Autor: Massip Izábal, José María. 
   Intervención del ministro de Asuntos Exteriores español ante la XVIII Asamblea General de la O.N.U.  :   
 Subrayó la solidaridad española con África, nuestro europeismo, el entendimiento con Marruecos y la adhesión al Tratado de Moscú. 
 ABC.    25/09/1963.  Página: 47-48. Páginas: 2. Párrafos: 21. 

INTERVENCION DEL MINISTRO DE ASUNTOS EXTERIORES ESPAÑOL ANTE LA XVIII

ASAMBLEA GENERAL DE LA O. N. U

SUBRAYO LA SOLIDARIDAD ESPAÑOLA CON AFRICA Y LAS DOS AMERICAS, NUESTRO

EUROPEISMO, EL ENTENDIMIENTO CON MARRUECOS Y LA ADHESIÓN AL TRATADO

DE MOSCU

"GIBRALTAR ES UN CANCER QUE PERTURBA LA ECONOMIA DE NUESTRA REGION SUR Y

QUE SE NUTRE EXCLUSIVAMENTE A SU COSTA"

"Un gran discurso", dijo Adlai Stevenson al felicitar al señor Castiella

Nueva York (Naciones Unidas) 24. (Crónica de nuestro corresponsal, recibida por "telex".) Dentro del

clima de optimismo internacional que impregna las sesiones de esta XVIII Asamblea General de la O. N.

U., el ministro de Asuntos Exteriores español, don Fernando María Castiella, ha intervenido hoy en el

importante debate general de la misma.

Desde que España ingresó en la O. N. U., el señor Castiella es el primer ministro del Exterior que ha

presidido la Misión diplomática que participa en los trabajos de la Asamblea General. Don José Félix de

Lequerica, el malogrado embajador permanente, lo había hecho hasta la Asamblea de 1962.

El señor Castiella ha hecho un amplio "tour d´horizon" de la posición española en el panorama

internacional en este momento, subrayando, fundamentalmente, cuatro puntos:

A) La solidaridad española con África y las dos Américas.

B) El europeísmo español.

C) Sus vínculos defensivos y pacíficos con Estados Unidos; y

D) La adhesión española al Tratado antiatómico de Moscú, que ha definido —citando a

Churchill—diciendo que España no siente hacia nadie el "temor de la amistad", ni mucho menos el recelo

de que las grandes potencias nucleares hayan comenzado, al fin, a escuchar la voz de la razón, los deseos

expresados por todos los pueblos de la tierra.

Ha sido una declaración amplia y brillante, de innegable efecto sobre el atento auditorio que la estaba

escuchando y de la que el lector encontrará amplia referencia en las secciones informativas de A B C.

Después de informar a la Asamblea de la obra realizada por España en sus territorios africanos—

destinados al autogobierno a partir de 1964—y los antecedentes históricos del "africanismo" español, el

señor Castiella, refiriéndose específicamente a Marruecos, ha dicho:

"Semejante solidaridad antigua y profunda plantea en términos muy singulares nuestras relaciones con

Marruecos. Estas relaciones pueden tener problemas, pero son pocas las cuestiones que no se pueden

solucionar en un diálogo sereno. Nuestro cordial vínculo histórico con los pueblos árabes y nuestro

cumplimiento escrupuloso de las obligaciones internacionales han hecho de España, recientemente, uno

de los principales colaboradores en la independencia de Marruecos y garantizan que en el futuro siempre

hemos de abordar los temas comunes con ánimo de amistad y deseo de perfecto entendimiento."

La política africana de Portugal ha sido defendida con vehemencia por el ministro español ante una

Asamblea llena de Delegaciones africanas, bastantes de las cuales aplaudieron al señor Castiella al

terminar su discurso.

Después de recordar los antiguos vínculos portugueses en África—"el primer capítulo de una historia que

hoy nos permite hablar aquí de África, con africanos"—, dijo el señor Castiella:

"No podrá acusársela de discriminación racial, pues esta actitud es algo que a Portugal, como a España, le

ha sido siempre desconocida. Mas bien habrá que recordar el prolongado y sincero intento secular

portugués de construir dentro de sus fronteras metropolitanas y ultramarinas, una sociedad multirracial e

igualitaria...

