del Sultán de Obbia, en la costa, sobre todo el

sudeste de Etiopía, casi hasta la ciudad de Harar. A los ojos de los somalíes bastaba con ser musulmán

para no tener que ser súbdito de la dinastía cristiana copta. En Mogadiscio—o Mogadishu—se sostenía y

se sigue sosteniendo también que un país que ocupa el litoral tiene derecho a poseer el "hinterland", sin

que sea indefendible el criterio contrario: el derecho del "hinterland" sobre una salida libre al mar. El

hecho es que ahora renace la reclamación que Italia formulaba sobre toda la región de Ogaden, abisinio,

actitud que tanto preocupa e indigna al Negus Neguesti, Haile Selassie.

Pero no sólo a Etiopía presentan reivindicaciones los gobernantes somalíes; también reclaman todo el

nordeste de Kenya, la llanura árida, cubierta de espinos y habitada por unos doscientos mil nómadas. El

jefe de Kenya, ligado antaño al Mau-Mau, que sabe ser tan intransigente cuando se trata de los intereses

de su raza, no sólo rechaza las reclamaciones somalíes, sino que amenaza a la Gran Bretaña, caso de que

Londres deje de defender la integridad territorial de la flamante República. Lo mismo que los somalíes,

que también practican el "odio africano" frente a Inglaterra, que no puede ser ejecutora de sus exigencias.

Londres se encuentra entre la espada y la pared ante las pretensiones contradictorias de dos antiguas

colonias suyas, que ahora, ya libres, le piden lo imposible: su influencia para satisfacer el irredentismo so-

malí sin que Kenya se sienta mutilada.

 

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