La imparcialidad jurídica de España     
 
 ABC.    10/12/1959.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

LA IMPARCIALIDAD JURIDICA DE ESPAÑA

José Félix de Lequerica ha expuesto con pleno acierto, ante la Comisión Política Principal de las

Naciones Unidas —que debatía el asunto argelino—,"que el criterio de España y el voto de su Delegación

no tenían origen sentimental, sino que reflejaban una absoluta imparcialidad jurídica. No se trata de

simpatías, sino de la Carta de la O. N. U. de cláusulas establecidas después de prolongadas

deliberaciones. Si los sentimientos entrasen en juego, España no escatimaría su admiración hacia los

sublevados, a los que el propio De Gaulle califica de "valientes". Pero no puede negarse, sin desvirtuar el

concepto de soberanía, de las potencias, que Argelia no es país independiente (ni tampoco el Tibet) y, por

consiguiente, las Naciones Unidas no tienen derecho a intervenir en asuntos que son de la incumbencia de

Francia. España interpreta con objetividad y pleno conocimiento de causa la Carta elaborada en San

Francisco. El quijotismo innato de los españoles les haría inclinarse más bien hacia los débiles—los

sublevados argelinos—, pero la razón les impide escuchar la voz del sentimiento.

Así se explica que el voto de nuestra Delegación aparezca entre los de veintiséis naciones que han

rechazado la resolución del bloque afro-asiático. Es inevitable que todos los países sovietizados y los del

bloque de Bandung, en total treinta y ocho, hayan votado en sentido afirmativo. Al lado de ellos, encon-

tramos cuatro países hispanoamericanos: Cuba, Méjico, Panamá y Venezuela, lo que era previsible. Por el

contrario, en el mismo sentido que España se han manifestado—entre los Estados Centro y

Suramericanos—Brasil, Chile, Colombia, República Dominicana, Ecuador, Honduras, Nicaragua,

Paraguay y Perú; en Europa, Austria, Bélgica, Dinamarca, Luxemburgo, Países Bajos, Gran Bretaña y

Noruega, y nuestro hermano Portugal; de otros continentes, Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda,

Canadá, la China nacionalista y África del Sur. La lista nos da idea de la seriedad y la importancia del

grupo opuesto a la inclinación sentimental, contraria al estatuto de las Naciones Unidas.

No es posible negar que el resultado de la votación significa un éxito para la diplomacia francesa, o, si se

prefiere, para la soberanía de las potencias, y un revés para la demagogia ultranacionalista. Porque no

debemos olvidar que al lado de estos veintiséis votos encontramos diecisiete abstenciones de otros tantos

Estados serios; y que más bien son contrarias que afirmativas. De este modo, Francia podrá negociar la

autodeterminación de Argelia -que el general De Gaulle admite y proclama, pese a la violenta oposición

de sus adversarios europeos del Norte de África—sin la presión de las Naciones Unidas. Francia desea

llegar a un acuerdo equitativo con sus provincias ultramediterráneas, y la injerencia de la O. N. U. habría

perjudicado la inteligencia en vez de fomentarla. Con votar contra la resolución—que representa una

especie de "surenchère" innecesaria—, España ha prestado, en realidad un servicio a la causa argelina y a

todo el Mogreb, pese a las apariencias. España siempre se encuentra al lado de la justicia, a equidad, el

derecho y la lógica. Otra clase de votación habría sido inconcebible.

 

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