Valdría la pena comparar esta actitud con la capacidad de discriminación, desprecio e incluso odio racial

que alienta en muchos hombres de nuestro tiempo y en el seno de muchos países de nuestro mundo..

¿Se acusa a Portugal de la ilegitimidad de su presencia en África?—se preguntó Castiella—. "La historia

responde negativamente a esta cuestión... ¿Se le acusa de no practicar la autodeterminación? Pregunto yo

a mi vez si la agresión montada artificialmente más allá de las fronteras y si la violencia provocada en los

territorios que antes gobernaba pacíficamente Portugal facilitan el proceso de la autodeterminación...

reconozcamos que esos procedimientos violentos lo único que hacen es endurecer las posiciones."

Gibraltar fue otro punto de la declaración de Castiella:

"Nosotros tenemos un problema colonial limitado, pero grave, porque se trata de un verdadero cáncer que

perturba la economía de nuestra región Sur y se nutre exclusivamente a su costa: Gibraltar. Solamente nos

hemos cerrado a nosotros mismos un camino: el de la violencia. Por eso hemos manifestado,

repetidamente, nuestro deseo de iniciar conversaciones sobre esta cuestión con Gran Bretaña, país cuya

amistad hemos sabido y sabemos valorar... Creemos y esperamos que en el diálogo amistoso con la Gran

Bretaña, y si es preciso en el ámbito de esta Organización, podrá resolverse satisfactoriamente la justa

reivindicación que formulamos."

El señor Castiella, refiriéndose al europeismo español ha recordado que esta actitud europeista, las

relaciones amistosas con los países de Europa, su pertenencia a múltiples organismos intergubernamen-

tales europeos, su apertura a la formidable corriente turística, su intercambio económico, técnico,

profesional y humano en el Continente, y, en fin, su pretensión de ingresar en el Mercado Común

Europeo "no son posiciones oportunistas tomadas por un régimen político determinado, sino el eco

natural del sentir unánime del pueblo español".

"A esta Europa es a la que deseamos servir los españoles sin prejuicios políticos ni definiciones

dogmáticas y exclusivistas... El interés superior que dentro de un país eleva a los gobernantes por encima

de los intereses partidistas o de posibles adhesiones ideológicas o sentimentales debe primar en Europa

para que sus gobernantes dejen a un lado prejuicios políticos o nacionalismos estrechos..."

Cerrando su declaración, dijo Castiella: "Reiterada así nuestra voluntad de presencia en Europa, queremos

manifestar en el clima de distensión que estamos viviendo estas semanas que España no busca adherirse a

ninguna Alianza militar, que para sí no necesita, y que si un día participa en cualquier Acuerdo de esta

índole será por haber sido requerida, por contar con el unánime asentimiento de cuantos países lo hayan

suscrito... Concebimos —añadió el ministro español—con carácter defensivo y, por tanto, con fines esen-

cialmente pacíficos nuestras especiales relaciones con Estados Unidos. Los Acuerdos de 1953 que se

encuentran en discusión entre ambas partes precisamente en estos días no respondieron, ni responden, a

limitados intereses norteamericanos, ni mucho menos españoles, sino a necesidades de orden general y,

desde luego, afirmamos que no tienen sentido en lo que a la colaboración militar se refiere, sino en tanto

en cuanto subsista para nuestros dos pueblos y para todo el Occidente la amenaza de una ajena agresión.

Podemos terminar con el ánimo iluminado por unas fundadas esperanzas de paz—terminó diciendo,

refiriéndose al Tratado antiatómico de Moscú—y con el espíritu propicio a todos los diálogos, pero

asimismo vigilante."

Uno de los delegados que más efusivamente felicitaron al señor Castiella por el contenido de su

declaración fue el embajador Adlai Stevenson, jefe de la Misión Norteamericana. "Un gran discurso"—

dijo. José María MASSIP.

 

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